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La historia dorada de Peñate no comenzó el 5 de agosto

Santo Domingo.- Esta historia no comenzó este 5 de agosto con el título del envión y récord centroamericano, sino hace dos años cuando el pesista Otto Oñate veía con su mamá los Juegos Olímpicos de París 2024 y le dijo: “voy a regalarte ser campeón como ellos”. Por entonces la cuidaba de un cáncer detectado y que le había obligado a pedir la baja de la selección nacional por tres largos años.

Foto: Mónica Ramírez

Esta es una historia deportiva de muchos sentimientos y entrega. Oñate llegó pasadas las 10 de la mañana al Pabellón Pesas José Joaquín Puello y sonreía, intercambiaba sellos y disfrutaba de la actuación de su compañera de equipo Ludia Montero (48 kg), quien consiguió plata y bronce en arranque y envión, respectivamente. Una hora y media más tarde era él quien resultaba apoyado por todos los cubanos que estábamos allí y llegamos a alzar las pesas con nuestro pensamiento y corazón en su último intento del envión sobre 158 kilogramos.

Con una rutina tranquila y potente, el guantanamero había perdido por dos kilogramos el oro del arranque ante el colombiano Duvan Ferrer (123 por 121 kg) al fallar sobre 124 kilos. Se le vio algo contrariado porque rozó el oro por segundos, pero él sabe mejor que el cronista las verdades de este deporte: es más técnica que fuerza. Así que había que seguir e intentarlo 10 minutos más tarde en su movimiento preferido: el envión.

Salió a la plataforma en esta segunda parte de la competencia cuando ya quedaban los rivales previstos. El colombiano Ferrer y el anfitrión Luis García sabían de la calidad del cubano, de ahí que cuando García fijó la marca en 153 kilos y los jueces le anularon a Oñate sus 154 kilos por una falta que nadie vio nada más que ellos, se vivieron los momentos más tensos de la prueba. Había que jugárselo todo en la tercera y última oportunidad, en la que cualquier detalle podía arruinar el oro. Y lo más importante, el regalo prometido a su mamá desde el 2024.

Para hacerlo más dramático los entrenadores del pesista local comenzaron a subir la parada. Pedían un kilo más que el cubano cada vez que este renunciaba a un peso y así llegaron hasta los 158, con lo cual se rompía el listón regional. Oñate, incorporado a los entrenamientos en diciembre del 2025 y con apenas dos torneos internacionales antes de estos Juegos, reconocía después a la prensa que nunca pensó ganar con ese peso, “pero si mi entrenador lo pidió es porque sabía que podía levantarlo”.

García salió primero y no pudo ni siquiera cumplir la rutina inicial. La barra se le cayó de las manos. Tocó entonces el turno al cubano. Su rutina volvió a ser la misma. Caminó hacia la esquina derecha de la plataforma y regresó justo cuando quedaban 30 segundos para colocarse delante de esa barra con discos rojos. Un flechazo de memoria pasó por delante del cronista: algún parecido con nuestro monarca olímpico Daniel Núñez le encontraba. Quizás el peso (60 Oñate, 56 Daniel), quizás la misma decisión de triunfo, quizás el temple de los campeones.

Foto: Mónica Ramírez

Oñate miró a todos y dejó la vista fija al frente. Luego supimos que no miraba en ningún punto específico, era pura concentración en lo que debía hacer. Hizo la cuclilla, estiró los brazos, agarró fuerte y haló. Vencido el primer paso, tomó aire aunque las venas querían salirse del esfuerzo físico. Todos nos pusimos de pie y la miraba seguía fija. Luego vino el momento cumbre, la técnica perfecta para hacer la tijera con los pies y echar la cabeza hacia atrás con las manos bien altas y sin doblar los codos.

Segundos que fueron eternidad. Fuimos muchos los que ayudamos a levantar esos 158 kilos. Sonó el aviso de válido el intento y Oñate soltó todo, saltó hacia detrás y gritó eufórico. Sonreía, siempre sonreía y ya en la zona mixta confesó que pensó primero en su madre, al tiempo que quería dedicarle esa corona también al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz por la cercanía del centenario de su natalicio.

Esta historia no comenzó este 5 de agosto con el título del envió y récord centroamericano. Tuvo un antecedente de ternura y amor maternal. Tiene un presente de felicidad y sacrificio. Tendrá un futuro “paso a paso, ahora a pensar en los Juegos Panamericanos”. Otto Oñate será para el cronista la referencia más cercana del deportista talentoso y triunfador, pero también del buen hijo que priorizó por encima de todo la salud de su madre, a la que los médicos le devolvieron la vida y él le debía ser campeón.

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