Santo Domingo.- Si la película de la final femenina de hockey sobre césped fue emocionante y de lágrimas; la versión masculina no se quedó atrás y estremeció de orgullo nacional. Se decidió en penales tras empate a 2 con Trinidad y Tobago en tiempo reglamentario. Hubo de todo, tensión, gol definitorio del capitán Iraidys Calderón y parada electrizante de nuestro portero Ignacio Aroche.

Y entonces todos entraron a la cancha, sus compañeras monarcas del día anterior, parte de la delegación cubana que había ido a verlos y hasta los voluntarios dominicanos de los juegos, quienes habían vivido intensamente como nosotros las casi dos horas de partido y seguramente recordarán este momento para el resto de sus vidas con especial cariño.
Todos volvieron a llorar sin consuelo y se escuchaba un coro gigante: ¡Cuba, Cuba, Cuba..! Las declaraciones a la prensa eran complicadas en medio de la euforia del triunfo. Ellos sufrieron igual que las muchachas todo el entramado de carencias materiales y problemas con la cancha, los apagones, el calzado especializado, entre otros. Se definieron guerreros e indomables desde el principio y por fin pudimos conversar con algunos.
“Vinimos por este oro, a pesar de todo lo que pasamos en la preparación, tal y como lo sufrieron nuestras compañeras. Siempre dijimos que había que volver al puesto que nos corresponde en la región”, contó el capitán Calderón en medio de un bullicio enorme y en clara alusión al cetro que perdieron en San Salvador 2023, cuando cayeron en semifinal y se tuvieron que conformar con bronce.
Tampoco podían faltar las palabras del portero Aroche, infranqueable en la hora cero del penal que nos daría la victoria 4-3. “Sabía que podía definirse de esta manera y siempre confié en mis posibilidades para detener ese último disparo. Pienso en mucha gente ahora mismo, pero mi familia, este equipo completo y los entrenadores son los primeros que me vienen a la mente”, dijo aún vestido con su traje y empapado en sudor.
Las letras doradas que escribió el hockey sobre césped cubano en estos Juegos habrá que ponderarlas en los análisis finales. Quizás fue de los deportes menos beneficiados en condiciones materiales, con ningún tope internacional y con una veteranía en sus filas que refleja entrega y amor a una causa.
Dejo para el final de esta historia a toda una leyenda del conjunto, Yoandy Blanco. Es la quinta vez que experimenta esta adrenalina del triunfo en estos Juegos. De los nueve oros que Cuba suma desde que esta disciplina entrara el programa oficial en La Habana 1982, él ha vivido cinco: Maracaibo 1998, Cartagena 2006, Veracruz 2014, Barranquilla 2018 y Santo Domingo 2026.

A sus 47 años no encuentra fórmula para separarse del bastón y dejar de entrenar. No le salían las palabras. Y lloraba, claro que sí, porque de felicidad también se llora. Blanco es la cátedra viviente dentro de este equipo y en la historia de este deporte. Cuando sonó el himno nacional y su medalla flotaba en su pecho descubrí que cerraba los ojos por momentos. El indomable mayor aún sueña con más.
Y todos le agradecemos a ambas selecciones por eso. Por el oro, por los boletos panamericanos ganados, por tanta gallardía, por soñar y por cumplir los sueños.
Acerca del autor
Máster en Ciencias de la Comunicación. Director del Periódico Trabajadores desde el 1 de julio del 2024. Editor-jefe de la Redacción Deportiva desde 2007. Ha participado en coberturas periodísticas de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Intercontinental de Béisbol, Clásico Mundial de Béisbol, Campeonatos Mundiales de Judo, entre otras. Profesor del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba.


