
Los próximos siete días prometen iguales emociones, empinadas desde nuestros boxeadores, los representantes del campo y pista; los equipos e individualidades del tenis de mesa; los pesistas, los canoístas y el equipo de béisbol, sin olvidar a tiradores, hockeístas, karatecas y gimnastas. El programa reservó para las horas conclusivas el botín más numeroso de Cuba, que debe rondar un número superior a los 60 cetros.
Como parte de tantos datos, la luchadora Laura Herin con su victoria frente a la venezolana Alexa Álvarez aportó la dorada mil 950 para Cuba en la historia de estas justas, desde su inauguración en 1926. Ni siquiera México se acerca a esa cifra con sus buenos dividendos en las tres últimas ediciones, aunque sí dominan el total de medallas.
Cada ascenso nuestro al podio en tierras quisqueyanas lleva aplauso y reconocimiento, sea del color que sea la presea. La preparación marcada por apagones, alimentación no siempre adecuada, pocos topes internacionales y difíciles situaciones personales nunca han sido expuestos por ellos como justificaciones a sus actuaciones, pero todos sabemos que pesan. Y mucho.
Para estos 504 deportistas la pasión por lo que hacen, por su familia, por su pueblo, por Cuba, es lo que cuenta y guía. Hace tan solo unas horas, cuando entrevistaba a un pelotero me recordaba que sus amigos estaban siguiendo los Juegos por las redes sociales, no tanto por los medios de comunicación tradicionales:
“Ahora somos virales, pero el compromiso es el de siempre: ganar”.
