Santo Domingo.- Eran pasadas las 12 del mediodía y el sol calentaba bien fuerte el asfalto de la Avenida Enrique Jiménez Moya, como si vislumbrara un hecho histórico. Y así sucedió. La ciclista Marlies Mejías dobló bien cerrada la curva, se colocó en el centro para el sprint y cuando abrió las “turbinas” nadie entró primero que ella a la meta.
Su grito: “¡Lo hicimos, lo hicimos, Cubaaaa!” al pasar la meta fue de alegría y liberación; compromiso y felicidad. Lo dijo varias veces, lo repetía sonriendo y parecía la ciclista más feliz del mundo en ese instante, al conseguir el título de campeona centroamericana y del Caribe en la modalidad de ruta, que no es un oro más, es su segundo en esta cita (ganó el 25 de julio en la contrarreloj) y el décimo en tres participaciones en estas lides.
Marlies abrazó al entrenador, besó a su esposo, preguntó por su hija (minutos más tarde vino a abrazarla y sentir el calor de mamá-triunfante), posó con la bandera cubana junto a su equipo de trabajo, se sentó en el quicio de una acera para estirar las piernas y entre las felicitaciones de sus rivales y el público dominicano, no dejaba de repetir: ¡Lo hicimos, lo hicimos!
Pedía agua y no paraba de reír. Ni siquiera le pasaba por su mente todo lo que significaba en el primer día de agosto esta dorada. Era la 20 de la delegación cubana en estos Juegos, pero en lo personal era su décima en estas citas regionales, luego de las cinco en las Veracruz 2014, las tres de Barranquilla 2018 y las dos de Santo Domingo 2026, donde sumó además plata en el ómnium.
Como si todo lo anterior no bastara, con esta corona se ratificó como la ciclista con más metales de oro en la historia de estas lides y se separó de la fallecida pedalista venezolana Daniela Larreal, quien terminó con ocho, aunque sigue siendo la máxima acumuladora con 16 podios.
Tocó el turno a las declaraciones y la artemiseña se arregló el pelo, volvió a besar a su hija y lo primero que aclaró es que quería dedicar esa medalla a Cuba, a su mamá y a todos los que confiaron en ella, pues aunque en estos momentos reside en Dominicana, «sigo amando mi nación, mi patria, donde me hice ciclista”.
Reveló detalles de su estrategia de carrera para comprender mejor lo sucedido en los 123 kilómetros recorridos, dentro de un circuito de 15,4 kilómetros. «Intenté no desesperarme. En la tercera vuelta forcé una escapada y se rompió el grupo. Cuando vi que estaba con la campeona del mundo (Yarelis Acevedo) y con algunas que sprintean muy bien dije: no puedes desesperarte, faltando dos vueltas intenta atacar un poco para cansarlas”.
Ya en los kilómetros finales, “intenté tomar la punta del pelotón, sabía que tenía que tomar la curva de segunda, no más de ahí. Y la tomé de segunda. No sé qué pasó detrás de mí cuando le puse el extra, solo sentí una valla que se cayó y seguí hasta llegar a la meta», contó Marlies de 33 años.
Sobre su regreso a la selección cubana con estos resultados, valoró que «estoy muy feliz de volver, iré paso a paso. El campeonato mundial primero, luego los Juegos Panamericanos de Lima y el objetivo es llegar a los Juegos Olímpicos del 2028.
Cuando las felicitaciones cedieron y Marlies Mejías volvió a lo más alto del podio, el cronista advirtió otro posible hecho histórico. Podía ser la última vez que estuviera en esa cima en Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Eran demasiados ya los regalos de ella para el primer mediodía de agosto: el oro, el grito, la sonrisa y el amor con que finalmente se despidió de todos al bajar del podio. Marlies Mejías será por largo tiempo la reina del ciclismo de estos Juegos. Merecido y justo. Lo hizo ella, o mejor, ¡lo hicimos, Cuba, lo hicimos!