Comenzó el verano hace semanas y bajo el eslogan: con mi gente, el pueblo disfruta en compañía de su familia, en entornos naturales y sociales; espacios de esparcimiento y crecimiento espiritual, especialmente para niños, adolescentes, jóvenes y población en general.
Todo muy bien hasta ahí en cuestión de diversión; pero quisiera alertar de un aspecto en ocasiones olvidado; hablo de velar por las medidas higiénicas-sanitarias, si queremos prevenir enfermedades transmitidas por los alimentos, las conocidas ETA, pues por estos días el calor es intenso, lo cual es caldo de cultivo para que microorganismos se desarrollen con mayor facilidad en las comidas.

Resulta esencial este tópico de la correcta manipulación de los alimentos, máxime si en la actualidad es común detenerse a degustar, en cualquier establecimiento, desde una pizza, un helado, un pan, que tamal u otros comestibles.
No por gusto para la Organización Mundial de la Salud (OMS) este tema resulta prioritario, teniendo en cuenta que los alimentos insalubres están relacionados con la muerte de millones de personas al año, en su mayoría niños, lo cual constituye una importante causa de morbilidad y mortalidad.
Cuidar de la inocuidad de los alimentos resulta imprescindible en la etapa estival. A veces, cuando el estómago «aprieta», compramos a cuantos vendedores ambulantes se nos acercan, quienes, esquivando a los inspectores, violan las normas para la manipulación, elaboración y expendio de alimentos.
Hablo de las cinco reglas recomendadas por la OMS: mantener la limpieza de las manos, los alimentos, el lugar de preparación y de los utensilios de cocina; separar lo crudo de lo cocinado; cocinarlos completamente; conservarlos a temperaturas seguras y utilizar agua y materias primas inocuas.
Dentro de estas medidas, el lavado de las manos es esencial, pues son ellas el principal punto de contacto entre el alimento y el ser humano.
En ocasiones detrás de esos alimentos se esconde la irresponsabilidad, con la cual pudo poner en juego la vida al consumir productos, tal vez, sin la procedencia segura de su materia prima; desprovistos de las mínimas condiciones higiénicas, tan siquiera un nylon para cubrirlos de factores ambientales, preferentemente vectores y roedores portadores de microorganismos patógenos que pasan del estómago al intestino, atacan las células de la pared intestinal y comienzan a multiplicarse.
Es entonces cuando aparecen las enfermedades de transmisión digestiva. Según los especialistas la diarrea es un síntoma de infección gastrointestinal, causado por agentes bacterianos, virales y parasitarios o sustancias químicas que irritan el intestino.

También cuando aparecen de forma aguda pueden ser resultado de malas prácticas de higiene y relacionadas con las ETA, lo cual trae consigo la aparición de signos como taquicardia, bradicardia, disminución del pulso, diarreas, nauseas, cólicos abdominales, vómitos, dolor de cabeza, articulares, musculares, fiebre y otros males.
El tema amerita oídos receptivos de los involucrados en la cadena alimentaria, desde los productores hasta los consumidores; los segundos no deben olvidar lo antes dicho del lavado de las manos antes de consumir cualquier alimento; no digo que no lo hagan, solo exhorto que antes de dar el primer bocado echen una miradita, cualquier cuidado es poco, me decían dos entrevistadas mientras degustaban un pan con hamburguesa.
Asimismo alertaban del uso de nasobuco y guantes por parte de los vendedores, olvidado y fatal en este ir y venir de merendar en establecimientos tanto particulares como estatales.

