Hay huéspedes… y hay familia. Carlos Alberto Victorica y Mabel Patricia Pauluk no son clientes, son parte de nuestra historia.
Vinieron una, dos, más de cincuenta veces… y ahora vuelven para abrazar nuestro renacer.

Así describió hace poco el perfil de Facebook del hotel Sol Palmeras el regreso de Victorica y Mabel, a quienes agradecieron su retorno a solo unos días de la reapertura del emblemático alojamiento, uno de los de mayor porcentaje de repitencia del destino Varadero, nota altísima coherente con su sostenida estabilidad en sus procesos turísticos.
Ellos representan a Argentina, un mercado emisor consecuente, y entre los muy queridos en el hospedaje. Ese cariño dado por directivos y trabajadores lo retribuyen quienes año tras año llegan buscando ese especial cariño recibido en la preferida instalación del principal balneario cubano.
Pero Victorica no es un visitante cualquiera. Él es uno especial, que estuvo aquel 10 de mayo de 1990 en la inauguración oficial de Sol Palmeras, el primero por donde llegó a Cuba la compañía española Meliá.
Estuvo en aquella ceremonia presidida por Fidel Castro y Gabriel Escarrer Juliá , fundador de la cadena ibérica, y desde entonces, 36 años después, retorna, porque “nuestro corazón fue puesto acá”, confesó en exclusiva a Trabajadores.
“Vengo año por año aquí, dos y tres veces. Doy una vuelta a Cuba y visito a nuestros hermanos, que es nuestra gran familia, un sitio es entrañable, donde está el empeño del personal”.
Cuando hace un tiempo le pregunté por Sol Palmeras, sonrío y dijo: “Es el mejor y el más lindo de todos”.
Victorica, cliente desde el día uno del primer alojamiento mixto cubano, vivió un momento de profunda emoción cuando en el 2025 fuera agasajado en la ceremonia por los tres decenios y medio del inicio de las operaciones del hotel ubicado en la occidental provincia de Matanzas.

El argentino integra un selecto grupo, con el italo-canadiense “Toto” Pilegelli al frente (103 veces) hospedados en un sitio donde hay clientes que han repetido 95,60, 40 veces, la más elocuente muestra del éxito mantenido de un producto turístico.
Victorica recuerda todas sus estancias, las lleva alojadas en su corazón como quien patea una pelota de fútbol, y anota gol, un gol de victoria, de satisfacción.


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