El pan y los cinco pesos

El pan y los cinco pesos

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No lo voy a contar como me lo contaron, sino como lo viví, aunque los jubilados que conversaban de temas como este en la cola del banco para cobrar la pensión, si leen estas líneas, encontrarán la esencia de lo que dijeron acerca de un problema de alcance nacional.

 

Ilustración: Martirena

 

Soy un periodista que se jubiló después de 45 años de trabajo, válidos para recibir lo máximo establecido y que, por dos aumentos, ahora son $3 653 de los cuales el banco me dio $1 000 en papel moneda (200 unidades con la imagen de Maceo) de $ 5 pesos.

Tras apartar una cifra para comprar carbón, quedó una cantidad, de la que tomé 100 billetes de 5 pesos para adquirir 10 panes en un establecimiento ubicado en la carretera de Camajuaní llamado 24.7 y que tiene el lema: Del horno a la mesa.

Sin carbón porque había que ir a buscarlo, con un apagón de casi 24 horas, los equipos de frío vacíos, esos panes y una lata de spam, eran la esperanza para el almuerzo, que se frustró cuando no admitieron los 100 billetes de 5 pesos.

Al no lograr nada con explicar mi condición de viejito de 74 años y una esposa diabética de 78 que no puede estar tanto tiempo en ayunas, como todo ser humano, perdí el control, debo de haber dicho varios disparates, pero ninguno tan fuerte y ofensivo como los que logré callar.

Y no me disculpo porque más pecaminosas fueron las palabras que la empleomanía dijo:

Esto es privado y el dueño puede tomar esa decisión.

Usted también pudo no haber aceptado esos billetes.

Sobre esta situación, que es común a lo largo y ancho del país, expuse mi queja en la oficina de atención a la población de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Santa Clara, donde me presentaron a un inspector y una inspectora a quienes debía de esperar cerca de 24.7.

Tras unas dos horas llegaron dos mujeres que sin presentarse ni alertar que no vendrían los inspectores que me presentaron, preguntaron si ya había comprado el pan, y ante la falta de profesionalidad de no identificarse, las creí empleadas del establecimiento y las traté como merecían de haberlo sido.

La dueña del negocio dijo que el día anterior había dado la orden de que, a vulnerables como yo, le aceptaran esos pagos. En cuanto a sancionarlas o no, dejó claro que es asunto de ella, no obstante, explicó que las empleadas de ese turno desconocían la decisión.

También comentó que los mayoristas no le aceptan esos billetes de baja denominación.

Tales declaraciones dejan claro que, con la excepción de los jubilados, a los demás podrá no aceptarles mil pesos en billetes se cinco, y que al negocio de 24.7 los mayoristas también le rechazan ese dinero que entonces deja de serlo.

Sin dudas, es una cadena en la cual el eslabón que siempre se rompe es el de los clientes, sobre todo, los más envejecidos cuyas facultades pueden llegar a no ser suficientes para realizar estos trámites de manera exitosa.

Por cierto, la mía no fue victoriosa, pues si bien por la denuncia les deben de haber impuesto alguna multa, tienen que seguir cometiendo las violaciones, porque la situación la mayorean los mayoristas que no les aceptan billetes de baja denominación.

Después de haber dedicado más de tres horas al asunto, cuando la dueña del negocio se percató de mi triste situación, me preguntó cuántos panes quería, pero… la empleada le informó: se acabaron.

Acerca del autor

Licenciado en Periodismo y licenciado en Ciencias Sociales, autor de El Foro en Cubahora, jubilado y reincorporado en la Redacción Digital de Trabajadores, donde escribe las secciones LA GUAGUA y EN 500 CARACTERES, fue corresponsal del periódico Vanguardia en tres de las seis regiones de Las Villas, Jefe de Redacción fundador del periódico Escambray, Corresponsal Jefe de la Agencia de Información Nacional (actual ACN) en Sancti Spiritus, colaborador de Radio Progreso, Prensa Latina y Radio Sancti Spíritus; así como Jefe de Información, Subdirector y Director del periódico Vanguardia, donde administró sus foros de discusión.

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