El único delegado del XIII Congreso
Juanita Perdomo Larezada

Matanzas.— “Soy Arnaldo Díaz, secretario general del buró sindical del hotel Sol Palmeras. Para los que no me conocen, creo ser el único dirigente sindical en activo que tuvo el honor de estar en el XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) con Lázaro Peña como líder…”.
Tras sus palabras se escucharon aplausos de admiración entre los asistentes a las sesiones finales del 22 Congreso. Y es que el legendario dirigente obrero del turismo acudió por séptima ocasión a un congreso de la CTC, quizás un récord que también él atesore.
Cuando se indaga por su participación en aquel histórico evento del 11 al 15 noviembre de 1973, Arnaldo menciona el impacto en su posterior vida sindical del Capitán de la Clase Obrera, a quien ya había conocido muy de cerca antes de ese acontecimiento, durante la inauguración de una escuela en Jagüey Grande que se llamaría precisamente XIII Congreso, y donde dio uno de sus últimos discursos.
“Para entonces yo era un joven de unos 26 o 27 años y me habían designado secretario general de la región Victoria de Girón que atendía Torriente, Agramonte, Jagüey Grande y la Ciénaga de Zapata, y viví todo el proceso previo a la creación del plan citrícola, y también los preparativos de ese Congreso.
“Fidel, con aquella inteligencia tan suya, puso a Lázaro al frente de la Comisión Organizadora para rescatar, de la mano y de la mente del fundador de la CTC, a un movimiento sindical que se había apagado, rezagado… Y no se equivocó. Se hicieron cientos de asambleas con sugerencias y recomendaciones de los trabajadores”, rememora emocionado.
“Ya en el magno encuentro, Lázaro Peña mostró esa fuerza de voluntad y deseos que tenía de hacer y mejorar las cosas, de enseñar el valor de vincularse con los trabajadores, de escucharlos, atenderlos, de tenerlos en cuenta… La frase suya que lo ha inmortalizado: ‘Sin asamblea no hay sindicato’. Estaba enfermo, es verdad, pero lucía entero… Fue un héroe hasta el último momento… Y estuve junto a él, lo acompañé en sus honras fúnebres”.
Para Arnaldo, si Lázaro luchó por el fortalecimiento del movimiento sindical, hoy tenemos que hacerlo mucho más.
“Por eso hay que retomar aquel sistema de escuelas surgido en el XIII Congreso, no para dar clases políticas, que desde luego son útiles, sino para enseñar a dirigir, para enseñar a los cuadros jóvenes en formación”.
Enfrentar a los incumpletareas
Lianet Suárez Sánchez

Granma.— Ser granmense más que un dato geográfico es cargar con la semilla de la Revolución. Tal es el pensamiento de Eudecel Espinosa Vilches, especialista de Segundo Grado en Medicina General Integral Familiar y director del policlínico docente Ernesto Guevara.
Desde esa responsabilidad y ante el plenario final del 22 Congreso de la CTC habló en presente y en imperativo: “Lo que hay que hacer por el pueblo es, primero, sentir con él, porque nosotros somos el pueblo. No hay que montar ninguna estrategia para unirnos, debemos actuar”.
Su intervención fue un inventario apretado de esa porfía. A la institución asistencial que atiende a 10 mil 943 pacientes en tres Consejos Populares le faltó agua durante siete meses, pero jamás cerraron una consulta. “Los trabajadores trajeron tanques y en las tardes los llenábamos con una bomba. Nuestro pueblo no puede soportar más problemas, con los que tiene son suficientes”, explicó.
Tampoco pidieron una ambulancia nueva: rescataron una que estaba de baja, la echaron a andar y hoy la llaman la paloma. Y cuando detectaron que las embarazadas se fugaban del área, buscaron la raíz y les quitaron “un pedacito al problema”, como enseñó el Presidente.
El resultado de ese desvelo es un hogar materno de 10 camas que nació donde nadie lo imaginaba: dentro del propio policlínico. Suprimieron oficinas y levantaron un espacio que —a decir de su director— “no tiene que envidiarle nada al mejor hogar materno del país”. Allí cada gestante recibe un seguimiento cercano que enderezó indicadores negativos. “Era impensable, pero se hizo”, remarcó.
Espinosa Vilches insistió en que la potencia de Cuba no está en los equipos ni en los recursos, sino en el hombre, la ciencia y el amor con que se cuida al paciente: “Llevamos seis meses autoabasteciéndonos. Eso es emancipación. Este no es tiempo de pedirle al Gobierno las cosas que no tiene; hay que producir y seguir avanzando”.
El director no endulzó el oído. Le habló directo al sindicato: “Nos queda una tarea muy grande, con valor y con respeto, enfrentarnos a los incumpletareas, sacarlos del poder. El que no lo haga es muy cobarde, porque esos puestos no son vitalicios, son del pueblo”. Y remató con un llamado a cerrar filas de verdad, sin más verbos en futuro. “Fidel nos dejó un discurso del cual solo nos aprendimos una parte. Hay que leerlo con responsabilidad y entenderlo todo. Ver claro ahora es salvar al pueblo y salvar la Revolución”.
Solo empujan el ejemplo y el éxito
Lianne Fonseca Diéguez

Holguín.— Quizás la delegada holguinera Loraine Pupo Noris no está hecha para los estrados o los micrófonos, aunque, con la voz entrecortada por el nerviosismo encontró fuerzas para hablar en las sesiones finales del 22 Congreso de la CTC sobre su vaquería El Vapor, que es una manera de referirse al trabajo duro y con resultados que debería ennoblecer a todos los colectivos laborales de Cuba.
“Te cuesta trabajo decirlo, pero estás haciendo lo más difícil: estás haciendo”, le dijo Osnay Miguel Colina Rodríguez, presidente de la Comisión Organizadora del evento, al verla forcejear con las palabras.
Y efectivamente, Loraine no es tanto de decir como de hacer. Prefiere ordeñar vacas a las tres de la madrugada que hablarle a una multitud. Por eso los aplausos resonaron en el plenario.
Pero aún nerviosa esta dirigente sindical dijo lo más importante; su vaquería, enclavada en el municipio de Gibara, es una de las mejores del país porque en ella se trabaja.
“Estamos produciendo mucho, especialmente para los niños. Este año tenemos 20 animales (vacunos) para vender a la población y estamos ayudando con buenos precios. El sábado, en la feria, distribuimos seis toneladas de carne de ovino y dos toneladas de res”, enfatizó.
“El orgullo más grande que tengo es ser mujer y llevar 20 años como ordeñadora en este lugar. Estoy pidiendo tierras para producir más, para sostener al pueblo, para que vean que esa vaquería sí da”, prosiguió.
Loraine también mostró su entusiasmo por los paneles solares que pronto estarán instalados en la vaquería, una de las mejores de la nación. Con su intervención dejó claro que el sindicato y los trabajadores deben de poner las manos al servicio del trabajo duro que da frutos y que hoy tanto necesitamos.
El Vapor tiene 27 trabajadores que atienden alrededor de 600 cabezas de ganado, de ellas 90 en ordeño, además de ovejos, chivos y otros animales. Producen diariamente unos 300 litros de leche que dirigen hacia los niños, hogares de ancianos y centros sociales.
“Hago un llamado a todos los cooperativistas que tengan vaquería: ¡échenla pa’lante!, para que el pueblo vea que nosotros sí podemos”, sentenció al final.
Colina Rodríguez resumió con una frase martiana el sentido de la intervención de la holguinera: “Solo empujan el ejemplo, y el éxito”.

