La herida de Antonio Maceo en un combate de Tapia

La herida de Antonio Maceo en un combate de Tapia

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El segundo año de la revolución, 1896, estuvo signado por la llegada a Cuba de Valeriano Weyler y Nicolau, éste ya conocía la Isla desde la Guerra de los Diez Años, y aplicó la política conocida como la reconcentración de Weyler. Se sustentaba en el falso supuesto de que si se le quitaba a los mambises el auxilio que los campesinos le prestaban, la guerra sería ganada por España. Inicialmente, el primer bando de reconcentración se dictó para la provincia de Pinar del Río, con la esperanza de ahogar a Antonio Maceo Grajales y sus hombres, y se fue extendiendo de manera sucesiva a las restantes regiones de la colonia.

Lugarteniente general Antonio Maceo Grajales (1845-1896)

 

 

La reconcentración obligaba al campesino a abandonar sus bohíos y a trasladarse a pueblos y ciudades, mientras el ejército español quemaba y destruía los bienes de los guajiros. Familias enteras de campesinos, obligados a deambular por las poblaciones, enfermaron con rapidez, el hambre y las epidemias les afectaron, y comenzó un proceso de alteración importante de los componentes demográficos de la población cubana. En tales circunstancias el lugarteniente general Antonio Maceo proseguía su campaña guerrera en el occidente del país. El 15 de junio de 1896 fue nombrado como médico personal de Maceo el doctor Máximo Zertucha Ojeda; este galeno acompañó al Titán de bronce hasta el fatídico 7 de diciembre, día de la caída en combate de Maceo. Ocho días después de su nombramiento el doctor Zertucha tuvo que asistir al general por una herida sufrida en un combate ocurrido en las lomas de Tapia.

Vale señalar que en estas montañas de Pinar del Río, se efectuaron un total de 14 combates entre el 14 de abril de 1896 y el 24 de junio del mismo año, Maceo les llamó peladero de Tapia. El primero de estos combates se inició a las dos de la tarde, tropas españolas, en número de unos tres mil hombres, bajo el mando de general Suárez Inclán y los coroneles Valcárcel y Villla atacaron a los mambises. Maceo, que se hallaba a uno dos kilómetros del lugar, acudió de inmediato. El enemigo se había desplegado y ocupado una posición ventajosa, las tropas del Ejército Libertador mantuvieron un fuego constante y el combate se prolongó sin cambios sustanciales hasta la caída de la noche.

Al amanecer del 15 de abril se reanudaron las acciones combativas y así continuaron de forma intermitente durante los dos meses siguientes. El combate número 13 ocurrió el 23 de junio; a las doce del mediodía unos 10 batallones de las tropas de González Muñoz aparecieron por el camino de Manuelita. En el campamento insurrecto se dio la alarma y todos ocuparon los lugares previamente asignados. La vanguardia enemiga comenzó a flanquear por la derecha, mientras el resto avanzaba por el frente en dirección al centro de Tapia, una descarga de los insurrectos dispersó a los que avanzaban en la extrema vanguardia.

Maceo fue herido en la pierna izquierda y tuvo que ser conducido, en una camilla improvisada, a un lugar resguardado donde el doctor Máximo Zertucha Ojeda le realizó la primera cura. A pesar de ello continúo dirigiendo el combate hasta el cese de este, al caer la noche. En la acción, las bajas de los libertadores fueron cinco muertos y veinticinco heridos. En su parte oficial, el jefe peninsular informó que en los combates de Tapia los días 20, 21 y 23 de junio tuvo 14 heridos, de ellos 10 graves, y entre los leves, 2 oficiales.

El general José Miró Argenter escribió sobre Maceo: «[…] no podía moverse. Hubo que alejarlo del lugar peligroso, descubrirle la herida, y en una camilla provisional, conducirlo en hombros a paraje más abrigado, donde se le hizo la primera cura. La bala le había perforado la extremidad inferior de la pierna, rozándole el hueso. Soportó el dolor con impasible actitud, y mientras era conducido por sus ayudantes y soldados de la escolta que se disputaban la carga, no dejó de dedicar toda su atención al combate que aún proseguía, y disponer lo necesario para que continuara al día siguiente».

 

Doctor Máximo Zertucha Ojeda (1855-1905), médico personal de Antonio Maceo Grajales

 

Máximo Zertucha, médico de cabecera, en su condición de Doctor en Medicina y Cirugía, jefe de la Sanidad del Cuartel General, redactó un informe dirigido al Cuerpo de Sanidad Militar Mambisa donde relató que el Mayor General Antonio Maceo, el 23 de junio de 1896, había sido herido por proyectil de arma de fuego Máuser, «dicha herida se encuentra situada a dos centímetros de la articulación tibiotarsiana izquierda con orificio de entrada en el canal del borde interno de la tibia y de salida en el mismo plano a nivel del borde posterior del peroné».

Luego de la primera asistencia médica, el prócer fue trasladado a una finca de la Sierra del Rosario, llamada San José, la cual estaba situada a una legua de distancia del lugar de la acción. De vital importancia era no divulgar la noticia para que no llegara a conocimiento de los españoles. Como primera medida se aisló todo lo posible el sitio de San José, vivienda del Titán mientras estuvo en cama, a fin de que el vecindario no conociera el lugar donde se hallaba el herido. Gracias a la discreción de los mambises y de los pocos campesinos que conocían el hecho, los españoles no supieron, hasta tiempo después, la dolencia del Lugarteniente general.

El 27 de junio se conoce por el Diario de campaña que Maceo continuaba en cama pero despachando, y un día después se escribe: «El Gral convalece rápidamente». Vale subrayar que en el diario de Maceo, en ocasiones, las anotaciones las hacían otros oficiales, por lo cual se cita al Héroe de Baraguá en tercera persona. El 3 de julio se indica: «El Gral montó á caballo, aunque con trabajo, y se emprendió mar­cha […]».  Esta asistencia médica ofrecida por el doctor Zertucha se prolongó hasta el 10 de agosto de 1896, cuando el jefe mambí fue dado de alta.

Recuperado Maceo, cuando ya alistaba sus tropas para otros combates, fue que los españoles conocieron del suceso. Tomando  como base lo publicado en un periódico estadou­nidense, una fuente hispana lo relató así: «El general Azcárraga recibió aquellos días, entre otros recortes de periódicos, el de un diario norteamericano, que tenía la fecha del 15 de julio anterior, donde se consignaba que el famoso cabecilla Antonio Maceo había sido herido en el tobillo izquierdo por bala de fu­sil Máuser, en un combate librado en Pinar del Río».

Los combates en las lomas de Tapia constituyeron un caso interesante en la historia de nuestras guerras; en ellos se demostró que, con un buen aprovechamiento de las condiciones del terreno, se puede combatir contra fuerzas superiores en número y bien pertrechadas. Allí ocurrió una defensa activa de los mambises, quienes no se limitaron a rechazar los ataques del enemigo, sino que también batieron al adversario, y permanecieron en sus puestos de donde no pudieron ser desalojados.

La herida de Maceo en Tapia fue la número 30 de las 32 que recibió en todas las contiendas guerreras. El doctor Máximo Zertucha Ojeda le brindó una correcta asistencia médica como era característico en los integrantes del Cuerpo de Sanidad Militar Mambisa, institución sanitaria del Ejército Libertador.

Acerca del autor

Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*

Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

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