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Donde siempre hay qué hacer

Desde pequeño le cuesta el andar, comunicarse, sujetar con firmeza, ver más allá de escasos centímetros de distancia, sin embargo, la voluntad de su familia y la influencia formadora del claustro de la escuela especial Solidaridad con Panamá, lo convirtieron en un hombre útil y un excelente trabajador.

Camerota Godoy agradece a su escuela Solidaridad con Panamá

Cuando José Antonio Camerota Godoy busca muy dentro de sus recuerdos le es imposible ocultar la emoción. Vuelve al parque de Güira de Melena, en la provincia de Artemisa, desde donde lo embarcaban, junto a otros niños con limitaciones físicos motoras, para ese plantel que resume en amor y confianza.

“Quizás nunca supe sus apellidos, pero jamás olvidaré la dulzura de Rosalía, la subdirectora de vida interna del centro escolar, en el cual estaba 21 días, ni a Juanita, la logopeda que tanto me ayudó, sílaba a sílaba, hasta lograr expresarme en oraciones completas, y por supuesto, mi gratitud infinita a Teté, la directora que amaré toda la vida por su especial ternura”, dice con visible añoranza.

Lo cuenta y la mirada se le humedece, pero sigue echando bultos de nylon negro en una gran caja de cartón. “En breve mis compañeros de trabajo destinarán parte de su fuerza para llevar esa materia prima hacia el patio, y la convertiremos en tendederas”, dice.

Por el rumbo de ser útil  

Hace 30 años, de sus 49 de vida, labora en un taller subordinado a la actual Empresa de Producciones Varias, una de las 14 entidades del Grupo Empresarial Artemisa.

“Son cuatro entidades de este tipo, con una centena de personas con alguna discapacidad física o mental, pero muchísima disciplina y deseos de trabajar, explica Yosvani Barrios Gallardo, director de la empresa.

Todos ayudan y aportan según sus capacidades. Foto: Yudaisis Moreno

Refiere cómo están vinculados a la producción continua y en su mayoría manufacturera, generan ingresos, son entusiastas y atrevidos. Siempre buscan qué hacer y cómo. Estar inmóviles no es lo de ellos, máxime cuando son responsables de llevar parte o totalmente el sustento a sus casas.  “Los vemos ayudarse, idear proyectos, hallar líneas de producción, promocionar sus ventas… Habilitaron un punto en el mismo local donde las producen para ofertar sus producciones a la población.

En la empresa nos ocupamos de buscarles tareas, para no cerrar jamás las puertas del taller ni en los tiempos más complejos.  “A pesar de no siempre contar con materia prima óptima, ellos la controlan, y quizás como ningún otro colectivo exigen orden. Allí cada quien hace lo que le corresponde.”, nos comenta el director.

Mientras, Yiset Pérez Rodríguez, una inquieta joven de 25 años de edad con limitación motora, nos sugiere ver cómo producen las tendederas. “Con un aparatico creado por nosotros hacemos una tendedera de 12 metros en solo seis minutos,” me dice, y acto seguido ubica a todos en su puesto de trabajo para demostrarlo.

El pago por resultados es de las motivaciones de su colectivo. Foto: Yudaisis Moreno

Unos estiran, otros halan, enrolan las cuerdas por lados contrarios, y en ambos puntos hay quienes dan vueltas a la manigueta. Después, uno comercializa la tendera fruto del trabajo en equipo. Otros días recortan files, hacen sobres, arman cajitas de cartón para cumpleaños y juguetes como muñecas de trapo, conectores de electricidad u otra mercancía útil; además, ensamblan equipos electrodomésticos, comercializados por Producciones Varias, al encadenarse con una mediana empresa no estatal.

A Camerota, a Yiset y a otros tantos como ellos, se les ve por la calle Cuba de Güira de Melena, cada mañana hasta un taller que les anima sus ansias de aportar a la economía familiar y local, lo cual significa aportar a la de su país. 

 

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