
“Cuando me promovieron para ocupar cargo en el sindicato Azucarero, lo único que sabía era cómo se cortaba la caña y se hacía el azúcar, y dirigir a personas altamente calificadas…”.
Nos habla Luis Manuel Castanedo Smith. Su profesión de ingeniero industrial, las disímiles tareas cumplidas en el movimiento sindical y su marcado interés por la economía le han acompañado en estos últimos 30 años. De ello —confiesa—, se siente afortunado, en tanto fue una gran oportunidad en su formación como cuadro.
Da gusto conversar con él, siempre presto a dar criterios muy bien fundamentados sobre todo lo relacionado con los trabajadores, la economía, la sociedad. Participó como delegado desde el XVI hasta el XXI congresos de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), lapso en el que ocupó diferentes responsabilidades, un aval para referir con fundamentos algunos acontecimientos que marcan pautas en la etapa transcurrida entre esos eventos.
No dudó en mencionarme los parlamentos obreros realizados en 1994. “Constituyó un mecanismo de consulta a los trabajadores acerca de las propuestas de medidas que se habían discutido en el Parlamento en diciembre del año anterior, a fin de enfrentar la crisis económica. Demostraron su validez como método de acercamiento para estudiar los problemas en la base y la búsqueda colectiva de soluciones, lo que posee una vigencia extraordinaria.
“Ya estaban en marcha cuando se efectuaron las sesiones finales del XVI Congreso, al que fuimos vestidos de milicianos, expresión de que estábamos dispuestos hasta empuñar las armas para salvaguardar la Revolución —recordemos que vivíamos los momentos más tensos del período especial—”, subraya.
No le gustan las comparaciones, “porque cada etapa tiene sus particularidades, lo que sí puedo asegurarte —enfatiza—, es que la unidad fue y sigue siendo el elemento común a defender, como país y en particular en nuestra organización. Es la que nos trajo hasta aquí y por la cual lucharon Lázaro Peña y los dirigentes que lo acompañaron”.
Afirma que otros momentos importantes ocurrieron en los años 2008 y 2013, con la discusión en los colectivos laborales de los Anteproyectos de la Ley de Seguridad Social (la no. 105), y del Código de Trabajo, Ley 116, respectivamente.
“Ambos resultaron procesos democráticos, participativos, con notables aportes de los trabajadores y buena preparación por parte de la dirección de la CTC y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social”.
No escapa de sus reflexiones la preparación de los dirigentes sindicales, “hoy tan decisiva en función de representar de forma adecuada a los trabajadores a tenor de las transformaciones que han tenido lugar en la economía, en el sistema empresarial.
“Ahora casi todo se dirime en las entidades y, por ejemplo, la organización del régimen salarial y la distribución de utilidades se aprueban en el consejo de dirección, de común acuerdo con la organización sindical. Entonces el representante del sindicato tiene que estar actualizado, conocer la legislación vigente”.
Considera un privilegio haber compartido en distintas etapas con tres secretarios generales de la CTC: Pedro Ross Leal, Salvador Valdés Mesa y Ulises Guilarte De Nacimiento. De todos admiraba su consagración, sistematicidad y que nunca titubearon al asignarle tareas, por muy difíciles que resultasen.
Fueron y son motivaciones para Castanedo, miembro del Consejo Nacional de la CTC, su paso por el Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros, como miembro del Secretariado Nacional de la CTC y secretario general de la organización en La Habana. Son eslabones inseparables que lo ataron para siempre a la gran familia que es el movimiento sindical.

