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Sencillo, afable, valiente y muy humano

Los recuerdos se agolpan en la memoria de Aida Hernández Sabourín, como borbotones de agua apre­surados en salir, aunque hayan pasado los años. To­davía puede respirar el olor de las mariposas que flore­cían silvestres en medio de las montañas o a la orilla de los ríos. Una u otra vez las recogía y se las engan­chaba en su pelo o también buscaba en las matas de guayaba alguna fruta para comer.

Foto: María de las Nieves Galá

Más de seis décadas después, en la sala de su casa, en el capitalino muni­cipio de Plaza de la Revo­lución, rememoró el primer viaje que realizó al Segun­do Frente Oriental Frank País, el 29 de marzo de 1958. Expresó que ese fue un día inolvidable, lleno de emoción, pues conoció al Comandante Raúl Castro Ruz, a quien solo había vis­to en fotos.

Noemí Rodiles Planas, Víctor Manuel Nicot Pala­cios (Chichito) y ella fue­ron los designados por la Dirección del Movimiento 26 de Julio en el territorio guantanamero para en­tregar un mensaje a Raúl, que, según conocieron des­pués, confirmaba el en­cuentro que sostendrían él y el jefe de acción y sabota­je del M-26-7, René Ramos Latour (Daniel).

La joven se había in­corporado a la lucha a través del movimiento es­tudiantil cuando apenas era una niña. Desde que ingresó en el Instituto de Guantánamo participó en movilizaciones, realizó prácticas de tiro y apoyó las acciones del 30 de no­viembre de 1956.

De acuerdo con sus pa­labras, la reunión con Raúl fue muy emotiva. “No te­níamos la certeza de que podríamos verlo. Al prin­cipio estaba algo cohibida. Pero él enseguida nos trató con mucha naturalidad y sencillez, como si nos co­nociera de hacía tiempo. Lo abrazamos y estuvimos hablando con él casi toda la noche”, afirmó.

Él se refirió a la trave­sía realizada de la Sierra Maestra hasta la Sierra Cristal y narró algunos de los obstáculos por los que habían pasado. Comentó también acerca de las ideas que tenía sobre la fábrica de granadas M-26 para fu­siles que iban a montar en esa zona. Fue una conver­sación de mucho optimismo y fe en lo que representaba la creación del Segundo Frente para el triunfo re­volucionario.

“Apenas dormimos. Raúl nos dijo: ‘Por la ma­ñana temprano voy a lle­varlos a la fábrica para que vean la granada M-26’. Se refería a ella como si fuera un arma muy importante, que iba a definir la victoria en aquel momento. Nos ex­plicó su potencial y que se colocaba en el Springfield para ser disparada.

“Como había prometi­do, nos llevó a ver la famosa granada e hizo una prueba. La primera vez no se dispa­ró, insistió y en la segunda oportunidad hubo una tre­menda explosión. Luego re­gresamos por el mismo ca­mino para la ciudad”.

Las visitas de Aida Hernández y otras compa­ñeras de la lucha clandes­tina a la Comandancia y columnas que operaban en el Segundo Frente Oriental Frank País fueron reite­radas: llevaban alimentos, medicinas, armas, proyec­tiles…, enfrentaron situa­ciones difíciles, pero nada las amilanó.

El triunfo de la Revo­lución fue el sueño hecho realidad, el cual muchos de sus compañeros de lucha no pudieron disfrutar. De inmediato se incorporó a todas las tareas y fue una de las tantas cubanas que se lanzaron a la batalla por eliminar la discriminación de las mujeres y lograr la igualdad de derechos.

En 1977 alcanzó una de sus metas: concluyó los es­tudios universitarios como licenciada en Economía. En la Unión de Empresas Poligráficas, donde fungió como directora económica, desempeñó su vida laboral durante años, y alcanzó la condición de Vanguardia Nacional del sector.

A sus más de ocho dé­cadas de vida, la revolu­cionaria afirma que en el General de Ejército Raúl Castro Ruz han prevale­cido siempre su lealtad y entrega a la Revolución y al pueblo cubanos. “Sigue siendo sencillo, afable, valiente y muy humano”, subrayó.

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