
Era un tipo alto, carismático y con frases que atrapaban desde el primer minuto de la conversación. «Envolver un tabaco», «No tan bien como desearan mis amigos, pero tampoco tan mal como quisieran mis enemigos»; «Todo está bajo control», son algunas que recuerdo como si las estuviera diciendo ahora mismo con esa sonrisa cómplice de amistad a primera vista.
El Brother tenía al baloncesto, voleibol y atletismo como sus deportes más fuertes. También cubría todo de balonmano, polo acuático y hasta de hockey sobre césped. Prefería dejarle el béisbol y el boxeo a otros colegas «porque de eso todos sabemos», sin que por ello minimizara la importancia de esas disciplinas en las páginas deportivas de Trabajadores que dirigió desde 1993 hasta el 2007.
Son miles de anécdotas las que guardo del Brother, algunas contadas por él de manera jocosa; otras conocidas por colegas que compartieron coberturas en Cuba y fuera de ella. Desde las más simpáticas (un día mandó a poner comida y bebida a un equipo de voleibol pensando que lo pagaría el evento y luego no había cómo liquidar la cuenta), hasta las más serias (fue el primer periodista que señaló la situación crítica, con robos y abandono incluido, del estadio Panamericano construido para los Juegos de 1991, apenas un lustro después de inaugurado).
El Brother me enseñó la importancia de tener archivos pasivos, de estar en los escenarios de competencia, de respetar en las entrevistas la intimidad de nuestros deportistas (aquí no somos paparazzis, repetía una y otra vez) y de intentar la descripción siempre de las emociones que provocan cada actuación por encima de la nota fría de ganó y perdió.
Aprendí con él cómo hacer planes de trabajo mensual y trimestral; la importancia de interpretar las estadísticas en el periodismo deportivo; la disciplina de las guardias editoriales y los cierres de edición. No era perfecto. Tenía cierta terquedad y sobrestimaba, a ratos, sus vuelos literarios en los textos. Pero que tire la piedra quien no tenga defectos que superar o simplemente, algo que perfeccionar.
En los últimos años de labor en TRABAJADORES, El Brother no se entendió con un joven colega y la vida le dio la razón. Serví de intermediario entre ellos y por mucho que conversamos, optó por partir hacia la revista Bohemia. Meses más tarde nos vimos y fue tirante su trato personal hasta que retomamos la amistad de siempre meses más tarde. Lo hizo sentado en la Ciudad Deportiva, viendo un partido de voleibol, cuando me dijo: «Vamos a tomarnos un refresco, todo está bajo control entre nosotros».
Entendí entonces que era el mismo que defendió mi plaza una vez graduado, que apostó por mi para una cobertura de citas múltiples con apenas dos años de experiencia; que fue de los primeros en felicitarme cuando nacieron mis hijas y que nunca me puso guardia los días de mi cumpleaños «para que lo pases con la family».
Orgulloso de ser el padre del Yasser y el esposo de La Flaca (Caridad Carrobello), el Brother se despidió tras meses de larga enfermedad. No pudo leer estas líneas de agradecimiento sincero y que las debía hacer públicas desde hace mucho tiempo. Sin embargo, él sabía que en cualquier despedida no iba a faltar una de sus frases preferidas. Descansa en paz. «Todo está bajo control».
Acerca del autor
Máster en Ciencias de la Comunicación. Director del Periódico Trabajadores desde el 1 de julio del 2024. Editor-jefe de la Redacción Deportiva desde 2007. Ha participado en coberturas periodísticas de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Intercontinental de Béisbol, Clásico Mundial de Béisbol, Campeonatos Mundiales de Judo, entre otras. Profesor del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba.


