Aida Hernández Sabourín fue parte del grupo de guantanameros que el 29 de marzo de 1958 estableció contacto con el Comandante Raùl Castro Ruz, jefe del recién creado Segundo Frente Oriental Frank País
Aida Hernández Sabourín era casi una niña, cuando en 1955 ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza en Guantánamo. Eso no le impidió comenzar a tomar parte de la activa vida política que ahí se generaba. Participó en huelgas estudiantiles y en acciones de combate desde la clandestinidad.
“Vivíamos en Jamaica y mi familia era humilde. Mis padres, Vicente y Carmen, educaron a sus 10 hijos en el amor a la Patria. Cuando les dije en lo que estaba, mi padre expresó que si yo, con 12 años sabía lo que iba a hacer y lo que eso significaba. No puso objeción, señaló que me apoyaría en todo.
Los recuerdos se agolpan en la memoria de Aida como borbotones de agua apresurados en salir, aunque hayan pasado los años y el tiempo insista en cerrar heridas. Jamás pudo olvidar el rostro del joven revolucionario Iván Rodríguez Rodríguez, vilmente asesinado por los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista.
“Nunca pensé que se podía hacer tanta tortura a una persona: Iván no tenía un diente, no tenía ojos, no tenía uñas, ni en las manos ni en los pies; los órganos genitales eran una cosa lisa y además le habían pasado un alambre debajo de las tetillas.
“Era un joven muy valiente. Fue asesinado el 27 de octubre de 1958, lo encontramos días después de su desaparición. Lo conocimos su madre y yo porque Iván tenía una pierna más larga que otra y la mamá le hacía un calzo de cartón. Al quitarle el zapato, vimos que lo tenía”.
El encuentro con Raúl
Un día Aida llevó unos brazaletes del M-26-7 y uniformes para que sus padres los guardaran en casa. “Al cabo de varios días, se los pedí y me los entregó. Algunos de mis hermanos también tomaron parte en la lucha”, aseveró.
Para ella, uno de los momentos más significativos fue el encuentro con el Comandante Raúl Castro Ruz. Fue parte del grupo de guantanameros que el 29 de marzo de 1958 estableció contacto con el jefe del recién creado Segundo Frente Oriental Frank País. “Noemí Rodiles Planas, Víctor Manuel Nicot Palacios (Chichito) y yo fuimos designados por la Dirección del Movimiento 26 de Julio en el territorio guantanamero para entregar un mensaje a Raúl. Según supimos después, en el documento se confirmaba el encuentro que sostendrían él y el jefe de acción y sabotaje del M-26-7, René Ramos Latour (Daniel).
“Fue un encuentro de mucho optimismo, en el cual Raúl nos habló de la travesía que habían hecho por la Sierra Maestra y de la fábrica de granadas M-26 para fusiles; nos inspiró mucha fe en la victoria”, manifestó.
Durante la lucha guerrillera, ella se mantendría junto a otro valioso grupo de combatientes guantanameras que trasladaban desde la ciudad suministros, pertrechos de guerra y otros artículos a la Comandancia y a las Columnas que operaban en Frente.
“Raúl siempre mantuvo una constante preocupación por la seguridad de las mujeres y hombres que apoyaban la Revolución».
Recuerda que al final de la guerra, estaba prácticamente alzada junto a otras compañeras. “Éramos contacto del Coordinador del Movimiento 26 de Julio en Guantánamo y trasladábamos mensajes a los jefes de las diferentes columnas y la Comandancia del Segundo Frente.
“Entré a la ciudad de Guantánamo con los combatientes de la Columna No. 18, que junto con las Columnas No. 20 y 6, tenían la misión de tomar el cuartel de Guantánamo. Ahí ayudamos a recoger las armas y desarmar el ejército. Me dieron un fusil San Cristóbal, el cual tuve en mi poder hasta mediados de 1959”.
El triunfo de la Revolución fue el sueño hecho realidad, el cual muchos de sus compañeros de lucha no pudieron disfrutar. De inmediato se incorporó a todas las tareas y fue una de las tantas cubanas que se lanzaron a la batalla por eliminar la discriminación de las mujeres y lograr la igualdad de derechos.
En 1977 logró una de sus metas: concluyó sus estudios universitarios como Licenciada en Economía. En la Unión de Empresas Poligráficas, donde fungió como directora Económica, desempeñó su vida laboral durante años, y alcanzó la condición de Vanguardia Nacional del sector. A sus más de ocho décadas de vida, la revolucionaria afirma que en el General de Ejército Raúl Castro Ruz prevalecieron siempre su lealtad y entrega a la Revolución y al pueblo cubanos.