Por estos días me adelanté en regalos al Día de las Madres. No quisiera repetir nada de lo que ya escribí porque ellas son las flores únicas de nuestro jardín y merecen siempre sorpresas y ese oxígeno que les llega con saber que sus hijos o nietos estamos bien, felices y agradecidos de la vida a la que nos trajo desde su vientre.
De niño acostumbraba este día a llenar postales con versos que no rimaban e intentos de poesía que jamás publicaría por cursi y adjetivación. Sin embargo, nada les sacaba más la sonrisa y el abrazo en sus pechos que leerlas conmigo al lado. Luego las ponían en la cama todo el día junto a los regalos y era el altar sagrado de la familia hasta la noche.
Hoy proliferan las postales digitales y hasta frases comunes o cadenas de mensajes. Pero que bueno sería que estas 24 horas fueran de nuevo de versos sin rimar y poesías adjetivadas. Con almohada incluida y hasta un perfume. Esas felicitaciones y abrazos son inolvidables. Como ellas son eternas.
MUCHAS FELICIDADES A TODAS LAS MADRES DE MI FAMILIA Y A QUIENES LEAN MIS VERSOS EN PROSA. ¡LAS QUIERO MUCHO!