La culpa no es de la vaca

La culpa no es de la vaca

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Camagüey.— En el último lustro la producción de leche ha dejado mu­cho que desear en esta provincia. El esfuerzo de los ganaderos se diluye entre el predominio de razas vacunas menos productivas, la crítica situa­ción de los caminos; los problemas con la contratación, la alimentación del ganado y otros muchos más.

La línea del ferrocarril atraviesa más de 40 kilómetros del municipio de Vertientes y permite que el alimento llegue directamente a la industria, y así se optimiza el acarreo. Foto: Rodolfo Blanco Cue, ACN

Para colmo, el bloqueo energético del Gobierno de los Estados Unidos ha hecho caer las asignaciones de com­bustibles, entorpeciendo aún más el proceso.

Pero aquí, por tradición y com­promiso, se buscan alternativas para sostener el acopio y distribución de la leche a niños, gestantes y otros grupos poblacionales.

 

Afectaciones reales

Como detalla Antonio Manuel de Valdivia Hidalgo, representante de ganadería en la delegación territorial del Ministerio de la Agricultura, el acopio se ha complejizado al punto de que, por ejemplo, el pasado 31 de mar­zo se recogió solo el 23 % de la leche prevista (58 mil 300 litros), una cifra que en otros tiempos hubiese podido cumplirse sin mayores problemas.

“Esta es una provincia muy gran­de —explica el subdelegado—, y acce­der a la mayoría de los puntos ha sido imposible por la falta de combustible. Hemos llegado a estar en cero.

“La realidad es dura, por lo que hemos creado comisiones municipales para tratar de no perder ni un litro”.

A caballo, en carretones o hasta en bicicletas, los campesinos acercan su producción hasta los puntos de enfria­miento, y en las carreteras de mejores condiciones se ha apelado a triciclos eléctricos. En el municipio de Vertien­tes han utilizado hasta motores de vía, chispitas, mucho más ahorradoras de combustible, para aprovechar las lí­neas del ferrocarril.

 

Sobrevivir en medio del caos

En las últimas semanas de abril la cabecera provincial recibe menos leche que años atrás, lo que ha alar­gado la frecuencia de entrega a las bodegas. Aunque ello no ha implica­do desvíos ni pérdidas. De hecho, la producción que no llega a la ciudad se distribuye en los propios munici­pios.

Según destaca De Valdivia Hi­dalgo, han comenzado a certificar con las bases productivas toda la leche que no pueden llevar a la in­dustria, para que se entregue a ho­gares maternos y asilos de ancia­nos, o se venda directamente a las comunidades.

“Es leche con calidad, solo que no se pasteuriza”, asegura el espe­cialista. Así se han redistribuido más de un 1 millón 190 mil litros en lo que va de año y junto con los en­tregados a la industria suman más de 3 millones 980 mil litros.

Carlos Isel Hidalgo Aguilar, un ganadero del municipio de Na­jasa que ha llegado a promediar más de 500 litros diarios, es uno de los productores a los que no le recogen leche. Su finca El Maguey se ubica a más de 70 kilómetros de la ciudad de Camagüey, al final de un camino que fue reparado por última vez hace dos años. Sin combustible salir de allí es una tarea titánica.

Iselito, como lo llaman todos, no está de brazos cruzados. Siguiendo un consejo del vicepresidente, Sal­vador Valdés Mesa, hoy tiene un pro­yecto de desarrollo local para elabo­rar queso.

Antes dependía exclusivamente de los excedentes, ahora todos sus or­deños van a las cubas. “Con tanta le­che estoy haciendo más producciones. Puedo decir orgulloso que todo el que­so que se vende en las cafeterías del municipio se elabora aquí.

“También, gracias a la camio­neta que tengo por un convenio con China, he llevado leche y queso has­ta la ciudad de Camagüey, a hospita­les y otros destinos priorizados”.

Pero no todos los guajiros corren con tanta suerte, reconoce. “Ojalá y esta situación contribuya a brindar más autonomía a los municipios. Lo importante es que la leche y sus derivados no se pierdan y lleguen al pueblo con precios asequibles. A pesar de la crisis económica hemos demostrado que se puede”.

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