En la Edad de Oro de José Martí, encontré, la niña que fui, quizás el primer acercamiento a ese hombre que, no solo por Apóstol ni por Héroe Nacional, emociona al sentirlo tan cubano y fiel a los valores humanos.
Y a ese texto todos hemos ido, y vamos, a lo largo y ancho de Cuba y más allá; sin embargo, ha sido incalculable la dimensión de lo aprendido, de adulta ya, a través de quien considero un amigo leal de Martí, a pesar de vivir en siglos diferentes.
Rafael Rodríguez Ortiz, o Felo como lo llamamos casi todos, recreó en el Bosque Martiano del Ariguanabo, en San Antonio de los Baños, el diario de campaña del hombre de los Versos Sencillos.
Por ese aporte tiene el mérito y también la gloria de trascender desde los 83 años que hoy cumple, como uno de los más perseverantes. Logró entre árboles y piedras, un monumento a la historia.
¿Ya sabes que fue un basurero durante casi tres décadas? Pero este 19 de mayo, ya hace 32 años que es un aula al aire libre, visitada por muchos, custodiada por todos, admirada por cada quien que pisa hasta las hojas caídas, capaces de fertilizar el suelo.
Un ateje, una yagruma, la güira y la guanábana, un árbol de naranja agria, de naranja china o de almácigo, el jubabán y hasta el caguairán, muchas palmas, una bandera que ondea entre tanto verde, y una campana réplica de La Demajagua confluyen armónicamente al entonarse el Himno de esta isla.
Así es el bosque de Felo, que da la bienvenida a uno de los 11 municipios de la joven provincia. Así es también un ariguanabense vuelve a trepar a Martí en su caballo, lo vislumbra en medio de la Guerra Necesaria, en Playitas y hasta en Dos Ríos, entre las 54 especies de árboles que menciona en el trayecto de 9 de abril al 17 de mayo de 1895, en 350 kilómetros de recorrido.
El padre y el abuelo que hoy celebra los 83 en medio una ceiba, del jigüe, de la caoba y del cedro, del jobo, la quiebrahacha, la majagua y el caimitillo, merece tanto como el homenaje en el Museo de Historia de su localidad, un monumento cerca de tanta perseverancia.
Solo él sabe cuánto le han costado los más de 32 años de este sitio, en madrugadas y manos solidarias, en saberse útil por rescatar a su paso la vigencia del más universal de los cubanos.
No tiene como trabajador incansable la medalla Jesús Menéndez ni tampoco ostenta la Orden Lázaro Peña este longevo y fiel amigo de Martí, aunque diplomas y reconocimientos no le faltan.
Tampoco ha transitado para ser un día Héroe del Trabajo de la República de Cuba, aunque nadie tiene dudas que su obra, el Bosque Martiano del Ariguanabo, ennoblece el título honorífico.
Pero sí tiene, Felo, un sitio ganado entre los grandes de su pueblo chico, de su país, por plantar más que árboles, historia y futuro, por sembrar un patrimonio donde siempre podemos ir a soñar en el mejoramiento humano, a crecer tan alto como las palmas.
A los 83 años Felo regresa con polaina y machete, con ropa de campaña y sombrero de guano, y lo hará siempre porque decidió ser el amigo incondicional de Martí, el culto y sabio, que lo honra donde hay un río y también un bosque, el Ariguanabo.