Icono del sitio Trabajadores

La casita soñada del Harlem

Apenas avanzas entre el caserío y ya ni el olor fuerte a caña molida ni el ajetreo de la vía férrea o las carretas en su ir y venir, se hacen notar en la empresa azucarera Harlem, de Bahía Honda, en Artemisa.

 

Con 28 niños, de 30 que es la matrícula funciona en Bahía Honda Pequeños azucarero. Foto: Otoniel Márquez

 

Ahora el protagonismo lo tiene Pequeños Azucareros, la casita infantil del batey, donde se sienten voces tiernas de unos y la conducción de otras desde hace unos dos años.

Inaugurada el 17 de mayo de 2024, por el reclamo de las madres trabajadoras de la industria, la única casita infantil adscripta a los azucareros de la provincia deja huellas en decenas de familias.

Raylín Valido Chirino, al frente de un equipo de seis educadoras, subordinadas a Educación y otras dos trabajadoras, que asumen el pantry la limpieza, nos habla de la aceptación del lugar, que fue ubicada, por cuerdo comunitario, en una entidad de comercio, con un servicio muy minimizado.

Nació para una matrícula de 30 niños menores de cinco años. Contamos con 28. Antes, estaban en casas de cuidadoras por cuenta propia, por precios superiores a los dos mil pesos cada mes, o en casa de las propias familias. Ahora el costo mensual es de solo 40 pesos.

La casita infantil en Harlem, es tranquilidad para muchas familias. Foto: Otoniel Márquez

 

Huellas de una casita

“Le ofrecimos la posibilidad no solo a las madres relacionadas con el sector azucarero, sino que también hay menores que provienen de familias de Educación, la Policía Nacional Revolucionaria, cuentapropistas, Salud, y por supuesto la industria Harlem y el resto de la empresa”, cuenta quien se desempeñaba como maestra del agrado prescolar en la escuela Rubén Martínez Villena.

“Era un sueño, porque el círculo queda muy lejos, hay que llegar en un transporte y ahora es más difícil”, dice Odeily Guerra Ruiz, la madre de Laura Maura Guerra, una niña de tres años que, “mucho se ha desarrollado intelectualmente con el resto de los menores y las educadoras”, asegura.

“Yo trabajo en la farmacia de Harlem, de 8 de la mañana a las 4:00 P.M. Dejaba la niña con quien estuviera en mi casa, porque no podía pagar un cuido particular”, dice.

“Hay que llevarle los alimentos. Allí no se procesa nada, pero sí hay un microondas para calentar el almuerzo. Este es un sueño hecho realidad”, concluye.

Además de los más de mil 500 círculos infantiles que funcionan en Cuba, las 295 casitas infantiles, creadas, sobre todo en los últimos años con unos 6 mil 300 niños matriculados, son espacio a favor de la primera infancia, de las madres trabajadoras, de la preocupación por la educación y también el acercamiento de un servicio muy necesario a la comunidad, que merece aplausos.

Compartir...
Salir de la versión móvil