La figura del creador de las artes visuales Francisco Gordillo Arredondo (La Habana, 11 de septiembre de 1964) se destaca en el panorama contemporáneo de la pintura y el dibujo en Cuba, no solo por su indiscutible talento, sino también por la profundidad de su obra, que trasciende las modas efímeras del arte afrocubano.

En muchas ocasiones, imágenes superficiales y estereotipadas sobre el arte recreado en deidades de los panteones yoruba, kongo y palo, entre otros, han invadido galerías privadas y mercados, sobre todo para el turismo; sin embargo, la producción artística de Gordillo se presenta como un testimonio conmovedor de su experiencia vivida y su mundo interior. Su obra es una reflexión íntima sobre las tradiciones religiosas y estéticas de origen africano que han llegado a constituir un hilo conductor en la cultura cubana, transmitidas de generación en generación.
Descendiente de antepasados que fueron esclavizados y llevados de África Central a Cuba, este prolifero artista en sus composiciones iconográficas encarna el cruce entre historia personal y colectiva. Al igual que muchos de sus compatriotas, su linaje está profundamente arraigado en las mitologías de la santería y el palo monte, dos religiones cristianizadas que han evolucionado a lo largo de los siglos. Estas prácticas espirituales, que están basadas en tradiciones africanas, son especialmente significativas en su obra, la cual ofrece una visión compleja y enriquecedora del papel que desempeñan estas creencias en la cotidianidad insular.

Tradiciones y mitologías en un lenguaje visual rico y matizado
En el entorno artístico de los últimos años, el «afrocubanismo» ha experimentado un modesto renacer, atraído por la demanda de imágenes y expresiones que representan la identidad cultural afrodescendiente. Sin embargo, este fenómeno ha estado acompañado de una proliferación de representaciones estereotipadas que, aunque pueden ser visualmente atractivas, carecen de la profundidad y autenticidad que caracteriza a la obra de muchos artistas comprometidos con sus raíces. En este sentido, la obra de Gordillo se distingue por su capacidad de integrar de manera auténtica tradiciones y mitologías en un lenguaje visual rico y matizado, que invita a la reflexión.
Mientras que otros artistas han optado por representar alegorías simplistas de lo afrocubano, este creador se adentra en un análisis más profundo de sus experiencias y la historia de su linaje. Su arte no es solo una celebración de la herencia africana, sino también una crítica a las limitaciones impuestas por narrativas reduccionistas que tratan de forma superflua la complejidad de la vida y la espiritualidad afrodescendiente en Cuba.
Profundidad de la experiencia afrodescendiente
Sus pinturas están impregnadas de referencias a las mitologías de la santería y el palo monte, que no solo son parte integral de su experiencia personal, sino que también reflejan la rica tradición cultural de la Mayor de las Antillas. A través de la brillantez del color, la complejidad de la metáfora y el simbolismo que rodea la práctica ritual, su trabajo revela la vitalidad y el dinamismo de estas tradiciones. Con su rica iconografía, que transita entre la figuración y el abstraccionismo, y sus rituales vibrantes, su amplio dominio sobre la religión afrocubana sirve como un vehículo o referente para explorar temas de familia, espiritualidad y resistencia cultural.
Basándose en las tradiciones de África Occidental, donde la familia es considerada una institución sagrada, Gordillo proyecta en su arte una visión de vidas enriquecidas por interacciones familiares íntimas. A través de nombres, frases y acciones inspiradas en la literatura oral de origen yorubá y kongo, su trabajo se convierte en una narrativa visual que aborda los males sociales y resalta la importancia del diálogo intergeneracional en la preservación de la identidad cultural.
Su historia familiar es un testimonio poderoso de esta conexión. Sus antepasados, que llegaron a Cuba desde África hace siglos, trajeron consigo un conjunto de creencias y objetos religiosos, entre estos los conocidos como Prenda de Fundamento. Estas herencias se enseñaron de generación en generación, dando vida a una religión cubana única, el Palo Monte, que integra elementos de las tradiciones kongo. Este trasfondo se convierte en el pilar sobre el cual Gordillo edifica su práctica artística, creando obras que conectan el pasado con el presente.

De la academia al descubrimiento personal
El viaje artístico de Gordillo comenzó en 1984, cuando ingresó a la Academia de Bellas Artes de San Alejandro con el deseo inicial de dedicarse a la pintura de paisajes. Sin embargo, a medida que se sumergió en el estudio de la cultura cubana, particularmente a través del Conjunto Folklórico Nacional, comenzó a entender la riqueza de sus tradiciones familiares como un manantial del cual extraer inspiración. Este descubrimiento transformó su enfoque artístico, permitiéndole explorar su experiencia personal y su identidad a través de un lenguaje visual relacionado con sus raíces.
Wifredo Lam, quien es considerado un pionero del arte afrocubano, abrió la puerta a la exploración de las identidades africanas en el arte cubano, mientras que Manuel Mendive continuó esa tradición, elevando el simbolismo y la espiritualidad en su trabajo. Al igual que estos maestros, este artista ha integrado elementos de la santería en su práctica, pero lo hace desde una perspectiva profundamente personal y única.
En tal sentido, en un extenso artículo titulado Kongo Cruzado: cuban lukumí and kongo identiths in the art of Francisco «Gordlllo» Arrondo (Kongo Cruzado: lukumí cubano e identidad kongo en el arte de Francisco «Gordlllo» Arredondo), el reconocido antropólogo, historiador cultural especializado en la diáspora africana en el Caribe y las Américas, texto publicado por la Universidad de Hampton —centro privado de Investigación, históricamente negra, en Hampton, Virginia, Estados Unidos—, destaca que ”no se puede hablar significativamente sobre la representación afrocubana en el arte cubano sin mencionar a Wifredo Lam (1902-1982; aprendiz de Pablo Picasso), quien inició el género, y a Manuel Mendive (1944), cuyas obras se encuentran en importantes colecciones internacionales. Ambos también tenían vínculos personales y ancestrales con las tradiciones de la santería. Su influencia se aprecia en las obras de Gordillo. Por ejemplo, Muchacha frente a un espejo, de Picasso, es un referente visual para Madre una sola, de Gordillo. Además, Gordillo ha aprendido de las obras de los cubanos Roberto Diago (1920-1955) y Pedro Pablo Oliva, así como de los impresionistas y expresionistas europeos: Manet, Monet, Gauguin, Van Gogh, Matisse y Vlaminck”.
Portador de una admirable personalidad, en la que sobresalen su sencillez y modestia, así como su espíritu solidario hacia sus semejantes, durante los diálogos con Gordillo trascienden vastos conocimientos religiosos, él asegura que en su pintura “superpongo culturas, mezclo elementos Yorubas con Bantú, representando mediante sus simbologías, síntesis de sus ritos; apoyándome en los signos y elementos rituales. En muchas ocasiones mis trabajos reflejan hechos e historias que brotan de mi imaginación, acompañada de fantasía, lo cual no está muy lejos de ser realidad”.

Sus trabajos, generalmente de pequeños formatos (30×40 cms), aunque también incursiona en medianos y grandes formatos, se caracterizan por el uso de técnicas mixtas (acrílico, tintas, oleos, acuarelas, cera, entre otros), lo cual “me da la facilidad de crear una atmósfera mística como fuerza espiritual, vinculándola con la Tierra y la Naturaleza. Con el color represento símbolos, y también lo que quiero expresar, ya sea un sentimiento, una emoción o representaciones de deidades y ceremonias, también me ayuda a equilibrar la composición, a controlar la luz y la sombra, a resaltar la gradación de tonos, su brillantez o fuertes contrastes. Uso formas concretas y específicas dentro de realidades que vienen siendo conformadas por grandes áreas de colores, formas específicas que coexisten y hacen coexistir a dichas realidades”, tal ha dicho.

La complejidad del simbolismo
Uno de los aspectos más fascinantes de su obra es la habilidad para intercalar significado y simbolismo en los dibujos y pinturas, los cuales no solo son visualmente impactantes, sino que están cargados de referencias culturales, históricas y espirituales que invitan al espectador a un viaje interpretativo. Por ejemplo, su obra Ochún Kolé Kolé evoca uno de los caminos de la orisha sincretizada con La Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. Se trata de una imagen del abanico de pavo real, un símbolo recurrente en su trabajo, que se asocia con la belleza, el poder femenino y la riqueza de la santería. Sin embargo, a diferencia de obras similares que podrían considerarse meramente decorativas, esta pieza se adentra en un análisis esotérico que revela capas de significado relacionadas con la historia de su familia y las luchas contemporáneas de la comunidad afrodescendiente en Cuba.
Al observar su proceso creativo y escuchar sus reflexiones sobre el significado de sus obras, se aprende mucho sobre la centralidad de las religiones de origen africano en la vida cotidiana de muchos cubanos. Gordillo enfatiza que su trabajo no solo busca representar su identidad étnica, sino también mantener la integridad de las múltiples capas que configuran su experiencia. En este sentido, su arte actúa como un puente entre el pasado y el presente, entre lo personal y lo colectivo.

Contribución invaluable a la identidad cubana
La principal contribución de este creador al arte cubano radica en su capacidad para vincular conocimientos esotéricos específicos con su experiencia personal, creando manifestaciones visuales que son a la vez impactantes y profundamente significativas. A través de su obra, nos brinda una visión íntima de cómo las tradiciones africanas no solo han resistido el paso del tiempo, sino que también siguen influyendo en la forma en que los cubanos viven, sienten y se expresan en la actualidad.
A medida que el mundo continúa reconociendo y celebrando la diversidad cultural y la riqueza de las identidades afrodescendientes, la obra de Gordillo se erige como un recordatorio de la importancia de prestar atención a las voces que han sido históricamente marginalizadas. Su arte no solo desafía las narrativas simplistas, sino que también invita a una comprensión más profunda de la complejidad y la riqueza que conforman el tejido social cubano.
Se trata de un artista que no solo hereda un legado cultural invaluable, sino que también se convierte en un portavoz de su tiempo. Su obra es un viaje a través de la historia, la espiritualidad y la identidad, que invita a todos a explorar y apreciar la profundidad de las tradiciones afrocubanas en un mundo en constante cambio. Su contribución es, sin duda, una huella imborrable en el desarrollo del arte cubano contemporáneo y un bálsamo para las narrativas que buscan redescubrir la esencia de sus raíces africanas en la isla.

