El joven José Julián Martí Pérez con solo 16 años había sido acusado de infidente y condenado a seis años de prisión. El 4 de abril de 1870 es trasladado al Presidio Departamental, donde lo destinan a la Primera Brigada de Blancos, le asignan el número 113 y le entregan el sombrero negro, símbolo de la estampa de la muerte. En la cárcel le habían cortado los cabellos y colocado grilletes, una gruesa cadena rodeaba su cintura.

Con esta indumentaria todos los días antes de que saliera el sol, a las cuatro y media de la mañana, partía hacia las canteras ubicadas aproximadamente a dos kilómetros del penal, arrastrando grilletes y cadena por el viejo y pedregoso camino de La Chorrera. Trabajaba doce horas bajo el sol en las canteras de San Lázaro, sección llamada La Criolla, según lo había ordenado el comandante del presidio Mariano Gil de Palacios. Allí tenía que excavar y desbaratar las piedras a golpe de pico y luego llevarlas hasta los hornos de la cantera, en lo alto de una loma; a lo anterior se añade que debía levantar la palanca curvada para que el agua subiera hasta las bombas.
Don Mariano, padre de José Julián, realizó gestiones ante José María Sardá y Gironella, amigo personal del capitán general de la Isla, Antonio Caballero Fernández de Rodas, para que intercediera por la disminución del rigor de la pena a la que había sido condenado el joven. El 5 de septiembre de 1870, Sardá se entrevistó con el capitán general y obtuvo el indulto y custodio del penado 113, lo llevó hacia la Isla de Pinos donde permaneció dos meses y cuatro días, desde el 13 de octubre hasta el 18 de diciembre de 1870.
El 15 de enero de 1871, a bordo del vapor Guipúzcoa, el joven se hace a la mar. En el muelle lo despidieron sus padres, acompañados de sus hermanas y medio centenar de amigos. Con el cubano desterrado político hacía la travesía, el teniente coronel Mariano Gil de Palacios, la identidad del oficial español no era conocida por los pasajeros. Al segundo día de navegación, en la tarde después del almuerzo, Martí se refirió a los trabajos forzados que había tenido que realizar en las canteras e insistió en el maltrato a que eran sometidos los detenidos. La narración conmovió a tal punto que todos expresaron su censura. Al finalizar destacó que ese hombre por el que sentían desprecio era el teniente coronel Mariano Gil de Palacios; el aludido, colérico pero impotente para castigar la osadía, se retiró a su camarote.

Durante la travesía Martí sintió malestares en el cuerpo, a veces presentaba fiebres y dolor en un testículo; fue un viaje incómodo y largo, dormía en una estrecha litera de segunda clase. Solitario, rodeado por las aguas del océnso Atlántico, pasó su cumpleaños, extrañaba todo lo que había dejado en su Cuba querida. En ocasiones intercambiaba con el mayordomo del barco, hombre cordial y franco, curtido por el sol que conversaba trasmitiendo la tranquilidad del mar.
El 1o de febrero de 1871 el joven deportado desembarcó en Cádiz, luego de una breve revisión sanitaria y trámites aduanales de rutina, viajó por tren a la capital española y el 16 ya está en Madrid. Ese mismo día se presentó en la sede del gobierno de la provincia y solicitó se le expidiera cédula de seguridad, documento personal o de empadronamiento. Comenzó su labor escritural y el 24 de marzo publica el artículo «Castillo» en el periódico La Soberanía Nacional, de Cádiz, el cual se reproduce al mes siguiente en La Cuestión Cubana, de Sevilla.
El joven había llegado a la capital española en mal estado de salud, resultado de quince meses de prisión y trabajo forzado en las canteras. Se vincula a Carlos Sauvalle y Blain, catorce años mayor que él y deportado a España por los sucesos del Teatro Villanueva.

Carlos, al ver a su compatriota enfermo, le insiste para visitar un médico, Martí inicialmente se niega; después a fines de abril, en el tercer mes de su estancia española, al ver agravado su estado de salud, decide acompañarlo y luego de los estudios se le diagnostica sarcoidosis. Se trata de una enfermedad cuyo origen se desconoce y que tiene entre sus múltiples manifestaciones clínicas alteraciones respiratorias de las cuales sufrió el Apóstol.
En mayo es operado por un tumor del testículo (sarcocele). Ese mismo mes matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid las asignaturas Derecho romano, Derecho político y administrativo y Economía política, lo hizo como alumno de enseñanza libre del curso académico 1870-1871. Luego se inscribe en el Ateneo, donde por mínima cuota puede leer importantes textos de la época. Con entusiasmo recibe la noticia de que su artículo «Castillo» es reproducido en La República, periódico independiente editado en Nueva York, y lo precede una nota introductoria en la que se elogia al joven autor anónimo, pues aparece firmado con las iniciales.
Entre julio y agosto publica El presidio político en Cuba donde evoca sus impresiones de la cárcel y se refiere al dolor físico, más lacerante acaso por la imposibilidad del preso 113 de remediar, en esos momentos, los escarnios y las enfermedades de que allí fueron víctimas —como él— el niño Lino Figueredo, el anciano Nicolás del Castillo o el negro anciano Juan de Dios Socarrás. El 7 de septiembre, en El Jurado Federal, da a conocer junto con Sauvalle un texto que refuta el artículo anticubano aparecido días antes en el diario integrista madrileño La Prensa.
Las ideas anticolonialistas de ambos jóvenes, Martí y Sauvalle, vuelven a la palestra pública el 22 del mismo mes con un escrito que da por terminada la polémica. Su honra les impide continuar en el terreno público un debate para el que La Prensa ha elegido como recursos, a falta de argumentos, el insulto y la amenaza de llevarlos ante los tribunales. No obstante «sostienen y repiten cuanto el amor a la verdad y a la justicia les hizo una vez decir». En consecuencia, se constituyó la Liga de la Prensa Española Antifilibustera, en la cual se agruparon los catorce periódicos más retrógrados de la capital.
En noviembre los doctores Hilario Candela (cubano) y Juan Ramón Gómez Pamo (español) le hacen un examen físico y deciden operarlo. El médico cubano le realiza la segunda operación, se trataba de puncionar el testículo para aliviar los dolores ocasionados por el tumor sarcocele tipo quístico que presentaba. Estaba en cama convaleciente de la segunda intervención quirúrgica, cuando recibe la triste noticia del fusilamiento en Cuba de ocho inocentes estudiantes de Medicina, y la condena a presidio de otros treinta y cinco por el supuesto delito de haber profanado la tumba del español Don Gonzalo Castañón y Escarano.
El 30 de diciembre de 1871 aflora la nostalgia por la ausencia de la madre, añora su tierra y escribe un poema: «Mi madre, —el débil resplandor te baña/ De esta mísera luz con que me alumbro. —/ Y aquí desde mi lecho/ Te miro, y no me extraña/ Si tú vives en mí, que venga estrecho/ A mi gigante corazón mi pecho!/ […] Te miro, oh madre, y en la vida creo!/ ¿Cómo cerrar al plácido descanso/ Los agitados ojos, si te veo?»
El año 1871 fue importante en la vida del joven de 18 años que llegó deportado a España, a pesar de estar enfermo y de haber sufrido dos intervenciones quirúrgicas desarrolló una amplia labor escritural, comenzó sus estudios universitarios, creció como intelectual y maduró su pensamiento político. La estancia en el país ibérico fortaleció las ideas libertarias de José Martí.
Acerca del autor
Dr. C. Ricardo Hodelín Tablada*
Médico e Investigador histórico. Doctor en Ciencias Médicas. Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Neurocirujano del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente “Saturnino Lora”. Santiago de Cuba. Miembro de la Uneac, de la Unhic y de la Scjm.

