Para el camagüeyano Camilo Bonet Pérez no hay otra manera de resolver problemas que mediante la ciencia. Para él el trabajo está vinculado con la investigación y esta constituye la herramienta ideal para todo. Pero no lo asegura desde la terquedad de las canas, sino gracias a la experiencia heredada tras 50 años de labor y 15 dedicados completamente a investigar.

Camilo labora en el Instituto de Investigaciones de Ingeniería Agrícola de Camagüey. Allí alcanzó la categoría de investigador titular y por su dedicación mereció el pasado año la orden Carlos J. Finlay, distinción que se otorga a quienes cuentan con una trayectoria profesional excelente.
Pero para Camilo él no ha hecho más que cumplir con su deber. «Cuando me gradué, recuerda, hace muchos años, siempre había mostrado inclinación por la investigación. Por aquella etapa eso era importante, pero había que ir donde te mandaran.
«Me vinculé entonces a la región de Ciego de Ávila, trabajé en la universidad de esa provincia y formé mi familia. Y en el 2004, cuando regresé de misión, me ofrecieron la posibilidad de trabajar en el Instituto, donde me he podido dedicar a la investigación, que es lo que más me gusta».
Desde entonces varios han sido sus aportes, pero uno de los que más recuerda es el relacionado con la tesis doctoral, el cual abordaba el cultivo de la piña en Ciego de Ávila, en particular la organización del riego.
«En Cuba, detalla Camilo, antes no se regaba ese cultivo y a partir de allí sí. Esos resultados se han publicado incluso fuera del país, porque un riego adecuado aumenta significativamente los rendimientos de ese cultivo que son bastante resistentes a la sequía.
«La investigación demostró científicamente el aumento de los rendimientos y la posibilidad de sembrar el año entero y acelerar el ciclo de maduración».
Otro aporte ha sido el logrado con el proyecto internacional denominado Bases ambientales para la sostenibilidad alimentaria local o como es conocido por sus siglas, BASAL.
«Gracias a esto, asegura Camilo, hemos estado estudiando el uso eficiente del agua para la ganadería. Es un tema importante, sobretodo porque nos enfocamos en la calidad del agua, lo cual contribuye con la salud de los animales y la calidad de la leche».
Camilo ya tiene 74 años y está jubilado, pero no piensa dejar de trabajar. Mientras pueda, dice, seguirá aportando y ayudando a formar a las nuevas generaciones. Algo de lo que vive orgulloso y siente como uno de sus mayores logros, «porque trabajar e investigar es algo que prefiero y guiar a otros por ese camino de ciencia resulta vital».

