¿Acaso perdió la popularidad y el reconocimiento que lo ubicaban como parte del patrimonio cultural cubano?
Ante estas interrogantes recorrí diferentes secciones sindicales del territorio, donde al entrevistar a sus secretarios generales observé cómo algunos se consideran casineros, mientras otros se autodenominan “zurdos”, porque sus pies no logran seguir el paso del baile de salón más popular de Cuba. Este género, representativo de nuestra identidad musical, fue impulsado por figuras reconocidas como el maestro Adalberto Álvarez.

Desenredando pasillos
Unos opinan que sus pasillos son complejos; otros señalan que requiere de una pareja, liderada casi siempre por el hombre, quien guía a la mujer y, sin perder el paso básico, combina el ritmo con movimientos de piernas e improvisa giros rápidos y continuos.
En las ruedas de casino también se realizan paradas momentáneas y cambios al compás de expresiones que aportan una típica cubanía a este evento sociocultural, surgido en la década del 50 y con gran influencia en la creatividad y diversidad de nuestra música bailable.
El casino floreció en 1956 como costumbre en sociedades de recreo, clubes y salones donde actuaban agrupaciones famosas de la época.
En mi recorrido encontré como líder de esta iniciativa al sindicato de los trabajadores de las Comunicaciones, la Informática y la Electrónica, encabezado por su secretaria general, Yanet Almarales Wilson.
Comenzamos con el montaje de la rueda de casino como una diversión entre varios trabajadores de la división de telecomunicaciones de Etecsa. Nos salió bien, entonces la perfeccionamos y la presentamos en los festivales de aficionados auspiciados por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Desde 2018 la llevamos tanto a actividades de la empresa como a galas culturales.

La hemos ido puliendo y sumando parejas. Tal es así que en el festival municipal de aficionados de la CTC alcanzamos el premio de la popularidad y el primer lugar en la categoría de Danza. Obtuvimos iguales galardones en la conmemoración de las casas de cultura y también la presentamos en el malecón, como parte de las acciones por el Día del Son.
Disfrutamos el desarrollo estilístico y coreográfico alcanzado. Los mismos obreros del gremio refuerzan el aprendizaje de este baile, símbolo de cultura nacional y tradición. Con esta rueda del sector de las comunicaciones pretendemos llevarle la delantera al reguetón, involucrar además a nuestras familias, escuelas y comunidades cercanas.”, concluyó Almarales Wilson.
La dirigente sindical añadió: El hecho de que muchos apenas sepan mover sus pies también se debe a esos personajes llamados sonidistas, quienes en algunos casos se creen dueños y señores para ‘obligar’ a consumir el género musical de su preferencia. Con esta actitud establecen relaciones de poder con el público, subordinándolo a escuchar o bailar una música que tal vez no sea de su agrado.”
Bailemos todos
Aún hay tiempo de multiplicar el entusiasmo de este gremio en torno al casino, me dijo. Así devolveríamos a este baile de salón su reverencia e inundaríamos las plazas marcando tiempos y compases, en representación del cubano alegre y de nuestra identidad cultural e idiosincrasia.
Foto 1:
Foto 2: Desde 2018 se presentan en diferentes actividades demostrando su desarrollo estilístico y coreográfico.

