Uno los grandes exponentes del panorama literario contemporáneo en Cuba, es Virgilio López Lemus (Fomento, Sancti Spíritus, 22 de octubre de 1946), destacado poeta, ensayista, traductor, crítico, profesor e investigador literario, cuya obra ha dejado una huella imborrable en la literatura hispanoamericana, razón por la que fue reconocido con el Premio Nacional de Literatura 2025, un galardón que subraya su importancia en la escena literaria y su compromiso inquebrantable con la palabra, cuyo otorgamiento motivó esta entrevista con el también Investigador Literario Titular en el Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba.

—¿Cómo se introdujo en el mundo de la literatura y cuáles fueron sus primeras influencias?
—En verdad no “penetré en el mundo literario”, sino que la poesía me atrajo desde mi infancia, mi primer libro poético fue un regalo de mi abuelo paterno a mis siete años de edad, llamado El arquero divino, de Amado Nervo, pero mi descubrimiento juvenil de la poesía estuvo de las manos (las obras) de José Martí, Julián del Casal, Gustavo Adolfo Bécquer, Rubén Darío, Rabindranth Tagore y luego Walt Whitman, Federico García Lorca y por fin Antonio Machado.
—Su formación en Lengua y Literaturas Hispánicas y su posterior doctorado en Ciencias Filológicas son fundamentales en su carrera. ¿Cómo considera que su educación ha impactado su enfoque hacia la literatura?
—Creo que el dossier docente es fundamental para quien a la corta o a la larga será un ensayista, un crítico literario y de arte. No soluciona todos los asuntos de la formación, pero ofrece información, método, disciplina analítica. Agradezco inmensamente haber tenido al final de mi adolescencia profesores como Mirta Aguirre, José Antonio Portuondo, Roberto Fernández Retamar, Beatriz Maggi, Isabel Monal, Ofelia García Cortiñas, Lucila Fernández, Salvador Bueno, entre otros que ayudaron a organizar mi manera de ver el hecho literario.
—Usted ha recibido varios lauros a lo largo de su carrera, incluyendo el prestigioso Premio Internacional de Ensayo de Investigación en Humanidades Millares Carlo, de las Islas Canarias. ¿Qué importancia le atribuye a estos galardones, tanto en lo personal como en lo profesional?
—Luego de pasar una juventud y mediana edad “despremiada”, sin recibir más estímulo que el de mi propio trabajo apasionado por la poesía, el siglo XXI me ha traído diversidades de reconocimientos, premios, distinciones, incluso condecoraciones de Cuba y de algunos otros países. Creo que un autor, un artista, necesita ser reconocido porque su labor de utilidad social no es de anonimato. Los que he recibido han sido para mí motivo de gratitud, como el Premio Rafael Alberti de Poesía, el Indio Naborí por la obra de la vida, el que mencionas, que es un muy notable premio español, o los que he recibido por concursos como los de Ensayo de la Uneac, y el Alejo Carpentier o varios obtenido en el seno de la Academia de Ciencias de Cuba, entidad de la que soy Académico de Mérito, lo cual es muy honroso. A la par de estímulos, significan que otras personas han notado en mi trabajo algún valor de utilidad, lo cual agradezco mucho.
—Como traductor y crítico literario, usted ha contribuido a la difusión de la literatura hispana. ¿Cuáles son los principales retos que enfrenta al traducir obras, y cómo selecciona los textos que traduce?
—Qué bueno, mi noble amigo Rivas, que me preguntas por la labor como traductor, que es asimismo trabajo de creación cuando uno traduce (en mi caso del portugués) obras de poesía, narrativa, ensayos… Uno tiene que amar el segundo idioma, como ama y aprecia la belleza del natal, luego ha de ser apasionado divulgador y sentir el placer de pasar una obra de un idioma a otro con la mayor calidad literaria que sea posible. Creo que mi mejor trabajo con el portugués ha sido verter al español el clásico del siglo XVII llamado Arte de furtar (Arte de hurtar), a saber nunca antes traducido a mi idioma de cuna, y que consumió unos tres años de trabajo atento y hasta erudito. Es un libro riquísimo en su interior y muy divertido. A veces un traductor no selecciona, sino que le ofrecen una obra determinada, casi siempre convertida en un rico reto por vencer, al menos esa ha sido mi experiencia, con una labor casuística, que se suele asumir con una secreta alegría.
—¿Existen autores o movimientos literarios que haya considerado fundamentales para su desarrollo como escritor?
Claro que sí existen. Ya mencioné a Antonio Machado y añado el gran reto de leer con hondura a dos grandes cubanos: José Martí y José Lezama Lima. Lo que me han aportado de gozo y saber Arthur Rimbaud, Rainer Maria Rilke y Fernando Pessoa sobrepasa la simple experiencia como lector. El estudio de las Vanguardias y de la corriente coloquialista de la poesía cubana, así como la obra plena de Samuel Feijóo, son algunos de mis hitos esenciales en materia de investigación y como impulso para mi propia escritura creativa. Mucho me ha aportado el estudio de la filosofía europea y en especial del ensayista francés Gaston Bachelard.
—Usted ha sido reconocido con el Premio Maestro de Juventudes 2019. ¿Cómo percibe la relación entre su generación de escritores y las nuevas voces de la literatura?
—Bueno, este es un Premio que se recibe con cariño, que honra y a la vez ofrece una grata sensación de que uno ha sido útil. Diría que entre todos los premios, este ofrece un legítimo sentido de belleza, porque si uno se ha esforzado por ser de utilidad a muchos jóvenes y a algunos en particular, sin buscar por ello ningún otro mérito que el de la utilidad, entonces da mucha alegría ver que se ha cosechado para bien entre gentes de nueva generación, no necesariamente solo escritores. Las huellas de ese intercambio entre personas de diferentes generaciones son inmedibles, sutiles y a veces hasta olvidadas o ignoradas, de modo que recibir un Premio por haberle sido fiel a la relación intergeneracional tiene tintes de maravilla.
—En su opinión, ¿cuál es el papel del crítico literario en la actualidad? ¿Debería ser un mero analista de textos o también un mediador entre el autor y sus lectores?
—Sigo la opinión de Juan Marinello, quien escribió que un crítico debe juzgar, orientar y crear. La crítica literaria es arte del juicio, de la opinión a veces arriesgada, pero también de formación de lectores y de ayuda a escritores, pero implica creatividad, buena prosa, copiosa información y cultura para el oficio. Claro que debe ser un analista, pero el sentido de puente entre las obras, los emisores o autores y los receptores o lectores, es de vital y básica e ineludible importancia. Por ejemplo, el sector de la oralidad decimista y repentista cubana está desprovista de críticos serios, conocedores de poesía y también de música, de elementos del folclore y del oficio de un improvisador. Mucho polvo levantaría un crítico sagaz y valiente de este sector entre tanta creatividad bellísima en la cultura cubana.
—Al mirar hacia el futuro, ¿qué proyectos tiene en marcha?
—No me gusta revelar mis planes, me da un extraño temor de inclumplirlos. Puedo decir que continuaré escribiendo poesía, abriéndome a derroteros narrativos y de literatura para la infancia, estudiando poéticas y ofreciendo mis opiniones acerca del hecho poético en sí.
—¿Qué consejo le daría a los jóvenes escritores que aspiren a seguir sus pasos en el campo de la poesía y el ensayo?
—¿Seguir mis pasos? ¡Que sigan los suyos! Que usen las influencias necesarias de las lecturas para elevarse, tener cultura para la poesía, para la crítica, para cualquiera que sea el género que cultiven. Que no se aferren a consejo alguno, sino que lo evalúen y sigan sus propios mandatos personales. Confío plenamente en el futuro brillante de la literatura y el arte cubanos, que desarrollarán los que ahora mismo son biológicamente jóvenes. La juventud pasa, la cultura aumenta. No hay que dejarse derrotar ni apartar del camino creativo por nada de este mundo, sobre todo cuando se es consciente del talento que se posee.
—En un mundo cada vez más digitalizado, ¿cómo ve la relación entre la tecnología y la literatura? ¿Cree que las plataformas digitales han cambiado la forma en que se crea y se consume la literatura?
—Pues la verdad que quedarse atado a como se escribía hasta el siglo XX, puede ser un grave error. Antes de Gutenberg había libros, ahora vamos superando, no rebasando ni negando, la era del solo libro sobre papel. Están surgiendo nuevos tipos de lectores, la literatura mundial tendrá que ser “traducida” a las nuevas técnicas de divulgación. La lectura digital se impondrá mucho más, aparecerán nuevos modos de hacer a la lectura algo eficaz y propio de los nuevo tiempos. Véase que el cine no derrotó al libro sobre papel, ni la radio ni la televisión eliminaron las lecturas de libros, el desarrollo humano es de suma, no de resta brusca en el mundo de la literatura. Quien piense que hay que sustituir el libro sobre papel por el digital está en error flagrante, ambos modos tienen razón de ser, pero el libro sobre papel es una gran conquista de la especie humana, al que le queda mucho camino por recorrer. Inclinar la balanza ahora por razones económicas y coyunturales (que a veces obligan mucho) hacia solo el libro digital no parece una solución dichosa. Otra cosa es que se prefiera leer de un modo o de otro, lo importante es que se prefiera leer.

