Educación de la primera infancia: ¿Dónde dejo a mi hijo para trabajar?

Educación de la primera infancia: ¿Dónde dejo a mi hijo para trabajar?

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Foto: Yudaisis Moreno Benítez

El silencio me sorpren­dió. Hace años, desde la acera, se escuchaban el canto de las educadoras y la algarabía de los niños mientras aprendían y compartían con otros pequeños. Hoy, en el círculo in­fantil Barquito de Papel, en Nuevo Vedado, apenas asisten ocho. Muy distante en el círculo infantil Ca­rrusel de Colores, en la Zona Espe­cial de Desarrollo Mariel (ZEDM), una madre deja a su hijo tras el portón verde sin mirar atrás, sos­tenida solo por la certeza de que allí está en buenas manos.

Entre ambos extremos se des­pliegan alternativas que ya forman parte del panorama cotidiano: las casitas infantiles y los cuidos. Las primeras, lejos de ser una moda re­ciente, responden a la Resolución 58/2021 del Ministerio de Educa­ción (Mined), con antecedentes que se remontan a 1993, y funcionan en empresas, unidades presupuesta­das, cooperativas y otras organiza­ciones.

Los segundos, asociados a las formas de gestión no estatal —mu­chas veces ilegales— implican pagos que duplican el salario promedio a cambio de atención personalizada.

Son tres escenarios que convi­ven en una misma realidad y que conducen a una pregunta inevita­ble que involucra a cientos de fa­milias y madres trabajadoras: ¿qué tan equitativo es el acceso al cuida­do infantil en el país?

María de los Ángeles Gallo Sánchez, directora nacional de Educación de la Primera Infancia, explica que el cuidado infantil se organiza en dos modalidades: ins­titucional (círculos, casitas infanti­les y preescolar en las primarias) y la no institucional con el programa Educa a tu Hijo.

Los números revelan que en Cuba existen mil 77 círculos infan­tiles con una matrícula de 121 mil 800 niños, aún hay 7 mil 954 solici­tudes pendientes, sobre todo en La Habana. Actualmente permanecen cerrados 28 centros —23 de ellos en la capital— debido a problemas constructivos, déficit de personal y uso ineficiente de las capacida­des. Para revertir esta situación, un plan de reparación y mantenimien­to permitió intervenir 115 institu­ciones y la apertura de tres nuevas: dos en Guantánamo y una en la ZEDM en el 2025.

El círculo infantil Carrusel de Colores, inaugurado en agosto del año pasado en la comunidad Ca­guairán, en Artemisa, es uno de ellos. Es el primero construido en los 15 años transcurridos desde la creación de la provincia, con 180 capacidades y 125 cubiertas, como explica Marlenis Machín Sánchez, jefa del Departamento de la Prime­ra Infancia en la Dirección Provin­cial de Educación.

Carrusel de Colores es la primera obra, de lo que será un Complejo Educacional en Caguairán, Mariel, y no solo para trabajadores de la ZEDM. Foto: Yudaisis Moreno

Al frente de la institución Ana Ibet Gómez Laza, licenciada en Educación Preescolar, describe sa­lones espaciosos, con iluminación y ventilación ideales, áreas exte­riores y las de servicios con buenas condiciones. Pero matiza que “no hay mobiliario para el personal docente, insumos ni personal para limpiar. Antes los padres pagaban 3 mil pesos en moneda nacional en un cuido, mientras ahora prome­dian 40 pesos en este círculo.

En cuanto a la alimentación, las ofertas muestran un equili­brio entre lo disponible y lo que es posible. “La proteína está se­gura y con variedad; de granos solo arroz, y de vianda, por ejem­plo, calabaza y plátano, este úl­timo lo maduramos para hacer jugos y ofertar en las meriendas”, añadió.

Machín Sánchez aclara que del nivel central llega un mínimo de los abastecimientos necesarios. “Hay municipios donde no les fal­ta a los pequeños ni el yogur ni la leche porque los gobiernos del te­rritorio se ocupan. El presupuesto y la autogestión son insuficientes”, asiente.

Hay una paradoja difícil de ig­norar: aún quedan capacidades sin utilizar por la falta de demanda, mientras más de 400 madres tra­bajadoras —principalmente de los sectores de educación, salud pú­blica y del Poder Popular— siguen esperando en la provincia por un círculo infantil. “Tenemos salones cerrados por su estado construc­tivo y por la escasez de auxiliares pedagógicas, no obstante, se logró garantizar la atención a diferentes etapas de la vida del niño mediante 238 alternativas”, detalla Machín Sánchez.

Las limitaciones en la variedad y cantidad de los alimentos tienen causas conocidas, ¿a nivel local se gestionan todas las opciones?, ¿se controlan?, ¿se acompaña?, ¿qué pasa con el presupuesto asigna­do? Preguntas como estas reciben dudosas respuestas, muy pareci­das a las planteadas en otras ins­tituciones. Lo confirma Maindra Domínguez Favier, directora del círculo infantil Barquito de Papel. Su matrícula se cuenta con pocos dedos de las manos —ocho niños en total— y, aun así, cada mañana, el círculo abre.

“Disponemos de cinco salones, ahora solo utilizamos uno por la es­casa matrícula. Somos pocas per­sonas, he tenido que fungir como directora, educadora, cocinera y administradora”, explica y seña­la el salón donde el paso del ciclón Rafael dejó sus secuelas. Una rama cayó sobre el techo y todavía per­manece allí, recordando lo que fal­ta por reparar. Aun así, insiste en que “tenemos que echar esto hacia delante”.

 

Casitas infantiles: soluciones posibles, tensiones reales

La solución no pasa hoy en muchos lugares por abrir o reparar un cír­culo, sino por recurrir a una moda­lidad que ha crecido discretamente y que resuelve a miles de familias: las casitas infantiles. No surgieron para sustituir los círculos, pero en la práctica se han convertido en el puente —a veces frágil, a veces efi­caz— entre la demanda y las posi­bilidades reales del sistema.

“Lo esencial —insiste Gallo Sánchez, directora nacional de Educación de la Primera Infan­cia— es que sean sostenibles en el tiempo”. Su crecimiento ha sido notable: en el 2025 existían 295 ca­sitas infantiles en el país. De ellas, 138 son del sector de educación y las otras 157 comprenden a orga­nismos con más de 6 mil 300 niños matriculados. Su funcionamiento interno depende de los recursos que aporten los empleadores, lo cual ge­nera diferencias marcadas entre te­rritorios y sectores.

La esencia de estas casitas no es solo custodiar, sino también educar. Se imparten las mismas activida­des pedagógicas que en los círculos infantiles, adaptadas para atender a diferentes grupos de edad en un mismo espacio.

 

Beneficios que trascienden el cuidado

Algunas casitas infantiles operan en locales amplios, ventilados y con personal estable; otras sobreviven en viviendas adaptadas con recursos mínimos. La Empresa de Cemento Mártires de Artemisa apostó por la casita infantil Construyendo Sue­ños, con 11 niños y una capacidad para 20, asume la alimentación, la plantilla de las maestras con bene­ficios de utilidades y otros estímulos como el resto del colectivo, testificó Yamilé Tabares Esquijarosa, direc­tora de Capital Humano.

Muchos actores económicos apoyan con alimentos la casita infantil de la Empresa de Cemento Mártires de Artemisa, y los niños viajan con sus padres en el transporte de la fábrica. Foto: Yudaisis Moreno

Allí Ideliza Sánchez Gómez, li­cenciada en Educación, volvió al sector después de años desvinculada y ahora trabaja junto a tres asisten­tes. “Buenas experiencias nos acom­pañan como el del familiar de un obrero de la fábrica, que, sin tener un niño en la casita infantil, dona semanalmente un tanque con leche, mientras que campesinos cercanos entregan viandas, frutas, vegetales; además, actores económicos que tie­nen relaciones contractuales con la fábrica nos abastecen de jugos, pro­teínas y demás productos”, relató.

Modelos similares funcionan en otras entidades del territorio y del país con resultados diversos según los recursos disponibles. En Baya­mo, provincia de Granma, la Empre­sa de Construcción y Montaje Coin­gex inauguró en el 2025 la casita Constructores del Futuro que inició con 10 niños, y en estos momentos atiende a 21, incluidos pequeños de familias vulnerables de la comuni­dad. “Nos hemos abierto a resolver necesidades de otras instituciones e incluso del barrio”, explica Yuden­nis Machado Fabré, su coordinado­ra. El espacio es organizado, limpio y equipado para garantizar una ali­mentación adecuada y el bienestar general de los pequeños.

Para las familias el impacto es inmediato. “Podemos concentrarnos en el trabajo sabiendo que nuestros hijos están cerca, en un entorno se­guro y educativo”, enfatiza Diana Vega, madre de una de las niñas. Además, destaca que el servicio tie­ne un costo menor que los cuidados privados, con la ventaja de ofrecer protección, asistencia médica y edu­cación.

Las casitas infantiles alivian, eso sí, evidencian desigualdades: no todas las familias tienen detrás una entidad capaz de sostenerlas. Donde no existe un centro laboral con ca­pacidad para abrir una de estas se presenta la última alternativa: los cuidos privados.

 

Opciones privadas… ¿la solución?

Los cuidos son hogares privados adaptados y dedicados al cuidado de niños, especialmente en zonas en las que no hay casitas ni círculos dispo­nibles, en los cuales la atención recae en una sola persona, casi siempre una mujer. No son instituciones edu­cativas formales, pero sí emprendi­mientos que han ganado terreno por su flexibilidad y por la posibilidad de ofrecer un trato más personali­zado.

Foto: Aparicio Lao, tomada del periódico Granma

Un ejemplo es el hogar de Án­gela Hernández García, cuidadora del municipio capitalino de Playa en La Habana, quien atiende a cin­co niños por 3 mil pesos mensuales cada uno en un horario de 8:00 a. m. a 5:00 p .m. Su trabajo combina jue­gos interactivos para aprender los colores y figuras geométricas, ac­tividades de recorte y dibujo, así como normas de conducta y buenos modales.

“Les enseño cómo ser más in­dependientes: a lavarse las manos, a ordenar sus cosas”, subraya. Para Ángela, esa autonomía va de la mano con la higiene: cada niño usa sus propios utensilios, la limpieza del local se mantiene y se vigilan alergias u otros padecimientos. Su propósito, insiste, es complementar la educación del hogar y potenciar capacidades en coordinación con las familias.

La experiencia de los padres confirma por qué esta modalidad gana terreno. Gabriela Machado Pérez, del habanero barrio de Law­ton, necesitaba un cuidador para su bebé de 10 meses, edad en la que aún no es admitido en un círculo infan­til. Pero su decisión no fue solo por urgencia: “En el círculo hay unos 30 niños para una auxiliar; en el cuido son menos de una decena”, abundó.

La confianza influyó, pues la cuidadora los atendió a ella y a su hermano cuando eran pequeños. Su hijo tiene alergias, por lo que Ga­briela prepara y envía la comida. “Eso no podría garantizarlo en una institución estatal”, apunta. En el cuido desarrollan acciones básicas de estimulación temprana y mantie­nen estricta higiene.

La modalidad no se limita a la capital. En Artemisa, mil 231 niños son cuidados por asistentes para la atención educativa, una alternativa reconocida y aprobada para el tra­bajo por cuenta propia (TCP).

Para Raymí Tabares, madre cuentapropista, las ventajas son claras: “El cuido está cerca de mi trabajo y de donde vivo. Convenio los horarios de entrada y salida. La comida corre a mi cargo. Pago 3 mil pesos, aunque hay opciones más mo­destas de mil 500. Dos veces por se­mana llevo a mi hijo a las clases del programa Educa a tu Hijo para pre­pararlo para el preescolar porque la educadora no va a la casa”, aclara.

 

El dedo en la llaga

Cada modalidad responde a reali­dades distintas, el cuidado infan­til aún enfrenta desafíos que no se pueden ignorar. Los cuidos priva­dos han sido una posibilidad para pocas familias, aunque muestran la urgencia de fortalecer la super­visión.

Cada comunidad y los centros aledaños deben sensibilizarse con los círculos infantiles, pues estos forman seres útiles. Foto: Yudaisis Moreno

Con apoyos puntuales —como la reparación de 21 círculos infan­tiles en La Habana con el respaldo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef)— el balance es insuficiente: apenas cuatro nuevas instalaciones en los últimos años ante una demanda que no se detiene.

El reto es lograr que todas las opciones —estatales, comunitarias o privadas— funcionen con están­dares comunes de bienestar y se­guridad. El país ha desarrollado soluciones diversas, mas ese mapa no es homogéneo. Mirarnos por dentro implica reconocer esas di­ferencias y mover el pensamiento hacia gestiones más ágiles, enca­denamientos productivos y apoyos locales que sostengan el cuidado allí donde hoy se resuelve con más voluntad que recursos.

Las casitas infantiles y los cui­dos han surgido con creatividad y compromiso, pero aun así revelan brechas: no todas las entidades pueden sostener una casita ni to­das las familias pagar un cuido. Por eso, fortalecer los círculos in­fantiles sigue siendo una necesi­dad estratégica. Atenderlos mejor —como la red más amplia y con vocación universal creada por Vil­ma Espín el 10 de abril de 1961— implica garantizarles estabilidad, recursos y acompañamiento real. Apostar por la primera infancia es, en definitiva, asegurar el futu­ro del país.


Acerca del autor

Desde 2005 el periodismo me abre las puertas en Radio Artemisa, con la posibilidad de reorientar mi carrera al cursar estudios en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Soy licenciada en Educación, en la especialidad de Defectología, y ya había cumplido varias tareas, incluso en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Los resultados en el medio radial me condujeron a que, en 2011, al crearse la provincia de Artemisa, ocupara la responsabilidad de Corresponsal Jefa de la Agencia de Información Nacional, nombrada poco después Agencia Cubana de Noticias.
En ese mismo tiempo, alternaba como parte del ejecutivo de la Unión de Periodistas de Cuba, en el territorio, y posteriormente me desempeñé como su Presidenta; hasta que, en agosto de 2014 la dirección del Partido me designó directora del su Órgano Oficial, el periódico El Artemiseño, labor que continúo desempeñando.
Las funciones de dirección siguen aportando a la pasión por el periodismo, de ahí que mantenga publicaciones del acontecer de mi provincia en mi órgano de prensa Artemiseño, y en medios nacionales de comunicación, con mayor estabilidad, y representando tanto de compromiso como de orgullo, en el periódico Trabajadores.

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