Desde los albores de la Revolución Cubana en 1959, la cultura ha sido un bastión fundamental en la construcción de la identidad nacional. Sin embargo, las amenazas de agresiones e intervenciones de Estados Unidos sobre la isla, así como el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a la nación por más de seis décadas han planteado riesgos significativos para la preservación del patrimonio cultural y los logros sociales alcanzados.
La Revolución Cubana no solo significó un cambio político; representó una transformación radical en el acceso y la producción cultural. Las políticas implementadas en la década de 1960 promovieron la educación gratuita y el acceso a las artes, permitiendo que millones de cubanos se convirtieran en parte activa de su cultura. La creación de instituciones como el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas institucionalizaron la producción artística, brindando voz a las diversas corrientes del pensamiento cubano y fomentando un sentido de pertenencia colectiva. La música, el cine, la danza, el teatro y la literatura florecieron, inspirando movimientos artísticos que resonaron en todo el mundo.
Ataques a nuestra esencia cultural
A lo largo de la historia en estos 67 años de Revolución, Estados Unidos ha llevado a cabo diferentes formas de agresión contra Cuba, desde la invasión de Playa Girón hasta el cruel bloqueo económico. Estas acciones no solo han tenido un impacto directo en la economía, sino que han buscado debilitar la identidad cultural de la isla. El acceso restringido a bienes culturales, la limitación de intercambios artísticos y el cerco informativo han devastado la capacidad de Cuba para sostener y desarrollar su riqueza cultural, en tanto despojarla de su carácter inclusivo y democrático.
Ante las crecientes amenazas de injerencia de Estados Unidos, se corre el riesgo de que la cultura deje de ser un disfrute espiritual compartido por la comunidad para convertirse en un privilegio reservado para unos pocos. La privatización del acceso a las artes, impulsada por intereses comerciales foráneos, puede crear una brecha insalvable entre quienes tienen los recursos para acceder a la cultura y quienes quedan excluidos.
Imaginemos un futuro en el que el acceso a la música en vivo, a la literatura o al cine dependa de la capacidad económica de las personas, a costos elevados e inaccesibles. Así, las expresiones culturales que antes fueron instrumentos de resistencia y unidad, se convertirían en objetos de consumo elitista, haciendo que la cultura pierda su esencia. La posibilidad de que la música tradicional cubana o el arte visual de la isla se vuelvan mercancías de lujo accesibles solo para turistas adinerados sería un golpe devastador para la identidad nacional.
Cultura y resistencia
Históricamente, la cultura cubana ha demostrado su capacidad para resistir frente a adversidades externas. Artistas e intelectuales han utilizado la creación como acto de resistencia, creando espacios de crítica y reflexión. En estos momentos de incertidumbre, es vital que la comunidad artística se una para reafirmar su compromiso con la cultura en beneficio popular y volver a poner el énfasis en el acceso universal a las manifestaciones culturales. La resistencia cultural se manifiesta no solo en la creación y difusión del arte, sino también en la defensa del patrimonio y en la promoción de la diversidad cultural.
Durante estos años de duro batallar en defensa de nuestra patria y de los principios socialistas que la rigen, que es decir de nuestras identidad y cultura, los enemigos de la Revolución cubana, dentro y fuera del archipiélago nacional, atacan a la cultura, a sus dirigentes y a los intelectuales y artistas, con infundios que hacen proliferar, sobre todo, a través de las redes sociales.
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, estimuló, y en muchas ocasiones lideró disímiles programas de masificación de la cultura, gestión en la que el Consejo Nacional de Casas de Cultura ha emprendido un encomiable trabajo social y cultural, fundamentalmente en la promoción de valores y la defensa de las tradiciones y la identidad. En esa labor sobresalen los profesores instructores de arte y los promotores culturales, amén de las contribuciones que, en tal sentido, realizan los artistas aficionados.
Asimismo, hay que destacar el papel de la Brigada de Instructores de Arte José Martí; así como el apoyo que las instituciones culturales, encabezadas por el Ministerio de Cultura, ofrecen al trabajo comunitario; en tanto intensifican sus respectivas acciones en defensa de la cultura nacional, asunto en el que las organizaciones de artistas e intelectuales, como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Unión de Periodistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura desempeñan un importante papel.
Uno de los logros más significativos de la Revolución Cubana ha sido la alfabetización y la promoción de la educación como un derecho universal. La educación no solo ha permitido que más cubanos accedan a la cultura, sino que ha creado generaciones de artistas, escritores y pensadores que continúan enriqueciendo el panorama cultural de la isla. En un contexto de amenazas de agresión, es esencial seguir fortaleciendo la educación como herramienta de preservación cultural.
Los programas educativos existentes en las escuelas de enseñanza artística, creados desde los primeros años de la Revolución, integran el estudio de la historia cubana, la música, la literatura, las artes visuales, y demás expresiones artísticas, métodos que son necesarios para empoderar a las nuevas generaciones y fomentar su conexión con la rica tradición cultural del país. Al cultivar un sentido de pertenencia y orgullo por nuestra herencia, se ha fortalecido la resistencia ante cualquier intento de desnaturalizar la cultura cubana.
“La cultura no fue jamás para Fidel algo ornamental. La llamó muchas veces ´escudo y espada de la Nación´: el escudo que la resguardará frente a las influencias desintegradoras de nuestro núcleo identitario y la espada capaz de llegar muy lejos, así como de transportar y defender la verdad de Cuba en los sitios más remotos del resto del mundo”, expresa el prestigioso escritor y presidente de la Casa de las Américas, Abel Prieto Jiménez, en su artículo titulado Sin cultura no hay libertad posible, publicado en Cubadebate el 13 agosto de 2022.
En su texto, Abel asegura que el líder de la Revolución Cubana veía a la cultura “como una energía transformadora de enorme trascendencia, asociada a los valores, a la conducta, a la ética, a la calidad de vida; capaz de contribuir decisivamente al ´mejoramiento humano´, tal como lo había indicado el Apóstol de la independencia de nuestro país, José Martí. Pero Fidel la vio, sobre todo, como el único instrumento imaginable para la emancipación de los seres humanos”.
La solidaridad internacional
Ante el panorama sombrío que representaría una intervención yanqui, la solidaridad internacional juega un papel crucial en la defensa de la cultura cubana. Muchos artistas y académicos de diversas partes del mundo han manifestado su apoyo a la causa cubana, contribuyendo a visibilizar el impacto que pueden tener las agresiones en la cultura de la isla. A través de iniciativas de intercambio cultural y colaboraciones artísticas, se han construido puentes que fortalecen nuestra identidad y fomentan la resiliencia.
La cultura cubana cuenta con aliados que, desde el exterior, reconocen su valor intrínseco y la defienden contra los embates de la hegemonía cultural impuesta por el gobierno de Estados Unidos encabezado por su demente presidente.
Vale razonar que una agresión estadounidense contra Cuba no debe limitarse a entenderse sólo como un conflicto político, sino como un ataque a la esencia misma de la cultura cubana. Una intervención yanqui amenazaría con transformar la cultura de un espacio de disfrute colectivo a uno de exclusividad, donde solo unos pocos pueden acceder a los frutos de la creación artística. Es imperativo que la sociedad cubana actúe de manera decidida para preservar y defender su riqueza cultural y su legado social.
La educación, la resistencia artística y la solidaridad internacional son las herramientas fundamentales que permitirán a Cuba afrontar esta encrucijada. Solo a través del compromiso colectivo de defender la cultura como un derecho de todos, se podrá asegurar que la Revolución continúe siendo un faro de esperanza, unidad y progreso para todas las generaciones futuras. La cultura cubana debe permanecer como un patrimonio compartido que celebre y reivindique la diversidad de su gente, en lugar de convertirse en un objeto de consumo elitista. En este sentido, la lucha cultural se convierte en una lucha por el alma de la nación.