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La CTC en tres tiempos

28 de enero de 1939: los trabajadores cubanos llevaron a la práctica el legado unitario de José Martí, con la constitución de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) que desde su surgimiento proclamó que lucharía por las reivindicaciones de las masas laboriosas que sufrían la explotación de la oligarquía criolla sometida al imperialismo, y a la par defenderían los intereses de la nación.

 

 

Los años 40 se caracterizaron por grandes batallas de la CTC encabezada por Lázaro Peña que les arrancaron importantes conquistas a los explotadores en diversos sectores. Según datos incompletos por la maniobra de los capitalistas de falsear los libros de contabilidad para burlar al fisco y ocultar sus ganancias, en los primeros cuatro años de esa década se ganó para los obreros de industrias, comercios, transporte y otras actividades, 264 millones de pesos en aumentos de salarios. Ello a pesar de que la organización no logró su personalidad jurídica hasta 1943.

Sobre la satisfacción que causó esa medida, comentó un editorial del periódico Hoy de fecha 9 de abril de ese año, donde se expresaba: “(…) la Confederación de Trabajadores de Cuba ha trabajado no solo para el beneficio de la clase obrera, sino también y muy eficazmente, para el mejoramiento de todo el pueblo, para la afirmación de la democracia cubana, para el desarrollo económico nacional, para la derrota del fascismo, el triunfo de la guerra y la consolidación de la independencia patria.”

En todos esos frentes había sobresalido su actuación, como ocurrió con la creación en todo el país de los comités de ayuda a la URSS y numerosas iniciativas solidarias entre ellas la adoptada por los trabajadores de enviar 40 mil sacos de azúcar y un millón de tabacos a la Unión Soviética. En el contexto de la II Guerra Mundial la CTC adoptó la política de todo para derrotar al nazismo y consideró como la primera tarea de la nación realizar los mayores esfuerzos en la producción para facilitarles a los países de la alianza antifascista los suministros de alimentos y otros productos, y recomendó a los obreros no interrumpir la producción con huelgas sino defender sus reivindicaciones a través de negociaciones.

Un ejemplo de cómo la Confederación trató de aprovechar la coyuntura para la reestructuración de la economía nacional sobre bases de desarrollo industrial y diversificación de la agricultura y crear las condiciones para una economía menos dependiente de Estados Unidos en la posguerra fue la elaboración del Plan contra la Miseria y el Estancamiento Nacional aprobado en el VII Consejo Nacional de la organización en septiembre de 1943.

Sobre la importancia de dicho Plan, Jacinto Torras, quien fuera asesor económico del Partido Comunista, de la CTC, de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros, la Asociación Nacional Campesina y otras organizaciones, señaló que era el plan económico más completo que se había elaborado en Cuba para combatir la inflación y la especulación, para impulsar el desarrollo nacional, para salvar a las masas del hambre, y para proteger a los industriales y comerciantes modestos de la ruina.

El combativo movimiento obrero cubano dirigido por la CTC se convirtió en un obstáculo para los planes del imperialismo norteamericano.  Al desatarse la Guerra Fría, tras concluir la conflagración,  se produjo la división del movimiento sindical para imponer en su lugar a una camarilla servil a los dictados de la oligarquía nativa y del imperialismo, que desplazó por la fuerza a los legítimos dirigentes de los trabajadores y fraguó y ejecutó el asesinato de sus más prestigiosos líderes: Jesús Menéndez, azucarero; Aracelio Iglesias, Portuario; José María Pérez, del transporte; Miguel Fernández Roig, tabacalero… todos ellos y otros más , integraron las filas de un martirologio que no pudo frenar las luchas de los oprimidos.

Fueron años muy difíciles, a los que se sumó el golpe del 10 de marzo de 1952 de Fulgencio Batista, que llevó hasta el extremo la política reaccionaria de sus predecesores y una muestra de su desprecio por los trabajadores fue poner en libertad y ascender al capitán que asesinó a Jesús Menéndez y liberar también a los asesinos de Aracelio Iglesias.

Ante esa situación fueron creados los Comités de Defensa de las Demandas Obreras, un organismo que contribuía a la unidad, organizados en los centros de trabajo, que encabezaron o apoyaron las luchas de los trabajadores en distintos sectores.

Fue la insurrección armada encabezada por Fidel Castro la que le abrió a los trabajadores y al pueblo el camino hacia su liberación.  Por orientación del Comandante en Jefe en 1958 se creó el Frente Obrero Nacional. El Comité Nacional por la Defensa de las Demandas Obreras y la Democratización de la CTC se dirigió al FON para coordinar las acciones contra la tiranía. En octubre de ese año se concretó el acuerdo unitario de los dirigentes de las diferentes organizaciones obreras en lo que se llamó Frente Obrero Nacional Unido (FONU).

La celebración del Congreso Obrero en Armas y la Primera Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros en territorio liberado fueron momentos para enarbolar las legítimas demandas de las masas laboriosas, repudiar a los dirigentes sindicales vendidos y sustituirlos por nuevas directivas brotadas de elecciones libres y democráticas.

 

La victoria del Ejército Rebelde frente a la tiranía fue sellada con la Huelga General Revolucionaria convocada por Fidel. Esta fue, como él expresó, el puntillazo final a los planes de escamotearle al pueblo la victoria a última hora. “fue la huelga general la que destruyó la última maniobra de los enemigos del pueblo; fue la huelga general la que nos entregó las fortalezas de la capital de la República; y fue la huelga general la que le dio todo el poder a la Revolución.”

Una sociedad de trabajadores

El triunfo revolucionario significó una nueva vida para los trabajadores y el pueblo. Educación y salud gratuitas, empleo, reforma agraria, fueron abriendo las puertas hacia una sociedad de los humildes, por los humildes y para los humildes, como proclamó Fidel al anunciar en 1961 el carácter socialista del proceso iniciado el 1ro de enero de 1959.

 

 

Ya no se trataba de luchar por demandas sino de ser protagonistas del presente y el futuro. Los dueños fueron sustituidos por administradores, surgidos del propio pueblo, y las relaciones entre ambos se convertían en vínculos de cooperación para que todo marchara bien en cada centro de trabajo.

La CTC, que se transformó entonces de Confederación en Central, y las Federaciones en Sindicatos, se empeñó en educar a sus afiliados en la conciencia de que no solo debían reclamar sus derechos sino cumplir con sus deberes para construir entre todos una Cuba mejor.

En este empeño no faltaron las agresiones ni las amenazas. Los trabajadores fueron capaces de enfrentar la falta de repuestos para las industrias con la creación de una organización que sacó a la luz el ingenio y la creatividad de muchos: la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR).

Ante lo intentos del imperio por destruir la Revolución, los trabajadores se convirtieron en soldados, como los que pelearon en Playa Girón o en la Lucha contra Bandidos. En un Congreso Obrero se acordó crear un pelotón de combate para capturar a los asesinos del joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, fue ese mismo congreso en el que los delegados tuvieron que sentarse en sillas de tijera porque un sabotaje había dañado seriamente el teatro.

Las batallas por alcanzar el 6to y el 9no grados fueron contribuyendo a elevar la preparación de los trabajadores muchos de los cuales continuaron estudios hasta convertirse en profesionales, fue la respuesta al éxodo de personal calificado en esos primeros años.

El incremento de la `producción, la productividad, el ahorro, la disciplina laboral y otros temas del entorno laboral que debían ponerse a tono con el momento que vivía la nación, pasaron pasó a primeros planos, como se señaló en el histórico XIII Congreso de la CTC, que contó con la discusión más amplia y democrática de los asuntos del país llevada a cabo hasta el momento, obra maestra del capitán de la clase obrera Lázaro Peña, a la que entregó sus últimas energías.

Se alcanzaron muchas metas que antes parecían inaccesibles, sin embargo, Cuba sufrió un duro golpe con el derrumbe del campo socialista y la desaparición de la URSS, que habían sido puntales en el avance en muchos terrenos, ante el freno del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos.

Pero los trabajadores no se dejaron vencer por la adversidad. Ante la crisis creada por los acontecimientos internacionales y cuando el enemigo pensaba que Cuba iba a caer en sus manos, la dirección revolucionaria y la CTC promovieron una solución inédita: los parlamentos obreros, que consistieron en la consulta a los trabajadores de cómo enfrentar la situación del país antes de adoptar las medidas del Estado y el Gobierno para solucionarla. Fue a diferencia de otras latitudes, el triunfo de la democracia sindical frente a las terapias de choque.

Llegó el período especial anunciado por el Comandante en Jefe en un congreso obrero, en el que los delegados asistieron vestidos de milicianos como demostración de su disposición para el combate. Ni aun en esas duras condiciones se pido frenar el avance de los que se sentían patriotas, y el país se fue recuperando poco a poco pese al recrudecimiento del bloqueo.

 

El desafío de continuar sin Fidel

Fidel participó en nueve congresos de la CTC, desde el primero que se efectuó tras el triunfo de enero, donde siempre expresó su confianza en los trabajadores y el importante papel que en su conducción debía ejercer el movimiento sindical.

 

A su fallecimiento, como él vaticinó en su primer discurso a los habaneros el 8 de enero de 1959, se reunieron las multitudes de trabajadores y del pueblo para rendirle homenaje y se difundió la frase Yo soy Fidel, que es insustituible como expresó Raúl sin embargo confirma la continuidad de sus ideas en cada patriota cubano y su asimilación de la permanente enseñanza del Comandante en Jefe de que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer.

Fue precisamente en un Primero de Mayo, en el año 2000, que Fidel expuso el concepto de Revolución, que los agradecidos han hecho suyo y tratan de llevarlo a la práctica con su comportamiento ante las dificultades.

Otra coyuntura que puso a prueba a los trabajadores y al pueblo fue la epidemia de la COVID 19, durante la cual el cerco yanqui volvió a mostrar su cara criminal al negarnos el acceso a recursos imprescindibles para enfrentar la enfermedad. No obstante, una vez más los trabajadores de la ciencia demostraron su capacidad de vencer los obstáculos al emprender la producción nacional de hisopos y mascarillas, entre otros insumos, crear ventiladores pulmonares propios y vacunas de alta efectividad que salvaron al país.

No han dejado de ser momentos difíciles los que vive hoy la nación y los que enfrentan los trabajadores y el pueblo. Una aguda escasez, una elevada inflación, la paralización parcial de la economía por la falta de combustible, los prolongados apagones, la existencia de una parte de la población muy vulnerable, el incumplimiento de las entregas del alimento de la canasta familiar normada, la disminución de las producciones agropecuarios e industriales, las secuelas de un ciclón…

La pelea como dijo el Presidente cubano Miguel Díaz Canel es dura, larga y desigual. Se enfrenta al recrudecido bloqueo yanqui y a su irrespeto al derecho internacional, a sus intenciones de contar con una América para los americanos (del Norte), de imponerse en Latinoamérica para convertirla en su propio patio trasero y a Cuba retornarla a su condición de neocolonia.

En todos los centros laborales se ha analizado y discutido el Plan del gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, que ha venido a reforzar los debates del proceso orgánico del 22 Congreso de la CTC, en el que los trabajadores han profundizado en las dificultades de sus territorios y sugerido el modo de seguir adelante en medio de las dificultades.

Emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros esfuerzos, es la meta que señaló Fidel en su concepto de Revolución y constituye un propósito de los trabajadores de estos tiempos, para lo cual se requiere de compromiso, voluntad, firmeza, y sobre todo creatividad.

La CTC tiene hoy un reto colosal: encaminar los esfuerzos de las masas laboriosas de todas las formas de gestión en esa dirección y mantener la unidad que nos ha permitido llegar hasta aquí, para que se continúe siendo el arma principal de los cubanos en el empeño por continuar el rumbo socialista, marchar unidos tanto en el impulso a la economía como en la defensa de nuestra soberanía frente a la prepotencia imperial.

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