El primer criterio sobre la mipyme privada Hermanos Cid lo escuché al llegar al pueblo artemiseño de Bauta y tratar de localizar las instalaciones de esa empresa. “Mire —nos dijo solícito un inspector del transporte a la entrada de la localidad— siga por esta calle, avance unas cuadras y pregunte; todo el mundo los conoce. Son padrinos de la escuela de mi hija. Esos muchachos son lo máximo”.

Nada de especulación en Henry y Yandry, los dueños. Sus palabras encierran consideraciones alejadas de lo que no pocos —quizás con razón— piensan sobre otras mipymes. Predomina la sencillez, y sus trabajadores, vanguardias nacionales desde el 2024, y quienes parecen sentir por ellos mucho cariño, sin tapujos expresan su otra alegría como nos dijo uno de ellos: “Muy contentos por lo que ganamos: un salario medio mensual de 72 mil 230 pesos en el 2025”.
Desde la nada
Conversamos con Henry y Yandry, y nos dieron estas valoraciones: “En nosotros nada surgió de un día para otro. Llegamos desde Guáimaro, Camagüey, y comenzamos de cero, vendiendo frozen artesanal en el portal de una casa de Bauta. Hoy usted ve una fábrica moderna, pero cuando empezamos aquí solo había un solar con tres o cuatro casas. Nuestra idea era un negocio privado, próspero, siempre desde Cuba. ¡Y lo logramos!

“Ahora hay más madurez, una base económica fuerte y muchos deseos de crecer en el negocio de productos lácteos, básicamente helados y yogur. Estamos muy satisfechos, y eso se siente al máximo, tanto que a veces no dormimos, pues siempre estamos enfocados en cómo alcanzar más eficiencia, mayor calidad.
“Sí, pensamos como empresarios, apoyados en las medidas económicas que se aplican en el país, muy positivas para nosotros en todos los sentidos. Aprendimos que la calidad y el crecimiento conseguidos no solo es por nosotros dos; hay bastantes personas involucradas. Sabemos delegar y ayudar a otros, especialmente a jóvenes como él y yo. Algunos han crecido y han pedido ir a cumplir sus sueños, entonces han contado con nuestro apoyo”.
¿Por qué marca Cid?
“Es algo familiar. Ese apellido nos viene de los abuelos maternos, de España, y es un orgullo sostener ese patrimonio. Mamá vive allí—frente de la fábrica— y nos satisface que todo lo que hacemos nos la recuerde. Eso ha sido acicate para que todo funcione.
“Aún no exportamos, pero todo está preparado para meternos en ese mundo. Ahora documentamos y certificamos los productos. Tenemos casi 700 clientes y sería increíble poder ubicar la marca en el mercado internacional. ¡Lo lograremos!”.
¿Por qué todos hablan bien de ustedes?
“Somos cubanos inmersos en todas las cosas de este país y sentimos igual satisfacción por crecer como empresarios que cuando apoyamos a un centro de la comunidad. Tenemos sentido de pertenencia y nadie nos obliga a reparar el área del cuerpo de guardia del policlínico o llevarles la merienda a los médicos. Ni a comprarle algún frízer a la escuela que apadrinamos, ni a ponernos de acuerdo para donar —junto a otras mipymes— tres toneladas de productos a los damnificados del huracán Melissa.
“Lo sentimos así y es que se suma a la contribución del 1 % para el desarrollo local. Incluso construimos tres casas, no para nuestros trabajadores, sino para personas humildes de Bauta”, aseguran los dos socios.
Henry y Yandry García Cid han ganado el cariño de los bautenses. El primero tiene 39 años, y es el administrador del negocio. El otro, con 34, y delegado a las sesiones finales del 22 Congreso de la CTC, se ocupa de la fiscalización y control. Pero no quieren mudarse de Bauta. Se aplatanaron. Se besan al encontrarse en la mañana y en la conversación no se contradicen, se complementan. ¿Hermanos o empresarios? “Hermanos”, responden.


todo muy bonito, pero los precios de los helados están por las nubes.Por eso tienen tantas ganancias y se pueden dar el lujo de apadrinar escuelas.Un retirado no puede comprar esos helados.Los que compran sus productos son gente que tienen entradas extras o le mandan dinero de afuera.En Bauta se mueve mucho dinero enviado por familiares.El que no tenga a nadie que lo ayude pasa hambre.