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¿Hermanos o empresarios?… ¡hermanos!

El primer criterio sobre la mipyme privada Hermanos Cid lo escuché al llegar al pueblo artemiseño de Bauta y tratar de localizar las ins­talaciones de esa empresa. “Mire —nos dijo solícito un inspector del transporte a la entrada de la loca­lidad— siga por esta calle, avance unas cuadras y pregunte; todo el mundo los conoce. Son padrinos de la escuela de mi hija. Esos mucha­chos son lo máximo”.

Fotos: Carlos Vanega

Nada de especulación en Henry y Yandry, los dueños. Sus palabras encierran consideraciones alejadas de lo que no pocos —quizás con razón— piensan sobre otras mi­pymes. Predomina la sencillez, y sus trabajadores, vanguardias na­cionales desde el 2024, y quienes parecen sentir por ellos mucho ca­riño, sin tapujos expresan su otra alegría como nos dijo uno de ellos: “Muy contentos por lo que gana­mos: un salario medio mensual de 72 mil 230 pesos en el 2025”.

 

Desde la nada

Conversamos con Henry y Yan­dry, y nos dieron estas valoracio­nes: “En nosotros nada surgió de un día para otro. Llegamos desde Guáimaro, Camagüey, y comen­zamos de cero, vendiendo frozen artesanal en el portal de una casa de Bauta. Hoy usted ve una fábrica moderna, pero cuando empezamos aquí solo había un solar con tres o cuatro casas. Nuestra idea era un negocio privado, próspero, siempre desde Cuba. ¡Y lo logramos!

Foto: Carlos Vanega

“Ahora hay más madurez, una base económica fuerte y muchos deseos de crecer en el negocio de productos lácteos, básicamente he­lados y yogur. Estamos muy satis­fechos, y eso se siente al máximo, tanto que a veces no dormimos, pues siempre estamos enfocados en cómo alcanzar más eficiencia, mayor calidad.

“Sí, pensamos como empresa­rios, apoyados en las medidas eco­nómicas que se aplican en el país, muy positivas para nosotros en to­dos los sentidos. Aprendimos que la calidad y el crecimiento conse­guidos no solo es por nosotros dos; hay bastantes personas involucra­das. Sabemos delegar y ayudar a otros, especialmente a jóvenes como él y yo. Algunos han creci­do y han pedido ir a cumplir sus sueños, entonces han contado con nuestro apoyo”.

 

¿Por qué marca Cid?

“Es algo familiar. Ese apellido nos viene de los abuelos maternos, de España, y es un orgullo sostener ese patrimonio. Mamá vive allí—frente de la fábrica— y nos satis­face que todo lo que hacemos nos la recuerde. Eso ha sido acicate para que todo funcione.

“Aún no exportamos, pero todo está preparado para meternos en ese mundo. Ahora documentamos y certificamos los productos. Te­nemos casi 700 clientes y sería in­creíble poder ubicar la marca en el mercado internacional. ¡Lo logra­remos!”.

 

¿Por qué todos hablan bien de ustedes?

“Somos cubanos inmersos en todas las cosas de este país y sen­timos igual satisfacción por crecer como empresarios que cuando apo­yamos a un centro de la comuni­dad. Tenemos sentido de pertenen­cia y nadie nos obliga a reparar el área del cuerpo de guardia del po­liclínico o llevarles la merienda a los médicos. Ni a comprarle algún frízer a la escuela que apadrina­mos, ni a ponernos de acuerdo para donar —junto a otras mipymes— tres toneladas de productos a los damnificados del huracán Melissa.

“Lo sentimos así y es que se suma a la contribución del 1 % para el desarrollo local. Incluso construimos tres casas, no para nuestros trabajadores, sino para personas humildes de Bauta”, ase­guran los dos socios.

Henry y Yandry García Cid han ganado el cariño de los bau­tenses. El primero tiene 39 años, y es el administrador del negocio. El otro, con 34, y delegado a las sesiones finales del 22 Congreso de la CTC, se ocupa de la fiscali­zación y control. Pero no quieren mudarse de Bauta. Se aplatana­ron. Se besan al encontrarse en la mañana y en la conversación no se contradicen, se complementan. ¿Hermanos o empresarios? “Her­manos”, responden.

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