Hay días fríos y tristes, a pesar del sol. Enero se ha encargado de mutilar la alegría de muchos después que una bomba sin nombre y apellidos dejara sin vida a 32 cubanos, entre ellos el Capitán Adrián Pérez Beades, del municipio artemiseño de Bauta, quien pasó del sueño a la muerte, en tierras bolivarianas.

“A las 10 de la noche, hora de Cuba, y a las 11 de Venezuela, estábamos conversando con el cariño y la tranquilidad de quienes no presumen un vendaval.
“Que cómo está la niña, que cómo me fue el día en el Tribunal de Bauta donde ejerzo como jueza, de su cotidianidad, de la nuestra hasta mínimos detalles. Y nos despedimos sin saber que no había un después”.
Hasta la pregunta que no quiero hacerle duele. Hablo con la esposa de uno de los héroes cubanos, del Capitán que ella conoció desde la primaria en las Minas de Matahambre, en Pinar del Río, de quien colaboraba con la crianza de su hijo mayor y la alegría de compartir una bebé juntos, de solo tres años y cuatro meses.
Olga María Hernández nos cuenta, con voz apagada, de la bomba tirada encima de la casa donde estaba Adrián junto a otros 11 combatientes. A él, la explosión lo tiró, casi intacto, a unos 300 metros del lugar. Los compañeros de la vivienda del lado salieron en su búsqueda a esa hora de la madrugada del 3 de enero, con la esperanza de encontrarlo vivo. Pero no.
“Fue una bomba mortal. Después, ráfagas de tiros desde aviones, como para exterminarlo todo, me contaron. Allí no quedó nada”, dice sin apenas respirar.

“Aquí me queda nuestra niñita Aitana. Sueños sin cumplir. Decenas de planes que guardábamos celosamente para cuando regresara de su misión que era solo por dos años.
“Nuestra vivienda en Bauta, perdió la amabilidad de un esposo, un padre como el que cualquiera niña quisiera tener eternamente. ¿Y yo? Ni lo sé aún, porque cada día pesará más la ausencia del pinareño, del ingeniero, del combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del sostén familiar, del amor de mis días.
En su tamaño de poco más de un metro y su cuerpo delgado hay un desconsuelo admirable. Es dolor y es orgullo. Es el símbolo de un héroe y de un mártir.

“Él pasó del sueño a la eternidad, a la gloria. Sabía que estaba en una misión importante, pero también, que un capitán de solo 34 años de edad tenía otras muchas tareas que cumplir; sin embargo, una bomba, cuatro horas después de escuchar su ’te amo’ truncó su existencia en la tierra, mas no en el corazón de Cuba, en el altar de la Patria, en nuestra familia”, así fueron sus palabras, y bastan para saberla heroína también.
Acerca del autor
Desde 2005 el periodismo me abre las puertas en Radio Artemisa, con la posibilidad de reorientar mi carrera al cursar estudios en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Soy licenciada en Educación, en la especialidad de Defectología, y ya había cumplido varias tareas, incluso en la Unión de Jóvenes Comunistas.
Los resultados en el medio radial me condujeron a que, en 2011, al crearse la provincia de Artemisa, ocupara la responsabilidad de Corresponsal Jefa de la Agencia de Información Nacional, nombrada poco después Agencia Cubana de Noticias.
En ese mismo tiempo, alternaba como parte del ejecutivo de la Unión de Periodistas de Cuba, en el territorio, y posteriormente me desempeñé como su Presidenta; hasta que, en agosto de 2014 la dirección del Partido me designó directora del su Órgano Oficial, el periódico El Artemiseño, labor que continúo desempeñando.
Las funciones de dirección siguen aportando a la pasión por el periodismo, de ahí que mantenga publicaciones del acontecer de mi provincia en mi órgano de prensa Artemiseño, y en medios nacionales de comunicación, con mayor estabilidad, y representando tanto de compromiso como de orgullo, en el periódico Trabajadores.

