Dolor

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Hace exactamente 49 años el 6 de octubre dejó de ser una fe­cha más en nuestro calendario. En plena mañana, un avión de Cubana de Aviación cayó al mar sin tiempo de volver a la pista de Barbados. Una bomba esta­lló en su interior y 73 personas, de ellas 57 cubanos, perdieron la vida en uno de los actos de terrorismo más brutales y a la vez dolorosos que se recuerde en América.

El capitán de la nave había sido elegido ese mismo año Héroe Nacional del Trabajo. El equipo de esgrima que venía de regreso a la patria había ganado todas las medallas de oro en el campeonato regional. Once jóvenes guyaneses también cerraron sus ojos para siempre, al igual que cinco ciu­dadanos de la República Popular Democrática de Corea.

Como recordara nuestro Co­mandante en Jefe en el discurso de despedida del duelo: “Ninguno era millonario en viaje de placer, no eran turistas que disponían de tiempo y de recursos para visitar otros países; eran humildes traba­jadores o estudiantes y deportis­tas que cumplían con modestia y dedicación las tareas asignadas”.

Fueron tiempos de atentados y acciones terroristas contra nuestras sedes diplomáticas y líneas aéreas, con la anuencia de la Agencia Central de Inteli­gencia y del Gobierno estadou­nidense. La voladura del avión fue una reacción ruin, histérica y cínica ante el ejemplo sosteni­do de la Revolución en campos como la medicina, la educación, el deporte y por valores huma­nos tan nobles como el interna­cionalismo y la solidaridad.

Los autores de aquel detes­table crimen fueron aupados en el seno del imperio y nunca cumplieron sus condenas por tan mezquino acto terrorista. El 15 de octubre, cuando Fidel convocó a los cubanos dignos a una despedida solemne y es­tremecedora, la Plaza de la Re­volución José Martí era todo luto, silencio y respeto. También indignación, coraje y rebeldía.

La lectura del discurso expuso todas las pruebas contundentes que el Gobierno de Cuba tenía en ese momento. Y el último párrafo aún resuena en muchos corazones como una de las de­claraciones más auténticas de un revolucionario.

“No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”.

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