Teté: coraje y ternura

Teté: coraje y ternura

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Una tarde de julio de 1996 acudió a una cita inesperada, vestida de militar como se lo indicaron.

Al llegar vio al Comandante en Jefe, al General de Ejército y a otros generales. Preguntó si ella había hecho algo mal y sonrieron. El motivo de su presencia allí era nada menos que para ascenderla a general: Fidel le colocó los grados en el hombro izquierdo y Raúl en el derecho. Fue esta una de las grandes emociones en la vida de Delsa Esther Puebla Viltres, Teté, como todos la llaman.

Este merecimiento, al igual que el Título Honorífico de Heroína de la República de Cuba, los lleva con orgullo a nombre de la mujer cubana, y con modestia, convencida de que siempre ha hecho y seguirá haciéndolo todo por su pueblo y la Revolución.

Dialogamos en su oficina de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, donde trabaja acompañada por las fotos de Fidel y Raúl y junto a su buró de imágenes de sus hijos y nietos. “He asumido muchas tareas, pero siempre le he dedicado tiempo a mi familia, tengo la satisfacción de que mis tres hijos se hicieron profesionales y militantes del Partido”.

 

Foto: Cortesía de la entrevistada

De Yara a la Sierra

Desde la adolescencia se vinculó al Movimiento 26 de Julio en su natal Yara. Vendió bonos, trasegó armas y trasladó revolucionarios para la Sierra, pero llegó el momento en que ella misma se incorporó a la guerrilla. Tenía 16 años y le dijo a Fidel que tenía 17, lo que sumado a su pequeña estatura poco podía disimular su aspecto de niña, aunque pronto demostró que bajo esa apariencia tierna había coraje y determinación.

Era el mes de julio de 1957. Hizo de todo: cocinar, lavar, servir de mensajera, se identificó con Celia Sánchez, padeció la escasez de alimentos, agua, el acoso de los bombardeos…

En las filas del enemigo

“Cuando Batista declaró que lanzaría una ofensiva con 10 mil guardias para aniquilar al Ejército Rebelde, Fidel les dijo a los campesinos que no tuvieran miedo, que si nos tomaban un lugar lo volvíamos a tomar, pero que íbamos a ganar nosotros, destaca Teté. Ese mismo día le avisaron que ya el enemigo estaba entrando por Las Mercedes. Éramos solo 300 rebeldes con 230 armas y no todas buenas, había escopetas también, la batalla fue dura, murieron 126 compañeros pero, como aseguró Fidel, ganamos.

“El Comandante le pidió a la Cruz Roja que interviniera en la entrega de los prisioneros al ejército pero este se negó, entonces me mandaron a mí a gestionar una tregua con ese fin. El riesgo era grande. Podían meterme presa, matarme o aceptar la tregua. Llegué a Vegas de Jiboa y pedí ver al jefe porque traía una carta del Che. Trataron de convencerme de ir a Bayamo, pero exprese que la tregua debía lograrse allí, pasé la noche en el campamento enemigo, cuando el jefe se durmió me metí en las trincheras para hablarles a los guardias de que queríamos devolverles a sus compañeros y me fijé en sus posiciones. Logré que aceptaran la tregua y al regresar los rebeldes jubilosos me cargaron…

“Después Fidel estaba buscando a alguien que fuera a Santiago de Cuba porque sus mensajeras, Lidia y Clodomira, habían salido a cumplir misiones, le dije que yo podía ir, pero temió que me reconocieran, le contesté que si me picaban el pelo, me teñían de rubio y me ponían otra ropa, podía hacerlo y así salí tres veces”.

 

Con Raúl en la guerrilla.

Las Marianas

“El 4 de septiembre de 1958 Fidel creó el pelotón femenino al que bautizó con el nombre de Mariana Grajales. La mayoría de los hombres no estaba de acuerdo, pero Fidel les manifestó que éramos mejores que ellos. Lo integramos inicialmente ocho muchachas y llegamos a ser 13. Fidel designó al frente del pelotón a Isabel Rielo y mí como segunda al mando, personalmente se ocupó de entrenarnos, nos designó como su guardia personal y nos llevó al combate el 27 de septiembre en Cerro Pelado”.

El día 9 de octubre el entonces capitán Eddy Suñol bajó de La Plata hacia la zona de Gibara, en Holguín, Fidel le sumó a cuatro de las Marianas, entre ellas Teté. Participaron en varios combates, Suñol no estaba convencido de que las mujeres pudieran combatir, pero en carta a Fidel reconoció su error y ponderó su valor en las acciones de la presa de Holguín y Los Güiros. “En Los Güiros, recuerda Teté, hirieron de gravedad a Suñol y me quedé dirigiendo el combate. Ganamos y obtuvimos 27 armas. Combatimos además en Gibara, Puerto Padre y otros lugares de Holguín”.

 

Asistencia a las víctimas de la guerra

Teté atesora inolvidables recuerdos de la multitudinaria acogida del pueblo a la Caravana de la Libertad, al punto de que ha participado en todas las que han rememorado ese histórico hecho.

“Después del triunfo Fidel me pidió que atendiera el departamento del Ejército Rebelde de asistencia a las víctimas de la guerra y sus familiares, y recalcó que ante el dolor la patria no distingue. Por eso debía atender tanto a los de los familiares de los caídos del Ejército Rebelde como los del enemigo. Le pregunté por qué si ellos habían matado a tantos de los nuestros y me respondió: ‘Esta es una Revolución’.

“Después entendí esas palabras. No debíamos decir de quiénes eran los familiares, hijos, viudas o madres de los adversarios muertos para protegerlos de la reacción del pueblo. Me correspondió otorgarles pensiones a las viudas sin distinción alguna. Los huérfanos de uno y otro bandos fueron a las mismas escuelas, recibieron la misma ayuda. Se crearon escuelas para ellos, muchas en las casas que dejaron los ricos, adonde se llevaron, además, a los niños de la calle.

“Algunos muchachos perdieron al padre y a la madre. Acogí a 21 y ayudé a criarlos. De esos se han muerto cuatro, pero todos los demás siguen vinculados conmigo. Una que tenía dos años viene a cuidarme cuando me enfermo.

“Un tiempo después me correspondió atender a los que salían a cumplir misión internacionalista, y me asignaron la dura misión de informarles a las familias cuando uno de ellos perdía la vida”.

 

La Asociación de Combatientes

Con el transcurso del tiempo le tocó asumir otras tareas, como la dirección del plan ganadero de Guaicanamar, en Jaruco, un lugar donde el bandidismo había dejado huellas, pero gracias a su intensa labor social, cuando se marchó dejó cinco distritos con núcleos del Partido, a los campesinos responsabilizados con el plan y a los niños incorporados a las escuelas adonde llevó como maestros a los huérfanos de guerra que ya habían alcanzado nivel escolar, y hasta se lanzó a una presa para salvar a un niño que se ahogaba.

Siempre quiso ser educadora y cursaba el primer año de la escuela normal para maestros cuando se incorporó a la guerrilla. Finalmente en la escuela del Partido se licenció en Ciencias Sociales, aunque antes la vida la llevó a convertirse en la práctica en educadora de muchos adultos y niños.

“En la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana soy la vice presidenta primera y mi tarea actual es continuidad de la que tenía antes porque atiendo a los combatientes y a sus familiares. Fue un acierto de Fidel forjar esta Asociación que une a todos los que han luchado por la Revolución. Almeida, que fue nuestro primer presidente, era para mí como un hermano desde los tiempos de la Sierra”.

Esta diputada y miembro de la comisión de Defensa del Parlamento asegura que todo lo que ha realizado en la vida ha sido con la guía de Fidel. “Siempre estuve al lado de él, para mí no ha muerto, lo llevo en el corazón”.

Acerca del autor

Graduada de Periodismo. Subdirector Editorial del Periódico Trabajadores desde el …

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