XVI Concurso Cuba Deportiva: Teófilo y José Ramón, dos vidas, un ejemplo

XVI Concurso Cuba Deportiva: Teófilo y José Ramón, dos vidas, un ejemplo

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Corría el año 1980. Se celebra­rían en Moscú, capital de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) los XXII Juegos Olímpicos. La Central de Trabajadores de Cuba me había conferido la condición de Vanguardia Na­cional del Sindicato de Traba­jadores de la Educación y fui invitada a participar en ellos, junto a otros destacados cuba­nos.

 

Foto: Tomada de periodico26.cu

Días antes del acto central por el 26 de Julio de ese año me comunicó el secretario general del sindicato que había sido se­leccionada para recibir en Cie­go de Ávila de manos de Fidel la medalla Jesús Menéndez La­rrondo, a propuesta del Secre­tariado Nacional de la CTC.

Debía decidir entre asistir a los Juegos Olímpicos de Moscú o al acto por el Día de la Rebel­día Nacional y mi respuesta no se hizo esperar: “voy al acto. Eso ni se pregunta”.

Finalmente, después de vi­vir esa inolvidable experiencia junto a nuestro invicto Coman­dante en Jefe, pude asistir a Moscú a presenciar los Juegos Olímpicos. Fueron días de in­mensa alegría, de tensiones y muchos nervios cada vez que competía uno de nuestros atle­tas. Pero nada se compara con ver boxear a nuestro campeón olímpico y mundial Teófilo Ste­venson Lawrence.

Estaba muy emocionada. Llevaba la bandera cubana. En todo momento gritaba: Stevenson, noquéalo. Todos los cubanos allí presentes sentíamos mucho orgullo por nuestro atleta. Conocíamos su historial, que le hizo me­recedor de la denominación: «el hombre de la derecha de hierro». Y no nos defraudó. Ese día demostró su estirpe de boxeador olímpico. Alcan­zó su tercera presea dorada, convirtiéndose en el segundo hombre del mundo en realizar tal hazaña y el primero en lo­grarlo en una misma división.

El hecho me hizo recordar a nuestro entrañable José Ramón Fernández Álvarez, Presidente de Honor del Comité Olímpico Cubano, quien fuera ministro de Educación por aquellos días y que en diciembre de 1979 ha­bía presidido el acto central por el Día del Educador en el Círcu­lo Social Obrero Gerardo Abreu Fontán, en La Habana, donde me había hecho entrega del certifi­cado de Vanguardia Nacional.

Recordé que al finalizar di­cho acto se dirigió a todos los condecorados y nos invitó a la sede del Ministerio de Educa­ción, explicando que nos tenía una sorpresa. Nos preguntába­mos qué podría ser. Todos ima­ginábamos cosas diferentes.

Al llegar al Ministerio nos condujeron a su oficina. Con modestia nos habló de su pa­sión por el deporte y nos contó que atesoraba una de las ma­yores colecciones de peleas de Stevenson y quería compartirla con nosotros. Fue fabuloso.

Luego comentábamos cómo nos marcó que un ministro, un hombre de formación militar, un estratega que tuvo tan bri­llante actuación durante los he­roicos combates de Playa Girón, fuese un apasionado del depor­te. Su sencillez nos conmovió.

Años más tarde lo vimos seguir aportando a su pueblo y su Revolución desde otras misiones, pero siempre fiel a la educación y al deporte. Fue vicepresidente del Consejo de Ministros, diputado a la Asam­blea Nacional del Poder Popu­lar, miembro del Comité Cen­tral del Partido Comunista de Cuba. Gozó del prestigio y el amor del amplio gremio de los trabajadores de la enseñanza y el deporte, cuyos intereses de­fendió hasta su muerte.

Siempre admiró a Stevenson, uno de los atletas cubanos más laureados, querido y respetado no solo por su talento deportivo sino también por su compromiso con el pueblo y las cuatro letras que honró, y nunca traicionó a pesar de las cuantiosas sumas de dinero que le fueron ofrecidas. Y sobre lo cual expresó: “…Prefiero el cariño de 8 millones de cuba­nos. Y no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer…”

El gigante tunero, de Cuba y del mundo; y el Gallego Fer­nández, de Santiago y de Cuba se juntan en la historia por sus hermosas páginas de entrega al deporte cubano y por el amor a su patria y a su bandera. Se han convertido en ídolos de millones de cubanos, que los recordaremos siempre como lo que son ejemplos a seguir de dedicacion, sencillez, fidelidad y compromiso.

¡Gloria eterna a Stevenson y José Ramón Fernández!

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