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Palestina frente al horror cotidiano de la agresión

El 14 de mayo del 1948 el Consejo del Pueblo de Israel, en calidad del Consejo Provisional del Estado, promulgó una Declaración de Independencia bajo el amparo de la resolución 181 de Naciones Unidas (29 de noviembre del1947) que dio luz verde al surgimiento de dos nuevos estados en el Medio Oriente, uno sería judío y el otro, árabe. Jerusalén, por su parte, quedaría como un “enclave internacionalizado”. Solo 13 naciones estuvieron en contra de esta propuesta, Cuba entre ellas.

El texto de la Declaración de Independencia de Israel precisó, entre otros asuntos, que el Estado permanecería abierto a la inmigración judía y sería “ el crisol de las diásporas; promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes; estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel; asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones; y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas”.

 

Joven palestino en protesta. Foto tomada del sitio www.deia.eus

 

Setenta y cinco años más tarde solo existe el Estado de Israel, de floreciente economía, mientras los palestinos son parias en su propia tierra, obligados a vivir en territorios ocupados o bajo la tutela de un Gobierno ajeno que los somete a sangre y fuego.

Nueva operación militar

Esta ha sido una semana de horror para Palestina, más horror del cotidiano. El régimen sionista israelí desató una operación militar denominada Escudo y Flecha en la que participaron más de 40 aviones de combate, helicópteros y drones. Al cierre de este texto había decenas de instalaciones civiles destruidas, al menos 25 muertos, entre ellas 6 niños y 4 mujeres, y casi un centenar de heridos.

 

 

 

Las mayor cantidad de víctimas está entre la población civil, pero la vieja táctica de aniquilar líderes les trajo buena cosecha esta vez pues consiguieron derribar a tres importantes comandantes de las Brigadas Al-Quds, ala militar del Yihad Islámico. Solo que los hombres no murieron en combate, sino en casa, junto a sus familiares. Se trata de Yihad Ghannam (62 años), Tariq Ezz El-Din (48 años) y Khalil Salah al-Bahtini (44 años).

 

Tomada del Twitter @HoyPalestina

 

Ghannam era considerado uno de los jefes más destacados de las Brigadas Al-Quds y uno de los combatientes más buscados desde la segunda Intifada. A finales del año 2000 ocupó el cargo de secretario del Consejo Militar en el Franja de Gaza y había sobrevivido a varios atentados, entre ellos aquel del 2014 en que murieron su madre, hermanos y primos; así como el de mayo del 2021, donde perdió los pies y parte de las manos.

Ezz El-Din ha sido descrito como uno de los protagonistas de la resistencia en Cisjordania. En 2002, tras ser torturado en cárceles sionistas, es sentenciado a una condena de cadena perpetua más 25 años. En el 2011 es uno de los mil 27 prisioneros palestinos intercambiado por el soldado israelí Gilad Shalit. Desde el 2018 era miembro del Buró Político de la Yihad Islámica.

Al-Bahtini era el tercer comandante militar de la Yihad Islámica, miembro del consejo militar y jefe de la región norte. Participó de la formación de varios grupos de combatientes, en particular aquellos encargados del desarrollo de misiles.

Violencia que se muerde la cola

La réplica palestina al ataque israelí de estos días es previsible: “Israel pagará un precio alto por su agresión”, tendrán una “respuesta dolorosa” y “La sangre de los mártires aumenta nuestra determinación, la resistencia continuará”, dijeron desde Al-Quds.

El jefe de la dirección política del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (Hamas), Ismail Haniya, por su parte, dejó claro que las acciones de Israel “no proporcionarán seguridad al régimen de ocupación (…) Tel Aviv cometió un error en sus estimaciones y pagará por su crimen”.

Revelaciones posteriores confirmaron que Eli Cohen, ministro de exteriores de Israel, coordinó el operativo militar con Anthony Blinken, jefe del Departamento de Estado de EE. UU., lo que devela la complicidad del Gobierno de Joe Biden con la política genocida de un Estado que nació en respuesta al reclamo de justicia del pueblo judío y se ha convertido en un ente desestabilizador para la región y en victimario de los palestinos y otros países árabes.

«Por un lado, están los palestinos en Cisjordania que viven bajo ocupación con un muro apartheid (que expropia cada día más territorio palestino y les hace la vida imposible), escribió la abogada y diplomática palestina Randa Hasfura Anastas. Y por el otro lado, tenemos al resto de la nación viviendo en el virtual campo de concentración de Gaza, porque hay que hablar con propiedad: Gaza la han convertido en la prisión de mayor extensión en el mundo. Un millón y medio de personas prisioneros en 300 kilómetros cuadrados, e Israel controlando su acceso terrestre, aéreo y marítimo».

Los crímenes de lesa humanidad cometidos cotidianamente por el estado sionista (masacres, desplazamientos forzados, apartheid) son parte del nacer de un Estado que no alcanza aún las dimensiones con que soñó. Mientras esa filosofía imperialista siga imperando en Israel, y la comunidad internacional haga oídos sordos a tanto horror, no habrá paz en el Medio Oriente. Y aquellos que representan al pueblo judío serán cada vez más parecidos a la alianza fascista que una vez quiso exterminarlos.

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