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Elecciones en la república burguesa. El cambiazo del cabo de la vela

Una vez derrotado el colonialismo español en Cuba, se inició la ocupación militar del país por los Estados Unidos (1899-1902) y, como parte de la estructuración del sistema político, el gobierno ocupante convocó a elecciones de carácter municipal en 1900, lo que dio lugar al surgimiento de múltiples partidos locales. Algo muy significativo en esa decisión fue el sistema para ejercer el sufragio:  solo podían votar los varones, mayores de 21 años, que supieran leer y escribir, tuvieran bienes por un valor mínimo de 250 pesos o hubieran pertenecido al Ejército Libertador, por lo que solo votó el 14% de la población en edad para realizarlo. Esa fue la primera experiencia electoral en Cuba después de la salida de España.

La segunda experiencia fue en 1901, cuando se convocó a elecciones para delegados a la Asamblea Constituyente. Se mantenía el voto restringido, pero se adicionó la representación de la minoría. Esta adición respondía a los resultados anteriores pues, a pesar de la restricción, los candidatos independentistas obtuvieron la mayoría de los votos. La Asamblea elaboró la Constitución -a la que se impuso el apéndice de la Enmienda Platt- donde se estableció el sistema electoral que, en buena medida, asumía el modelo estadounidense.

De acuerdo con la Constitución de 1901 y la Ley Electoral, se instituyó el sufragio universal masculino, pero solo con votación directa o de primer grado para los cargos municipales, provinciales y de Representantes a la Cámara, mientras se creaba el sistema de votación de segundo grado para la elección de Senadores, Presidente y Vicepresidente -es decir, la votación para esos cargos se haría por compromisarios- con requerimientos que limitaban la participación popular.

La Ley Electoral incluyó requisitos de “idoneidad” para determinados cargos electivos como los de Gobernador o Consejero provincial, y para la elección de compromisarios se estipulaban requisitos de capacidad por profesión o riqueza (mayores contribuyentes). Sin duda, la voluntad y representación popular quedaban cercenadas por ley. Bajo esas condiciones se realizaron las elecciones de 1901 para la instauración de la República, en las cuales Tomás Estrada Palma concurrió como único candidato pues su opositor, Bartolomé Masó, se retrajo por falta de garantías en el proceso; por tanto resultó electo por el 47% de los electores.

Las elecciones republicanas a partir de entonces fueron articulando modos de fraudes e imposiciones que crearon rechazo en la mayoría de la población. De ahí que “meterse en política” era visto como algo denigrante y, en el vocabulario popular -y en la caricatura y el teatro bufo- surgieron términos y representaciones simbólicas que reflejaban la corrupción de los políticos de la época, tales como chivo, muñidor, bombín, copo, brava y cambiazo, entre otros, con significados reconocidos por todos los cubanos.

Muñidor se aplicaba a personas que se dedicaban a hacer arreglos electorales dudosos, bombín a quienes siempre aparecían ocupando puestos en la administración pública con cualquiera de los partidos que estuviera en el poder y chivo era el negocio sucio con bienes estatales; mientras las denominaciones de copo, brava y cambiazo, por su parte, se referían a métodos utilizados por los partidos políticos para dominar las elecciones. Uno de los más escandalosos “cambiazos” fue el denominado popularmente como “cambiazo del cabo de la vela” que se produjo en 1916, cuando la reelección de Mario García Menocal.

Con ese título se aludía al cambio en los partes electorales, realizado en la Dirección de Comunicaciones en la madrugada del 2 al 3 de noviembre a la luz de velas, pues los partes que se publicaban hasta ese momento daban mayoría al Partido Liberal. El día 2, al mediodía, la Junta Central Electoral dejó de recibir los partes telegráficos de los Colegios y el día 3 empezó a recibirlos de nuevo, pero procedentes de la Secretaría de Gobernación; al tiempo que se cortaron las comunicaciones telefónicas y telegráficas del Partido Liberal con las distintas provincias. Los partes de los Colegios electorales eran sustituidos y alterados sus resultados a favor del candidato conservador. Se había consumado “el cambiazo”.

Este sistema electoral con sus prácticas estuvo vigente hasta la aprobación de la Constitución de 1940, con algunos ajustes puntuales. Las luchas populares dentro del proceso revolucionario de los años treinta llevaron a un nuevo pacto social que se materializó en la Constitución que, entre otros cambios, estableció el voto directo para todos los cargos electivos y reconoció el derecho electoral de las mujeres. Parecía que se había alcanzado una meta importante; sin embargo, las prácticas corruptas se reprodujeron en las contiendas electorales y en el quehacer de los grupos políticos que alcanzaron a gobernar, ocasionando una nueva decepción y el desgaste de los partidos que llegaron al poder con programas que fueron incumplidos. Además, esos partidos y sus miembros reprodujeron la práctica de hacer compromisos con propósitos electorales, no por identificación de principios.

La gran campaña de Eduardo Chibás en los finales de la década del cuarenta e inicios de los cincuenta, como líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), a partir de consignas como “Vergüenza contra dinero” y su símbolo de la escoba “para barrer a los ladrones del erario público,” muestra la reproducción de las prácticas corruptas en la política. Esta prédica promovió una movilización cívica de extraordinarias proporciones. El suicidio de Chibás conmocionó al país que había puesto esperanzas en el adecentamiento que el líder ortodoxo proponía.

El golpe de Estado de 1952 significó la crisis definitiva de aquellos partidos que, además, fueron incapaces de articular un rechazo efectivo a la quiebra de los mecanismos constitucionales. Las dos elecciones programadas por Fulgencio Batista para legitimar su régimen fueron los últimos intentos del sistema por preservarse, en los que los fraudes y la imposición resultaban en extremo evidentes.

Las prácticas corruptas de los comicios durante los años de la República burguesa y la actuación de sus protagonistas fueron reflejadas de diversas maneras, como cuando en el teatro bufo se decía: “¿Candidato? ―Yo, ¡Cañita!/ pago los votos a real, / o a peso, o a lo que quieran, / lo principal es ganar.” O cuando se exclamaba: “¿Cuándo vendrá el caudillo que del templo/ arroje mercaderes y ladrones, / y abra una era feliz, y dé un ejemplo?”

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