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Presentación e información del plan: Hasta una puntilla importa

La primera prioridad que establece la dirección nacional de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) para el presente año es lograr la participación activa de los trabajadores en la conformación del plan de la economía. Y le agregaría: y en el dominio pleno del presupuesto asignado, de forma tal que sea empleado adecuadamente, sin desviaciones en las denominadas partidas y acorde para lo que fue asignado por el Estado con cifras millonarias.

 

 

En estos momentos se desarrolla el proceso político de presentación e información de ambos a los integrantes de cada colectivo laboral, en aras de que cada uno lo conozca detalladamente, aporte ideas y soluciones y ejerza por derecho propio el control periódico de la ejecución.

Como planteó Miguel Díaz─Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y Presidente de la República: “El 2023 tiene que ser un mejor año; tenemos todas las bases, además de la convicción, de que puede ser un año mejor”.

“Para lograrlo se demanda más que un plan integral. Exige sacudir la inercia, desterrar el burocratismo, quitar más trabas y superar la autocomplacencia”, precisó.

Y a fin de cumplir esos objetivos resulta imprescindible fortalecer una participación y acción mayor de los trabajadores que en otros años, porque habrá situaciones también difíciles y todo lo necesario no caerá “por la canalita”, pero se tendrá mayor experiencia en el quehacer laboral.

El proceso de presentación e información debe caracterizarse por su solidez. Las asambleas no pueden ser meramente formales, “para matar y salar, como se dice en buen cubano, y cumplir solo la  encomienda. Deben tener ante todo, una amplia preparación de los cuadros administrativos responsabilizados con lo que se le exponga a los trabajadores y una participación activa de los dirigentes sindicales, a fin de que se promueva el análisis de los asistentes.

Debe primar la calidad; basarse en las experiencias positivas y negativas de los ejecutados en años anteriores; tomar en cuenta el cumplimiento, incremento y la diversificación de las exportaciones y particularmente los ingresos por ellas; el logro de una mayor eficiencia del proceso inversionista y participación de la Inversión Extranjera Directa (IED); la utilización a la máxima capacidad posible de la industria nacional con el objetivo de sustituir importaciones; potenciar los encadenamientos productivos; fortalecer las medidas de ahorro y fundamentalmente el de los portadores energéticos, y el uso eficiente de los presupuestos o gastos concebidos.

Las valoraciones deben considerar también, la calidad de los productos y servicios y las medidas para continuar el mejoramiento de las condiciones laborales y para garantizar la Salud y Seguridad del Trabajo; el impacto del plan en el empleo y el ingreso de los trabajadores; la búsqueda de soluciones para completar o preservar la fuerza laboral calificada, y el fortalecimiento de las medidas de control interno y contable, entre otros aspectos de importancia.

Las orientaciones para el desarrollo eficaz del proceso están dadas. Solo es necesario cumplirlas con eficacia y responsabilidad, sobre todo en la base, donde late la economía y se maneja el presupuesto.

Recientemente, Alejandro Gil Fernández, vicepresidente del Consejo de Ministros y titular de Economía y Planificación, informó que para 2023 están previstos mayor aseguramiento de combustible, de forma tal que cubra la demanda; superior respaldo de la energía eléctrica; crecimiento del turismo; incremento de los ingresos por exportaciones, y el aumento de la oferta de bienes y servicios a la población.

Eso será muy bueno, bienvenido y alentador. Pero en la economía influye todo, hasta lo que parezca insignificante. Por tanto, una puntilla importa. Y esa puntilla también hay que tenerla en cuenta en la presentación e información del plan y el presupuesto.

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