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Historias después de Ian: Fidel y la virgencita me cuidaron el cuarto

Pinar del Río. — Providencia Macías Sosa nos entró a su cuarto y resumió la madrugada del 27 de septiembre. Señaló para un cuadro enorme del líder histórico de la Revolución cubana que reposa encima de su escaparate y para otro más pequeño de la Virgen de la Caridad al lado de su cama. “Fidel y la virgencita me cuidaron el cuarto”, dijo.

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

De hablar campechano, sencillo y con un humor desbordante en cada palabra a pesar de la tragedia vivida, Providencia es una de las dos Heroínas del Trabajo del Consejo Popular que vive en la demarcación de Buena Vista, en el municipio de San Luis. A sus 84 años ya no escoge tabaco como hizo por casi siete décadas, sin embargo reconoce que de esa planta “lo conozco todo-todo, menos fumarlo”.

Volvemos al recuerdo del ciclón Ian esa noche-madrugada-mañana y suelta ráfagas de vivencias. “Mi casita está buena, aunque no es de techo de placa. Sobre las tres de la madrugada nos metimos en el baño mi hija, su esposo, mi nietecito y yo. Se sentían las matas cayendo afuera y nosotros muriéndonos allí adentro.

“Pasadas las cinco de la mañana se calmó todo (al parecer pasaba el ojo de Ian por ahí) y mi yerno salió a la casa del otro hijo mío que vive por allá adelante (es casi un kilómetro lo que separa un hogar del otro). Pero cuando volvieron los vientos y la lluvia, esa vez más fuertes, estábamos nosotras dos solas con el niño en el baño”.

Providencia apela a la memoria y rememora que hace muchos años un ciclón le tumbó su casita y “el gobierno me dio los materiales para hacer esta aquí mismo en San Luis, porque de aquí no me voy”. Sin electricidad cuando la visitamos, no refleja asombro porque sabe “que están trabajando fuerte para arreglarla. Solo que es bien intrincado. Una vez estuvimos 42 días sin corriente”.

La tranquilidad y hospitalidad de la comunidad Buena Vista sobrecoge. ¿Por qué no se ha mudado para la cabecera municipal o el propio Pinar?, le interrogo para provocarla y salta en el sillón como si esperara la pregunta. “No pienso salir de este lugar. Aquí tengo mi encanto, además es donde uno nació y se crió. Comodidades tengo, lo único malo es que no hay transporte”.

Nos traen café y un dulce de coco con maní hecho por ella misma, pero no deja de responder. “La escuela está ahí, la tienda está ahí. ¿Qué más quiere uno? Antes de la Revolución no había nada de esto. Eso sí, la comunicación es mala. Soy de las heroínas que no tienen teléfono y aunque me dijeron que lo pondrían, todavía nada”.

Providencia gesticula con sus manos arregladas y cualquiera piensa que eso llegó con el retiro de su trabajo manual. “Nada de eso, siempre estuvieron así y más bonitas también”. Mira hacia el fotógrafo sin temor a un retrato a su edad y le pone el sello final a este encuentro. “Si volviera a nacer, sería tabacalera. Por ser heroína no me creo mejor que nadie aquí, sino igual”.

Regresamos a su cuarto. Habla ahora de las veces que conversó con Fidel en el 2004 y 2005 y la deferencia que tuvo con ella. “Me abrazó y te digo que sigue siendo grande, porque él y la virgencita me cuidaron el cuarto cuando Ian”. Y todos nos reímos con ganas.

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