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Díaz-Canel: «Nuestro horizonte sigue siendo socialista»

Discurso pronunciado por Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la clausura del XXII Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, en el Palacio de Convenciones, el 29 de octubre de 2022, «Año 64 de la Revolución»(Versiones Taquigráficas – Presidencia de la República)

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

Queridas compañeras, queridos compañeros;

Hermanos de lucha:

En tiempos como los que vivimos, duros, desesperanzadores para las grandes mayorías, que son víctimas de múltiples crisis simultáneas generadas por el capitalismo decadente que empuja al mundo a la barbarie, es muy reconfortante un encuentro como el que nos ha reunido por tres días en La Habana para discutir, con realismo, de alternativas y de esperanzas que compartimos.

Aquí estamos, soñando y haciendo, sobre todo intentando que se haga posible lo imposible. Es decir, haciendo lo que los enemigos del socialismo y por tanto del progreso humano dijeron que era imposible desde que las ideas de Marx, Engels y el Manifiesto Comunista aparecieron para movilizar a los explotados y aterrar a los explotadores.

La certeza de que un mundo mejor es posible no ha llegado por manuales. Lo vamos confirmando en el camino de la construcción socialista y con cada partido que encontramos con ideales comunes en la lucha infatigable por la emancipación humana y la justicia social.

Nuestro horizonte sigue siendo socialista, incluso después de la trágica desaparición del campo socialista en Europa y la desintegración de la Unión Soviética, y a pesar de las feroces campañas anticomunistas que los poderes del capitalismo transnacional han convertido en dogma del pensamiento único a través de poderosos medios de alcance global.

A despecho de la demonización constante de la gloriosa historia del movimiento comunista internacional, de la infame limitación de derechos de participación política en un creciente número de países, en nombre de la libertad y en medio de una situación global tan compleja como en los peores momentos de la historia universal, hoy estamos clausurando un evento que ha reunido, por primera vez en Cuba, a 145 delegados de 77 partidos de filiación comunista y obrera procedentes de 60 países.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

La demonizada Cuba, la bloqueada Cuba, la acosada y castigada Cuba ha convocado y recibido a quienes en el mundo comparten y defienden ideales comunes, para compartir reflexiones y debates sobre temas de importancia estratégica como la necesaria unidad para enfrentar la arremetida del imperialismo, el auge de la ultraderecha, la reemergencia del fascismo y la guerra, así como para articular las acciones en defensa de la paz, el medio ambiente y los derechos de los trabajadores y la promoción de la solidaridad de todos los pueblos en lucha.

Agradecemos, en primer lugar, la confianza de aquellos que dieron al Partido Comunista de Cuba la oportunidad de organizar este encuentro, a la vez que reconocemos los esfuerzos de todos los presentes para asistir, en medio de las dramáticas y complejísimas realidades políticas, económicas y sociales que sufre la mayoría de los países de los cuales ustedes proceden.

No los invitamos a elogiar un modelo. Los convocamos al análisis y a la concertación de esfuerzos.

Cuba representa una experiencia concreta de construcción del socialismo en un país pequeño, en vías de desarrollo, bajo el brutal acoso de la más poderosa potencia de la historia y a solo 90 millas de sus costas. Puede decirse que expresamos la comprensión de la necesidad de cambio social por ruptura de la lógica del capital y, al mismo tiempo, el desarrollo y perfeccionamiento de cómo hacer el cambio social socialista como superación de la lógica imperialista.

Se trata de conjugar el reto entre la alternativa necesaria y posible en el proceso y en el proyecto, de manera que lo posible presente no contradiga lo necesario futuro del proyecto histórico.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

En otras palabras: la alternativa posible no renuncia a la deseada, sino que la alimenta, construye y avanza en ella.

El marxismo es ciencia y estamos desafiados constantemente a confirmar la teoría en la práctica, articulando respuestas para avanzar en la conquista de la justicia social.

Para ello es importante tener en cuenta dos aspectos esenciales: la necesidad de una vanguardia organizada, en nuestro caso el Partido Comunista de Cuba, con formación científica, política e ideológica para entender las transformaciones del imperialismo y las nuevas formas de lucha y, al mismo tiempo, asumir que la ideología de la transformación socialista es el marxismo crítico por su esencia y fundamentos al proponer subvertir la realidad con un método científico.

En consecuencia, la transición socialista cubana identifica y promueve dos ejes esenciales en la transformación socialista: la centralidad del trabajo y la centralidad del ejemplo. En ambos casos el ser humano es objeto y sujeto de esa trasformación. Por ese camino avanzamos, “rompiendo monte en cueros y en el puño un corazón”, como dice el verso de una canción de nuestro trovador Vicente Feliú que describe poéticamente el enfrentamiento cubano a todos los desafíos.

Compañeras y compañeros:

Desde diferentes perspectivas hemos coincidido en que la crisis sistémica del capitalismo, agudizada en los últimos dos años por la pandemia de la COVID-19, ha profundizado la enajenación, la exclusión y las desigualdades sociales, los egoísmos y la despolitización en favor de los proyectos de la ultraderecha conservadora, amparando el resurgimiento de ideas extremistas y fascistas.

Las evaluaciones realizadas por muchos de los partidos presentes confirman que la batalla por la justicia social y el socialismo requiere, en primer lugar, de la unidad del movimiento comunista y obrero y de la construcción de alianzas con las organizaciones sindicales, los movimientos sociales, revolucionarios y populares que se oponen a la dominación imperialista.

 

Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

Esa comprensión resulta imprescindible para crecer y avanzar en la construcción de programas políticos que incluyan a otros sectores de sociedades cada vez más diversas en su composición y heterogéneas en sus necesidades y reclamos sociales, como los trabajadores intelectuales, las mujeres, los estudiantes y jóvenes, los campesinos y las minorías excluidas, entre otros. Solo con el esfuerzo y la coordinación de todos podremos alcanzar la verdadera transformación revolucionaria.

La Declaración y el Plan de Acción aprobados en este XXII Encuentro tienen ese propósito. Si logramos que estos objetivos y acciones tengan un impacto y una efectividad real, podremos asegurar que este espacio ha sido y seguirá siendo útil y transformador.

Los partidos comunistas y obreros hemos caracterizado la realidad que debemos y queremos transformar. Somos conscientes de que el imperialismo constituye el principal adversario. Conocemos la articulada estrategia imperialista encaminada a fomentar la desmoralización de nuestras fuerzas, reforzar la implementación de lo peor del modelo consumista, enajenador y depredador e imponernos los valores más reaccionarios, enajenantes y conservadores en el plano político e ideológico.

Pongamos frente a ello, como espada y escudo de los pueblos, los valores y principios que compartimos y nos unen, que constituyen referentes éticos y morales, como son la igualdad, la equidad y la justicia social; la democracia revolucionaria y socialista, cuyo carácter popular y participativo debemos profundizar; la solidaridad, desde una práctica auténtica, respetuosa y complementaria; y la unidad, primero a lo interno y, luego, con otros partidos políticos, organizaciones y movimientos sociales y populares, comenzando en nuestros países y luego en el ámbito regional e internacional.

En medio del complejo escenario internacional actual son muchos los desafíos que enfrenta Cuba. El Partido Comunista de Cuba trabaja en las misiones principales definidas en el Octavo Congreso, celebrado en abril del pasado año, al que nombramos Congreso de la Unidad y de la Continuidad. Estas misiones son la batalla económica, la lucha por la paz y la firmeza ideológica. De igual forma, trabajamos en la implementación de las ideas, conceptos y directrices señaladas en ese evento de los comunistas y de todo el pueblo cubano.

El Partido Comunista de Cuba concede especial importancia al vínculo permanente con las masas: “el oído pegado a la tierra”, le llama en lenguaje popular el General de Ejército y líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro Ruz; la relación directa con los problemas y aspiraciones del pueblo y el conocimiento profundo de los hechos, fenómenos y procesos que enfrenta la sociedad cubana.

En torno al interés supremo de construir el socialismo, que ha sido refrendado por la abrumadora mayoría del pueblo cubano en Referendo Constitucional, el Partido tiene la misión de mantener la unidad y cohesión del pueblo y el consenso social, todo lo cual nos ha conducido a resistir de manera creativa frente a la aspiración imperialista de dividirnos y hacer claudicar nuestra firmeza y capacidad de lucha.  En esa vocación “de estar estrechamente atados a la firme y dulce entraña del pueblo”, el Partido educa y aprende, potencia la responsabilidad individual de su militancia y fortalece la dirección colectiva.

La labor del Partido en el terreno ideológico se fundamenta en la teoría marxista, en la prédica martiana, en el inmenso legado de Fidel, en las enseñanzas de Raúl, en las tradiciones de lucha del pueblo, en su experiencia histórica y en la de los demás pueblos y naciones.
Compañeros de lucha:

Prioricemos los objetivos estratégicos que compartimos, a la vez que reconocemos la fortaleza que entraña lo diverso.

Apreciemos, con humildad, las experiencias y logros indiscutibles alcanzados gracias a la lucha infatigable y a la construcción colectiva que, indiscutiblemente, ha emancipado importantes segmentos de masas populares y trabajadoras y ha dignificado a los pueblos.

Respetemos las diferentes formas de organización para la lucha que cada país y cada región han definido según su realidad concreta.

Aprendamos de las experiencias emanadas de historias de lucha y resistencia.

Apostemos por la comprensión conjunta, el consenso y la articulación.

Desterremos el personalismo, la división y el sectarismo, prácticas que profundizan las diferencias, exacerban la desconfianza, quiebran los consensos y benefician al imperialismo. La división siempre favorecerá los intereses de las fuerzas que representan al capital financiero internacional, a la contrarrevolución y al imperialismo.

Compartimos un deber ineludible: la formación de las organizaciones políticas juveniles que, a su vez, deben dirigir el trabajo hacia colectivos amplios y plurales seriamente impactados hoy por la enajenación y la despolitización.

La juventud ha sido y sigue siendo uno de los principales sujetos históricos y tenemos la responsabilidad de potenciar su participación activa y militante en la lucha. El protagonismo de las nuevas generaciones en la construcción y conducción del presente hará que asuman el futuro con responsabilidad y sentido de pertenencia.

Los objetivos fundamentales del Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros han estado dirigidos a generar un espacio de reflexión, intercambio y colaboración; de concertación de posiciones y acciones mutuas; de solidaridad internacional. Para lograrlo, debemos desarrollar relaciones transparentes, de confianza y sinceridad, respetando las diferencias y potenciando lo que nos une.

El Partido Comunista de Cuba valora estos Encuentros como un espacio útil y necesario para el intercambio y la cooperación entre los partidos comunistas y obreros del mundo, especialmente en un momento caracterizado por una fuerte ofensiva del capitalismo contra los derechos de los trabajadores, una violenta campaña anticomunista, crecientes amenazas a la paz y a la estabilidad internacional, maniobras de desestabilización y desinformación, dobles raseros, aplicación de medidas coercitivas y guerras mediáticas y culturales.

El Partido Comunista de Cuba reconoce el mérito histórico de las fuerzas políticas que de manera permanente han contribuido al desarrollo de estos Encuentros y ratifica su compromiso con los principios fundacionales.

Cuba reitera su vocación profundamente humanista y solidaria con los pueblos hermanos que, fieles a su historia de lucha, resisten y construyen en cualquier parte del mundo.  Ejercer la solidaridad internacionalista es saldar la deuda con quienes han respaldado nuestra determinación de construir una sociedad socialista de derecho y justicia social en defensa de la soberanía e independencia nacionales.

En consecuencia, la Cuba martiana y socialista de Fidel nunca dejará de acompañar a la patria de Bolívar y Hugo Chávez.  La amistad entre ambos líderes, fraguada en la lucha por la verdadera independencia e integración de América Latina y el Caribe, no será traicionada.

Para los comunistas cubanos el triunfo de la Revolución Bolivariana constituye un extraordinario y decisivo capítulo de las luchas por la independencia, la integración y contra el imperialismo en América Latina y el Caribe, por lo que ratificamos el invariable apoyo a ese proceso político, a su alianza cívico-militar y al compañero Nicolás Maduro Moros (Aplausos).
Nuestro Partido ratifica su solidaridad y apoyo a la Revolución Sandinista, que enfrenta hoy el asedio político, mediático y diplomático del imperialismo estadounidense.

Las causas de los pueblos de Puerto Rico, Palestina y de la República Saharaui Democrática, siempre tendrán nuestro apoyo incondicional y resuelto.
Saludamos los esfuerzos en la construcción del socialismo de los Partidos Comunistas de la República Popular China, la República Socialista de Vietnam, la República Popular Democrática de Corea y la República Democrática Popular Lao.

Felicitamos de modo especial a los comunistas chinos por el éxito de su reciente Vigésimo Congreso.

Queridos compañeros:

Desde la extraordinaria vigencia del pensamiento del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, retomemos una reflexión que, en fecha tan temprana como 1961, nos legara: “Hay que actuar con métodos revolucionarios, métodos nuevos, métodos democráticos, de los que corresponden a una democracia revolucionaria, a una democracia obrera; porque eso significa el socialismo: significa precisamente el gobierno del país por la mayoría del país, que son los que trabajan, los que producen y los que imponen su ley revolucionaria, con la fuerza de su razón y con la fuerza de su energía…”.

Quisiera agradecer, finalmente, las múltiples expresiones de solidaridad que han tenido lugar en este evento con la heroica lucha que libra el pueblo cubano frente a la permanente agresión del imperialismo norteamericano en su empeño de aplastar a la Revolución.

Hemos enfrentado con firmeza y creatividad la aplicación del criminal bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, recrudecido de manera oportunista durante los momentos que enfrentamos la pandemia.

El pueblo cubano no cedió tampoco ante las campañas mediáticas y subversivas dirigidas a distorsionar la realidad y dividir a la nación, ni a los efectos económicos de la injusta inclusión de Cuba en la fraudulenta lista de países patrocinadores del terrorismo, lo cual genera dificultades adicionales al desarrollo y a la atención de las necesidades de nuestro pueblo.

¡Ningún obstáculo será suficiente para mellar nuestra determinación de resistir, luchar y vencer!

Contar con el apoyo de ustedes en esa batalla nos estimula y alienta.  ¡Ustedes también podrán siempre contar con Cuba y con su Revolución!

¡Viva el Socialismo!
¡Viva el internacionalismo proletario!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

(Ovación.)

 

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