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Con Filo: Código a la carta

Esta semana tuve la oportunidad de asistir a una de las reuniones con los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la que sus integrantes recibieron una pormenorizada información sobre los resultados de la consulta popular del Código de las Familias, así como el texto de la versión 25 que irá a la próxima sesión ordinaria de sesiones.

 

 

Más que reiterar la información ya pública sobre la cantidad de mejoras que recibió el proyecto, o del favorable porcentaje de aprobación que manifestó la ciudadanía, me gustaría trasmitir mis impresiones sobre el impresionante ejercicio de construcción colectiva en el cual estamos participando.

Opiniones expertas, resultados científicos, dudas y aportes populares, todo ha sido tenido en cuenta para legislar sobre un aspecto tan esencial para cualquier sociedad como es la institución familiar, en toda su amplitud y diversidad de variantes.

Basta echar un vistazo al voluminoso documento, disponible para su lectura y revisión en múltiples sitios digitales, para percatarnos del preciosismo con que ha trabajado la comisión redactora del futuro Código, la cual a estas alturas podemos decir que la integra toda nuestra población.

Las adiciones y enmiendas al texto que discutimos en todas las comunidades son visibles en esta versión 25, para que cada persona observe, con total transparencia, las modificaciones realizadas y perciba así ese afán de esclarecer y proporcionar la mayor seguridad jurídica a nuestros futuros derroteros familiares.

Pero ni siquiera después de tantas idas y venidas, el proyecto se presenta como un caso cerrado. En la propia reunión que presencié, por ejemplo, una diputada formuló interesantes acotaciones, a partir de su experiencia como especialista en genética médica, en aspectos técnicos relacionados con la gestación solidaria, una de las figuras jurídicas que con más rigor científico y ético se ha trabajado en este proyecto.

Y es que subyace en el debate y las intenciones de la mayoría de nuestro pueblo el deseo de construir un Código revolucionario y duradero, tan avanzado para su tiempo como su predecesor de 1976. Todo lo que se ha cambiado y mejorado en esta propuesta de Ley, es para garantizar más derechos, seguridad y tranquilidad a nuestras familias.

También se ha dicho con total claridad cuáles son aquellos planteamientos y recelos que afloraron en los debates y que resulta imposible armonizar con las intenciones humanistas del proyecto, así como con los principios que recoge nuestra Constitución del 2019 y las convenciones internacionales sobre esa materia suscritas por Cuba.

De manera que el proyecto del Código de las Familias seguirá su camino hacia el perfeccionamiento, hasta el último día en que votemos en el referendo popular y respaldemos la versión más completa posible. Quizás no será una Ley perfecta, nada lo es, pero de seguro se acercará bastante —como decía el poeta— a lo que, simplemente, hemos soñado y construido entre todas y todos.

Porque cada cubana y cubano puede sentirse protagonista de esta deliberación transcendental en la cual ya llevamos meses, y que nos ha permitido aprender sobre aspectos sensibles de la vida que tal vez muchas personas desconocíamos en parte o hasta en su totalidad.

Esta apropiación colectiva ha ido mucho más allá de discutir y concebir una norma jurídica, con sus tecnicismos y formalidades. Ha hecho, sobre todo, que nos miremos por dentro en cada hogar del país, y nos reconozcamos y solidaricemos con las historias y esperanzas de infinidad de familias que ven en este Código, hecho a la carta, una oportunidad presente y futura para ser más plenas y felices.

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