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RETRATOS: El profe Huguito

Se llama José Belén Sánchez Díaz, pero todos lo conocen como Huguito. “Cuando me presento ante los alumnos, les aclaro mi verdadero nombre”, afirma el instructor de Escuela de Educación Vial y Conducción (EEVC) de La Habana, perteneciente a la empresa TRAMOS, que integra el Grupo Empresarial de Servicios de Transporte Automotor (GEA).

Foto: Agustín Borrego Torres

Según cuenta, lo de Huguito viene por su difunto padre, quien fuera fundador y profesor de esa institución. “Se nombraba Hugo, y, como yo desde pequeño venía con él, nadie me decía José. Ya él físicamente no está entre nosotros, y aquí me siguen llamando Huguito. Me gusta porque le rindo tributo a mi papá y a otros que como él se entregaron con amor a esta entidad”.

Recuerda que la escuela de automovilismo se encontraba ubicada frente al Jardín Zoológico de La Habana, más conocido como Zoológico de 26. “Era un centro maravilloso, con muy buenas condiciones. Había seis simuladores; yo iba y me subía a uno de éstos para intentar conducir.

“Escuchando a mi papá, aprendí la teoría y a los 14 años, en mi casa, le di la primera clase a cuatro alumnos. Eran estudiantes que tenían dificultades por alguna razón y mi padre los invitaba a nuestro hogar”, añade y aclara que ya sabía manejar cuando a los 18 años sacó sin dificultad su licencia de conducción.

Comenta que entre sus aprendizajes estuvo el intento de convertirse en carpintero ebanista, oficio que le encanta; y durante algún tiempo, laboró en comercio. Sin embargo, los conocimientos que desde niño adquirió ejercieron influencia en el curso de su vida. “Mi papá se retiró en el 2003, dos años antes comencé como profesor de la escuela y aquí permanezco”.

Con la experiencia acumulada, añade que, para ser instructor, lo primero es que a la persona le guste enseñar. “Hay que traducir lo que dice la Ley. Me gusta verlos cuando empiezan a conducir y saber que tú fuiste parte de esa preparación. Ningún grupo es igual, unos te exigen más que otros; están los que conducen porque les gusta y algunos por necesidad. Siempre les digo que la conducción no termina en la teoría, es la práctica y destreza lo que hace que mañana una persona sea un buen conductor.

Foto: Agustín Borrego Torres

“Cuando concluyen, muchos vienen y me enseñan la licencia y agradecen lo que aprendieron conmigo. En mis clases siempre insisto en que el objetivo es aprender porque esos conocimientos los van a utilizar el resto de sus vidas”.

Huguito insiste en la importancia de los cursos de recalificación para los choferes profesionales, quienes tienen una gran responsabilidad con la vida de pasajeros y peatones, además de preservar los recursos del Estado. “Hay algunos que llegan y dicen que tienen 40 años de experiencia; sin embargo, no tienen los conocimientos actualizados. Cuando inician las clases, se dan cuenta de que son muy necesarias y no están perdiendo el tiempo.

En la escuela, ubicada en calle Calzada, entre H e I, en el Vedado, es feliz porque disfruta su profesión. Aspira a que se siga potenciando este tipo de institución, por el impacto social que tiene. “Aquí nace el buen chofer”.

Confiesa que a sus pequeños hijos Leonardo y Ana Lauren también les llama la atención el automovilismo y a lo mejor algún día sigan su ejemplo. Mientras tanto, Huguito sigue rindiendo honor al legado de su padre y se enorgullece de ser un instructor al que todos respetan.

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