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Haciendo realidad su sueño

Cuando Joel Mayor Lorán se enfrenta en Artemisa a estudiantes de preuniversitario que aspiran a estudiar Periodismo, recurre a su experiencia y utiliza diversos recursos didácticos. “Nos divertimos y aprendemos leyendo las crónicas de Manuel González Bello, Eduardo Galeano, Reinaldo Cedeño… Los pongo a realizar entrevistas, primero a personalidades, y luego les indico otras aparentemente absurdas: a un bolígrafo, una goma o unos espejuelos. Les oriento redacciones a partir de títulos tan descabellados como Sebastopol sobre mi almohada o ¿Cómo matar a un ruiseñor?

Foto: Cortesía del entrevistado

“Al inicio, quedan atónitos ante el inusual entrenamiento de redactar y completar oraciones sin ninguna forma de los verbos ser, estar o tener, y sin palabras categóricas como todos o nadie.

Cuando superan el desafío, descubren los mejores caminos del lenguaje… y piden más. Les revelo las seis preguntas básicas para construir una noticia y el método de la pirámide invertida.

Hablamos de los diversos leads ¡y se prueban! Igual con las entrevistas, crónicas, la elección de fuentes para un reportaje y el mejor ángulo para la foto de una cobertura informativa”.

Sencillo, inteligente y muy profesional, el periodista ha calado en muchos jóvenes artemiseños que han cursado la carrera de Periodismo y hoy ya ocupan puestos en las redacciones de diferentes medios de comunicación.

Su propia historia

Para poder llegar a enseñar a otros, Joel tuvo que andar su camino. Confesó que siempre quiso ser periodista. Recordó que cuando entró en décimo grado, en el otrora preuniversitario República Popular del Congo, ubicado en el territorio artemiseño, una compañera de estudios le preguntó qué quería estudiar y él inmediatamente le expresó cuál era su deseo.

Al mirar su infancia, vienen hermosos recuerdos. “De niño me encantaba encaramarme en la mata de chirimollas. Bien alto, me sentaba allí arriba a coger aire y mirar el patio. Lo otro que adoraba era leer: todos los días iba a la librería y compraba algún libro, además de pedir en préstamo uno más en la biblioteca. A veces, me los llevaba a la escuela: así fue con el policiaco La mujer fantasma, en tercer grado.

Según señaló, en su casa había un tremendo librero. “Pero fueron los periódicos los que me llevaron por el camino del periodismo, sobre todo aquellas crónicas de Félix Pita Astudillo en Granma, en defensa de la imagen del Che. No las olvido: Traficante de infamias. Tampoco dejaba escapar el JR dominical. Leía al Gabo y a Núñez Rodríguez, a Galeano siempre, a Benedetti, las crónicas de Angel Tomás y Surí en México. Seguía a Acanda y sus trabajos desde la Isla de la Juventud.

Buen estudiante, obtuvo la carrera de Periodismo. “Guardo muy gratas vivencias de la Universidad, de profesores que me obligaron a dar lo mejor de mí, como Redonet (Redacción) y Elina (Inglés), también los de Literatura y mi primera profe de Gramática (no recuerdo su nombre). Inolvidable la decana Magali García Moré, toda una dama y guía por los caminos del periodismo. Tuve muchos Maestros excelentes, como Ciro Bianchi, Pepe Alejandro y Arnaldo Silva.

“Agradezco enormemente haber tenido quien me enseñara Filosofía sin dogmas, remitiéndome siempre a los clásicos, a cada autor, para descubrir por nosotros mismos su manera de pensar.

También guardo el recuerdo de lo malo que era poniendo títulos, y como hasta los defendía a capa y espada. Seguro nadie, en toda la historia de la facultad, ideó alguno peor que los míos”, añadió.

Su primera experiencia laboral fue en el periódico El Habanero, donde trabajó de 1994 a 2006 y posteriormente pasó al diario Granma, hasta el 2010. A partir de entonces, empezó en El Artemiseño.

El ya experimentado colega, incursiona en todos los géneros periodísticos, pero reveló que le apasiona escribir reportajes e investigar problemas y sus causas, para buscar soluciones.

“También disfruto contar historias de vida de los maestros, esos seres ante los que uno debe quitarse el sombrero. Me encanta entrevistar. Hice realidad casi todas las entrevistas que soñé: Ramonet, Pascual Serrano, Spielberg, Frank Fernández, Ernesto García Peña, María Dolores Ortiz…, pero no pude hablar con Fidel.

“Procuro hacer de cada nota informativa una redacción que, sin renunciar a la mayor objetividad posible, enganche y hasta sea disfrutable”, dijo y aseguró que, aunque le gustan las crónicas, “aún debe perfeccionarlas”.

Hoy reconoce el papel del periodismo digital, pero aseveró que “las nuevas tecnologías no pueden cambiar el apego a la verdad, la ética, la profesionalidad, seguir pensando en los lectores, en ponernos a su servicio, en ser para ellos esclarecimiento y guía”.

Pasión por enseñar

Un día, durante una caminata, una estudiante del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Mártires de Humboldt 7 le dijo que quería estudiar Periodismo, y le prometió ayudarla. “Al parecer, lo comentó y otros estudiantes también se acercaron. Les dije que debían unirse, para no repetir lo mismo tantas veces, y así surgió un grupo, en esa propia escuela.

Luego el centro me organizó el tiempo en turnos de clases de 45 minutos, que no son suficientes.

“Entonces, decidí continuar en casa, y cinco o seis me siguieron. Años después los grupos crecieron, algunos de más de 30 alumnos, y tuvimos que usar aulas de escuelas, salas de video… hasta que volvimos a casa y ese sábado en mi casa se usan todos los muebles en función de las clases”, agregó.

 

En su casa, junto a los alumnos. (Foto ilustrativa del archivo del entrevistado)

 

Algunos se extrañan cuando subraya que jamás ha cobrado por dar una clase. “No lo hice ni en los tiempos más duros del Período Especial, ni cuando nacieron mis niños, así que menos lo voy a hacer ahora. He tenido alumnos que vienen a Artemisa desde Mantua, La Palma, Consolación del Sur y Bahía Honda; desde Madruga, Güines, Bejucal y Quivicán; desde Guanabo y Guanabacoa. El viaje les resulta muy caro. Encima, ¿les voy a cobrar? Entonces no podrían venir a pelear por su sueño.

Además, ese es mi pequeño triunfo en el intento de probar que es posible la utopía, que los ideales perviven y no todo necesita ser pagado con billetes. No voy a dejar que me arruinen esa fe.

Ayudo a un puñado de jóvenes a realizar sus sueños y, de paso, hago realidad el mío propio. Mi retribución no va a parar a una gaveta, al banco o al bolsillo de nadie, ni mucho menos se deteriora con el tiempo: queda para siempre. Y gano un millón de amigos”, puntualizó.

Joel ha perdido la cuenta del número de periodistas emergidos cinco años después de esos encuentros. “Unos imparten clases en la propia Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana o trabajan en Granma, Juventud Rebelde, Cubadebate, Radio Rebelde, Prensa Latina, TeleSur, el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, La Pupila Asombrada, Cubahora, el artemiseño, ArTv y Radio Ariguanabo.

 

Joel Mayor impartiendo clases. (Foto ilustrativa del archivo del entrevistado)

 

“En la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana cursan estudios decenas de quienes fueron mis pupilos. A otros la preparación les sirvió para matricular en la Facultad de Medios Audiovisuales y el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, incluso, una alumna fue representante de Cuba en la ONU”, alegó.

Premiado en concursos convocados por la UPEC, tanto a nivel provincial como nacional, ejerce la profesión desde su tierra natal, en el periódico El Artemiseño, donde funge como Subdirector de Información: “A Artemisa le dediqué mi tesis. No la cambio por La Habana ni por París o cualquier otra ciudad del mundo. Amo la tranquilidad de mi pueblo, su historia, su gente… Y está demostrado que en las provincias se hace muy buena parte del mejor periodismo cubano”.

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