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Martí, fervoroso admirador y amante de la música

                              La música es la más bella forma de lo bello.«White»Revista Universal México, 25 de mayo de 1875

José  Martí

 Resulta admirable comprobar cómo José Martí, mientras preparaba la guerra necesaria para liberar a la patria amada del yugo colonial español, logró disponer del tiempo necesario para conocer, analizar, disfrutar y reflexionar sobre las más variadas expresiones artísticas y literarias del mundo que le tocó vivir.

 

 

Si se revisa la extensa producción intelectual del Héroe Nacional cubano, tanto en prosa como en verso, será fácil advertir su interés en comentar, indagar, analizar, esas obras que, desde la literatura, las artes plásticas, la danza, el teatro, la música, le ocuparon –y preocuparon– a lo largo de su breve y fecunda existencia.

Aunque la relación del Maestro con algunas de esas manifestaciones de la cultura –como las artes plásticas, por ejemplo– ha sido tema objeto de análisis por estudiosos de dentro y fuera de la isla, su vínculo con la música, sin embargo, no ha despertado, en igual medida, el interés de los investigadores.

De ahí que la lectura del libro titulado José Martí y la música (Centro de Estudios Martianos, Colección Ala y Raíz, La Habana, 2014, 160 pp), con selección, introducción y ensayo del investigador y ensayista Salvador Arias García, proponga una novedosa mirada a una faceta insuficientemente analizada de la obra martiana.

Con una primera edición en el año 2009, este libro se estructura en dos partes que, como es evidente, se complementan y enriquecen mutuamente: la primera, «José Martí y el arte musical», de Arias García, y, la segunda, «Textos complementarios», con una decena de valoraciones sobre el tema estudiado.

Aunque Arias García no se considera un especialista en la materia –le animó desarrollar esta investigación «el que tampoco Martí lo fuera, estrictamente hablando»–, es innegable que, acertadamente, presenta un panorama imprescindible para apreciar y valorar los vasos comunicantes que unieron al Apóstol con tan rica y fecunda manifestación artística.

«José Martí y el arte musical» se inicia con una aproximación al entorno que le permitió al Maestro escuchar las más relevantes obras e intérpretes de su tiempo, para luego indagar, entre otros asuntos, en la mirada martiana a la música popular, a las óperas italianas y francesas y al aporte de grandes compositores.

En «Martí sobre la música», uno de los siete epígrafes en que el autor presenta su estudio, comenta:

«La fusión entre música y literatura en Martí suele despistar a los que analizan sus juicios sobre compositores e intérpretes, donde no encuentran al crítico ascético y técnico, sino al escritor en su rica expresión, sin por eso dejar de ser agudo y conocedor. Si acordáramos dividir en dos clasificaciones primarias a los receptores de la música –los que la aprecian sobre todo desde el punto emocional, identificativo, y quienes la analizan intelectualmente, más bien distanciados–, resulta lógico situar a Martí entre los primeros».

En la segunda parte del volumen, «Textos complementarios», se agrupan ensayos, artículos y notas, fechados entre los años 1935 y 2001, con la firma, entre otros, del musicólogo Orlando Martínez, del narrador Alejo Carpentier, del poeta Cintio Vitier, de la investigadora Zoila Lapique Becali y del periodista Omar Vázquez.

Entre esos textos, que permiten apreciar el enfoque dado al tema a lo largo de casi siete décadas, se reproduce el artículo «Martí y la música», de Gonzalo de Quesada y Miranda, publicado originalmente en la revista Bohemia, el 19 de mayo de 1935, incluido, cuatro años más tarde, en su libro Facetas de Martí, aparecido por la Editorial Trópico.

En parte de ese artículo, se reafirma así la relación del más universal de los cubanos con la música:

(…) Martí, aunque sin cultivar ninguna de sus diversas formas, fue un fervoroso admirador y amante de la música, en todas sus variaciones, viendo siempre en ella un nuncio de futuras venturas, un oasis cierto para el espíritu inmortal, cuando despojado de la humana envoltura, descansara, con toda la tarea cumplida, “y el lienzo en su marco”, del doloroso calvario terrenal de “morir en la cruz todos los días”.

Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana, Salvador Arias García (Caibarién, 1935-La Habana, 2017) se dedicó, por varias décadas, al estudio de figuras esenciales de las letras cubanas, entre ellas los poetas José María Heredia y José Jacinto Milanés, así como el narrador Alejo Carpentier.

Son relevantes, igualmente, sus investigaciones sobre la vida y la obra del Héroe de Dos Ríos, en especial sus estudios dedicados a la revista creada por el Maestro para las niñas y los niños de América, dados a conocer en libros como Acerca de La Edad de Oro (1980), Un proyecto martiano esencial: La Edad de Oro (2001) y Glosando La Edad de Oro (2001).

José Martí y la música, como afirman sus editores, es un libro de hallazgos. Una obra que no solo descubre un universo para muchos insospechado. Una obra, asimismo, que enriquece la bibliografía martiana y así confirma el alcance, trascendencia y permanencia del legado del más relevante revolucionario e intelectual del siglo XIX cubano.

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