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Alicia, entre la flor y y el mito

Formada en el seno de un pueblo para el que la danza responde a una necesidad profunda del temperamento, Alicia se ha convertido, en cierta medida,  en su Artista Nacional.

ALEJO CARPENTIER

 

El arte de la mítica bailarina y coreógrafa Alicia Alonso ha quedado en la memoria de varias generaciones de espectadores que, dentro y fuera de la isla, aplaudieron su maestría, su tesón, su entrega…

 

 

La impronta de la inolvidable intérprete de Giselle, también ha quedado exaltada por otros creadores, quienes se propusieron, y lograron, atrapar en sus obras el misterioso encanto de un arte imperecedero. 

Filmes, canciones, poemas, dibujos, testimonian no solo la admiración y el respeto a Alicia, sino también a su empeño en la génesis, desarrollo y esplendor de la escuela cubana de ballet y del emblemático Ballet Nacional de Cuba. 

Alicia, el vuelo de la mariposa (Editorial José Martí, Colección Vidas, La Habana, 2017, 248 pp), de Julio M. Llanes, es una de esas obras que, desde la literatura, rinden homenaje a la prima ballerina assoluta. 

Desde una mirada poco convencional, este libro presenta un acercamiento a pasajes de la vida, personal y artística, de Alicia, con el propósito de ofrecer, en toda su dimensión, el alcance y trascendencia de su legado. 

Su autor, desde una inteligente estructura, propone un libro que se mueve –como comentan sus editores– entre la biografía y la ficción, entre el testimonio y la anécdota, entre la fábula y la introspección. 

En una veintena de capítulos, Julio M. Llanes sabe cómo entrelazar recuerdos, remembranzas, memorias, que, como en un gran fresco, van perfilando momentos claves en una vida consagrada a la danza. 

Narración que se complementa y enriquece con otros materiales, como fotografías, opiniones de críticos y bailarines y poemas escritos a lo largo del tiempo, entre ellos «Alicia», que firma Nancy Morejón:

 

Asida entre la luz y el mundo,

leve y profunda,

se adelanta la cabeza gentil

de Alicia Alonso.

¡Qué sinsonte a sus pies!

¡Qué murmullo del pino!

Soñando junto al tiempo

aclarado y feliz,

se adelanta su sombra,

como un suave noviembre después.

Aparecen los hilos de la lluvia

y Alicia gira y gira

con aliento de brizna tal vez.

He aquí su espacio eterno.

Vamos. Silencio.

Ella baila entre el don y la espuma,

entre la flor y y el mito,

en el misterio.

 

Alicia, el vuelo de la mariposa no es el primer libro de sus características publicado por su autor, pues antes aparecieron obras similares como las dedicadas a la revolucionaria Celia Sánchez, a la narradora Dora Alonso y al poeta Nicolás Guillén. 

Creador de una extensa obra, fundamentalmente dedicada al lector infantil y juvenil, Julio M. Llanes (Yaguajay, 1948), entre otros reconocimientos, ha recibido, en más de una ocasión, el Premio La Edad de Oro y el Premio La Rosa Blanca. 

Como recuerda Julio M. Llanes, el prestigioso crítico ingles Arnold Haskell, al dirigirse en cierta ocasión a Alicia, escribía que «tu obra permanecerá mucho tiempo después que hayas dejado de bailar». 

«Generaciones de ballerinas –también agregabaenriquecerán su arte observándote, así como tú misma te has proyectado desde la tradición sentada por Taglioni y Pávlova. Cuba tiene la gran suerte de poseerte a ti, que perteneces al mundo y que eres ya inmortal en la historia de nuestro arte». 

La lectura de Alicia, el vuelo de la mariposa confirma tal certeza. Un libro que no solo enriquece el catálogo editorial dedicado a la artista, sino que también rinde eterno tributo a esa leyenda de la danza universidad que nunca dejará de ser Alicia Alonso.

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