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Sancionado y reinsertado, no discriminado

Para Yohandry Llamos Navarro su estatus social cambió el día de aquella sentencia. Después de casi 14 años de recorrido laboral como mensajero, administrador y más tarde almacenero-dependiente en la Empresa Provincial de Farmacias y Ópticas en Guantánamo, la vida sería muy distinta…

Foto: Adriana Rojas Preval

“Fui sancionado a cuatro años de privación de libertad sin internamiento. Perdí mi trabajo por incumplir mi deber como dependiente… Vendí medicamentos controlados y no pude probar la identidad de los pacientes a los que hice el expendio… Anoté los datos que aparecían en el tarjetón y no verifiqué su autenticidad con el documento de identidad… Eran cinco vales…”.

En cumplimiento de su pena sufrió, además de maltratos e infracciones, el rechazo de muchas administraciones de los centros laborales a donde fue destinado.

“Sucede que cuando eres sancionado penal y te ubican a laborar en un lugar determinado fuera de un centro penitenciario tienes que saber cómo comportarte en todo momento, porque eres el centro de atención… Viví incluso un hecho en que se le perdió algo del bolso a una de mis compañeras, y es ahí cuando todos piensan y apuntan que fuiste tú…. Es muy difícil, pues aunque no se tienen pruebas contra ti, la gente da por hecho que lo hiciste.

“Yo debía cada vez que llegaba un nuevo directivo presentarme ante él y explicarle mi situación… Tuve uno, mientras laboré en el restaurante Los Corales, que al conocer mi situación aumentó su desagrado… porque yo soy homosexual, y esa orientación marca el rechazo de algunas personas…

“Por otra parte, muchos creen que por ser sancionado tienes que matarte trabajando, y lo que uno debe hacer es cumplir cabalmente y ser disciplinado en todo.

“También está el estigma ante la comunidad, donde he tenido que lidiar con personas que me han buscado problemas o no dejan de provocarme para agravar mi situación penal”.

Sin haber leído íntegramente el dictamen del Tribunal que falló en su contra, Yohandry, de 40 años de edad y quien antes de la sentencia fuera militante del Partido, se dedicó a analizar bastante su realidad.

“La sanción me enseñó entre otras cosas a aprender mucho más de lo que es el Código Penal… sobre las leyes de este país… Porque a veces cometemos errores y no sabemos ni lo que hacemos.

“A los insertados en un centro laboral, que cumplimos sanción sin internamiento, nos asisten muchísimos derechos que parten desde la ubicación laboral autogestionada —una opción que respalda el juez de Ejecución, siempre que no lo impidan las características del delito por el que uno es sancionado, así como las medidas accesorias impuestas—. Y también está la regulación que establece que seamos presentados y atendidos. Pero aparte de los de Prevención y la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), a otras estructuras les falta bastante por hacer”.

Para mi entrevistado la CTC asume un rol protagónico en favorecer la transformación conductual de los sancionados, tanto en el sector estatal como en el no estatal.

De ahí la importancia de los Activos de Prevención y Atención, foros organizados a nivel sindical y al que son convocados todos los insertados, de conjunto con las autoridades penales y de trabajo encargadas de acompañarlos: jueces de Ejecución, directivos de los Tribunales Populares, la Fiscalía General de la República, la FMC, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), y otros.

“En esos encuentros uno aprende más… El Tribunal te ve con otros ojos, te explica con mayores detalles… Escuchas historias de discriminación, violaciones incluso al salario de los sancionados, y del apoyo con que contamos en el sindicato y de las posibilidades de que un buen ambiente favorezca la rehabilitación de otros con delitos y condenas más graves.

“Gracias a eso en estos cuatro años he hecho cosas que no sabía que podía hacer, y ha sido también por la confianza de muchas personas que han visto en mí otras cualidades… Y aunque no puedo optar por ningún cargo o puesto de dirección, en mi CDR, por ejemplo, colaboro de manera voluntaria con una brigada que apoya la construcción de viviendas de los propios vecinos”.

En su trabajo en la pizzería La Veneciana, Yohandry (el segundo de izquierda a derecha) goza del respeto de sus compañeros de trabajo y dirigentes administrativos. Foto: Adriana Rojas Preval

Como trabajador del área de calidad en la pizzería La Veneciana, de la ciudad de Guantánamo, hoy Yohandry Llamos Navarro solo piensa en cumplir su deber y poner de manifiesto una buena actitud laboral que ha comprendido los objetivos por los que se le impuso la condena.

Afortunadamente la Constitución de la República de Cuba resalta la reinserción social de las personas privadas de libertad, así como las garantías para el respeto de sus derechos, los cuales deberán expandirse conforme al debido proceso y los marcos regulatorios penales aún por definir.

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