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Lázaro Peña: un Palacio, un teatro para los trabajadores (Especial)

Ocurrió el 29 de mayo de 1974. Hacía dos meses que los trabajadores cubanos habían perdido a su líder, quien entregó sus últimas energías al histórico XIII Congreso Obrero de la CTC.

Aquel quinto mes del año habría cumplido 63 años y en su homenaje, y por acuerdo del entonces comité nacional de la Central, se le impuso su nombre al teatro aledaño a la sede de la organización.

No era un acto formal sino el justo reconocimiento a los esfuerzos de quien había batallado porque los trabajadores tuvieran un Palacio que acogiera a sus organizaciones sindicales y un gran teatro para efectuar plenarias, congresos y otras actividades, y se presentara lo mejor del arte para el disfrute de los más humildes.

Fue idea de Lázaro adquirir el terreno donde había radicado el Nuevo Frontón, ya inactivo donde se practicaba el deporte de origen vasco Jai Alai. Situado en la manzana que circundan las calles Desagüe, Marqués González, Peñalver y San Carlos, aquel sitio había sido escenario de combativas acciones obreras, de denuncia a los atropellos de la patronal, de los salarios de hambre, de reclamo a sus derechos a una vida más digna. Allí había hablado Mella en un Primero de Mayo y en otro Día de los Trabajadores estos habían recibido un mensaje de aliento y de combate del entonces principal figura de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), Rubén Martínez Villena, quien había tenido que huir al extranjero para evitar ser asesinado.

Era entonces una sede digna de la obra que Lázaro quería erigir pero los propietarios del viejo edificio pedían 200 mil pesos al contado y en efectivo, a lo que se sumaba el costo de la obra proyectada y la CTC no contaba con recursos para ello.

Ante tal dificultad, Lázaro apeló a los trabajadores y al llamado a contribuir con lo que cada cual pudiese, se generó un entusiasta movimiento que permitió ir sumando peso a peso la cantidad necesaria. Con ese fin se organizaron tómbolas, verbenas, algunos donaron el dinero de sus vacaciones, otros dejaron de hacer compras necesarias…

Y lo más emotivo: en ese lugar se realizó el primer trabajo voluntario de los trabajadores cubanos, porque allí acudieron de todos los sectores a brindar su mano de obra de forma desinteresada, y hubo quienes aportaron recursos materiales adquiridos por ellos, como los que laboraban en la construcción o en la industria de la madera, entre otros.

Las movilizaciones dominicales las encabezaba siempre Lázaro, a quien se le podía ver acarreando en una carretilla arena, cemento y ladrillos.

En 1947 el Palacio fue asaltado por falsos dirigentes sindicales que nucleados en torno a Eusebio Mujal, fiel representante de los intereses de la burguesía y el imperialismo, expulsaron de la sede de la CTC a sus legítimos dirigentes y usurparon la dirección de los sindicatos que utilizaron como fuente de enriquecimiento ilícito.

No fue hasta el triunfo de la Revolución que los trabajadores pudieron recuperar su Palacio y el teatro, sin embargo en 1961 un acto terrorista casi destruyó a este último, pero no impidió la decisión de los sindicalistas de celebrar allí el XI Congreso de la CTC en sillas de tijera y rodeados de escombros.

Del entonces campo socialista vino la ayuda solidaria para reconstruirlo. En ese tiempo, después de concluir su ajetreado día de trabajo, arrebatándole horas al sueño, Lázaro se preocupaba por el más mínimo detalle, resolvía problemas, probaba la acústica… y así hasta que estuvo concluido el teatro, más hermoso, moderno y funcional, en el cual los trabajadores pudieron disfrutar de espectáculos de alto nivel, como lo quería Lázaro, incluidos los del vigoroso movimiento de aficionados al arte que él promovió.

Por todo ello fue un merecido homenaje aquel que le ofrecieron en el cumpleaños que no pudo celebrar pero en el que recibió el hermoso premio de que su nombre quedara ligado para siempre a una de sus obras más queridas.

Respuestas sobre un nombre y el hombre

Habitualmente hasta hace poco tiempo por allí caminaban muchos turistas extranjeros interesados en visitar las tabaquerías existentes en la zona. Tal vez muchos al ver el nombre de Lázaro en el teatro hayan preguntado de quién se trataba y cualquier trabajador podría haberle resumido su intensa vida en breves palabras:

Fue nuestro líder indiscutible, valiente, cercano, muy querido, nacido en cuna humilde, de padre carpintero y madre despalilladora, que supo de abusos y explotación desde la adolescencia, desde su puesto de tabaquero. Que ascendió en la dirección sindical por su compromiso con los humildes y su valor a toda prueba hasta convertirse en el máximo dirigente de la Confederación de Trabajadores de Cuba que él ayudó a fundar, y que fue capaz, ya en Revolución de promover el mayor ejercicio democrático nunca antes visto en el movimiento sindical para llevar a feliz término un Congreso que puso a la central sindical y a sus sindicatos en mejores condiciones para responder a las tareas inmediatas de la construcción del socialismo.

Ese fue Lázaro, que siendo rey en aquel Palacio fue un humilde inquilino, porque aquel inmueble lo concibió para todos los trabajadores que vieron en él mucho más: al dirigente capaz de entender sus preocupaciones y de darles respuesta con el brazo por encima del hombro, como un amigo; al compañero que no dejaba de saludar y de preguntar por la familia y el trabajo de todo el que se encontraba fuera o dentro del edificio; el que sabía pulsar el sentir de cada colectivo laboral y era capaz de convencer a los más recalcitrantes, con su palabra pausada, con argumentos y hasta con una sonrisa.

¿Cómo entender que algunas asambleas de ese inolvidable y aleccionador proceso que fue el XIII Congreso empezaran con la mayoría en contra y terminaran aceptando con aplausos sus argumentos? La respuesta la dio su amigo y compañero de luchas Nicolás Guillén cuando expresó que Lázaro tenía “un sentido fino, delicado, realmente cortés para presidir una asamblea, para dirigir un debate, para aclarar un concepto yendo a su raíz, sin herir susceptibilidades, lo que le permitía encauzar la discusión como con mano de hierro bajo guante de seda”

Ese es el Lázaro que permanece en la memoria de muchos y a cuyo encuentro les toca ir a los actuales dirigentes sindicales.

 

[box title=»Sobre la figura de Lázaro Peña le invitamos a leer:» box_color=»#bbecd2″ title_color=»#0f0d0d»]

[spoiler title=»Lázaro Peña a las puertas de un Congreso» open=»yes» style=»default» icon=»plus» anchor=»» class=»»]

Si en aquellos tiempos yo hubiese sido graduada de Periodismo, tal vez me habrían dado la misión de entrevistar a Lázaro Peña para Trabajadores; sin embargo, las preguntas que entonces le hubiese podido hacer, él mismo podría responderlas hoy con lo expresado en las innumerables intervenciones que realizó en plenarias y asambleas de los más diversos sectores durante aquel histórico año de 1973, cuando el justamente llamado Capitán de la Clase Obrera cubana se entregó por entero al fortalecimiento del movimiento sindical.

Se me antoja imaginarme en un receso de una de esas reuniones acercándome a Lázaro con mis inquietudes y este, campechano y siempre dispuesto al diálogo, alentarme con su voz enronquecida y una sonrisa: “A ver, periodista, ¿qué quieres saber?”. Y como respuesta, apremiada por el breve tiempo de que disponíamos, lanzarle mi primera interrogante…(Leer más)[/spoiler] [spoiler title=»Lázaro Peña: Su credencial más preciada» open=»no» style=»default» icon=»plus» anchor=»» class=»»]

Cuatro décadas de ausencia física no han podido borrar de las mentes y los corazones de los cubanos su nombre, sus ideas y su obra. Mencionar a Lázaro Peña es hablar de trabajadores, lucha, sindicatos, unidad, patria, socialismo, futuro. Y sigue mostrando el camino porque, como dijo Martí, no hay más que un modo de perdurar y es servir.

Junto a Fidel en el proceso previo al XIII Congreso. Foto: Centro de Documentación periódico Trabajadores

Aún se sienten los ecos de su última batalla, el XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, que magistralmente él supo enrumbar para poner al movimiento sindical a tono con el momento de medulares transformaciones que vivía el país, un encuentro distante en el tiempo pero similar en trascendencia a la recién concluida vigésima cita de la CTC.(Leer más)[/spoiler] [spoiler title=»Lázaro Peña: El héroe que nos acompaña» open=»no» style=»default» icon=»plus» anchor=»» class=»»]Consulto la edición especial que publicó nuestro periódico con motivo de la desaparición física del justamente llamado Capitán de la Clase Obrera cubana, aquel 11 de marzo de 1974, para recordar un detalle que no siempre se menciona: la Resolución del Comité Nacional de la CTC que le confirió post mortem el Título de Héroe Nacional del Trabajo, “como reconocimiento a su condición de comunista, conductor y maestro de cuadros sindicales.

 

Foto: Centro de Documentación periódico Trabajadores

 

Lázaro Peña le acababa de entregar a su pueblo una obra colosal en la que volcó toda su experiencia anterior de dirigente, desde que fundó la CTC en 1939. Se trataba del XIII Congreso de la CTC, que constituyó la culminación de un proceso en el que  cumplió magistralmente la tarea de revitalizar el movimiento sindical, muy debilitado por decisiones erróneas. Así lo orientó Fidel Castro: “Rectificar errores, orientar, definir, establecer el papel que corresponde en la construcción del socialismo a las organizaciones obreras (…)”. (Leer más)[/spoiler] [spoiler title=»Lázaro Peña: una faceta poco conocida» open=»no» style=»default» icon=»plus» anchor=»» class=»»]

Lázaro Peña siempre estuvo orgulloso de ser tabaquero y, como él mismo expresó, su mesa de trabajo no estaría nunca abandonada porque ya siendo secretario general de la CTC cuando visitaba su antigua fábrica ocupaba un puesto en la galera y se afanaba en convertir la aromática hoja en un puro habano.

En las filas de ese sector se inició como sindicalista y pronto demostró la validez de aquella caracterización que hizo de él Rubén Martínez Villena cuando afirmó que tenía bríos de juventud y madurez de veterano, al convertirse con 28 años en líder indiscutible de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).  (Leer más)[/spoiler] [spoiler title=»Lázaro Peña: La fuerza de su legado» open=»no» style=»default» icon=»plus» anchor=»» class=»»]Lázaro Peña González, eterno Capitán de la Clase Obrera, fue de esos hombres de los que José Martí dijo que hasta después de muertos dan luz de aurora. Así lo demuestran las opiniones de cuantos tuvieron la oportunidad de trabajar a su lado en diversas etapas de su quehacer como principal conductor del movimiento sindical cubano.

 

En la presidencia del XIII Congreso de la CTC, de izquierda a derecha, Almeida, Osvaldo Dorticós, Fidel y Lázaro.

Entre estos figura Faustino Calcines Gordillo, fundador de la CTC ya desaparecido, quien afirmaba que entre sus enseñanzas ocupa lugar primordial la de defender la unidad y el derecho de los trabajadores, y su intensa labor educativa y aleccionadora, pues escuchaba con suma paciencia cualquier criterio, así como su capacidad de razonar y convencer, características que hicieron de él un ejemplo de lo que debe ser un dirigente sindical. (Leer más)[/spoiler][/box]

 

 

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