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Con Filo: Unidad a distancia

Canciones, novelas y películas famosas durante mucho tiempo nos contaron historias de grandes amores que por una u otra razón, tenían que sufrir los rigores de la distancia y, en los casos de finales felices, acababan siempre por vencer cualquier separación, por larga y difícil que fuera.

Nadie podría prever que tales historias de ficción o lejanas en el tiempo vendrían a tener un correlato en una circunstancia tan verídica y actual como la que vive hoy el mundo, y Cuba también, a propósito de la pandemia de la Covid-19.

 

Caricatura: Osval

 

El distanciamiento o aislamiento social como recomendación médica para evitar la propagación del nuevo coronavirus comienza a marcar nuestras vidas con increíbles y, casi seguramente inolvidables, episodios de grandes afectos y muestras gigantescas de cariño, cuya manifestación más elocuente es, precisamente, renunciar a vernos, hablarnos, abrazarnos, con las personas más entrañables.

Esta paradoja a que nos obliga la epidemia, de que mientras más queremos a alguien, más tengamos que protegerla de nuestro propio contacto físico, es quizás de las pruebas más duras por la cual deberemos atravesar las actuales generaciones.

En el caso de Cuba, con nuestra particular idiosincrasia, resulta particularmente notoria esta nueva exigencia. Y no solo se trata de amar desde la distancia, sino también de mantener nuestra emblemática unidad, aunque no nos toquemos.

Muchas son las manifestaciones cotidianas de esta singular necesidad que nos impone la Covid-19. En el ámbito familiar y de las amistades, la gente está atenta, llama por teléfono, expresa por las vías que tenga a su alcance su preocupación por el bienestar de las demás personas.

Múltiples iniciativas solidarias, de personas, instituciones y grupos, buscan hacer su pequeño aporte para el bienestar de quienes les rodean, a veces son caras conocidas, otras son completamente extrañas.

El seguimiento del acontecer noticioso nacional e internacional, la sensibilidad solidaria por el dolor ajeno y lo que sucede en cualquier rincón del mundo, también nos remite a una forma inédita de sentir la cercanía entre los seres humanos, a pesar de la separación física momentánea que tanto trabajo nos cuesta.

Es cierto que también hay egoísmos y actitudes deleznables, algunas de las cuales también informan los medios por estos días, como la de algunos individuos que quisieron lucrar con recursos médicos o violentar medidas sanitarias para evitar los contagios.

Pero incluso hasta esas manchas fortalecen ese sentimiento de unidad, de respaldo al enfrentamiento de cualquier error o daño a la seguridad colectiva.

Y no vamos a hablar de las muestras mayúsculas de valentía de nuestro personal de salud, o del agradecimiento popular a cada persona que labora en función de resolver las tremendas complejidades del momento, ya sean estudiantes, trabajadores, intelectuales o dirigentes. Que cada cual haga lo que le corresponda, y habrá una ciudadanía más unida, aunque nos mantengamos a metro y medio de la persona más cercana.

La pandemia pasará, nadie lo dude. Y como ocurrió desde siempre con esas historias de grandes amores que por una u otra razón, tuvieron que sufrir los rigores de la distancia, habrá también nuevas canciones, novelas y películas famosas que contarán sobre este tiempo, cuando tuvimos que quedarnos en casa, sin vernos, hablarnos, abrazarnos con las personas más entrañables.

Como debe ocurrir siempre en los finales felices, por larga y difícil que resulte, venceremos esta separación momentánea, con los menores perjuicios posibles, si —y solo si— sabemos mantener, aunque parezca paradójica, nuestra unidad a distancia.

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