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A Quiebra Hacha también llegan los aplausos

Más de 100 personas, de procedencia China, quienes laboran en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, han estado a buen resguardo en su Campamento, ubicado en el poblado Quiebra Hacha, donde pasan su período de cuarentena, con el seguimiento del doctor Roberto Ramos Blanco.

 

El doctor Roberto Ramos Blanco. Foto tomada de su perfil en Facebook.

 

El médico, quien labora cotidianamente en el Hogar Materno de este costero municipio, explica que tras el diagnóstico del primer caso positivo a la Covid-19, asumió la tarea inmediata de aislar al resto de los compañeros del enfermo en el mismo campamento donde trabajaban, mientras el resto de los contactos fueron trasladados a centros de aislamientos de otros municipios.

“Al principio no tenían percepción del peligro, dormían hacinados y seguían en contacto, pero, poco a poco, todo cambió. Ellos se protegen, tienen mucha responsabilidad y disciplina. Se les llevan los alimentos a la habitación, y se comunican nada más que tienen el primer síntoma, nos asegura el galeno, quien cumplió así, aislado de sus padres, esposa, hija y otros seres queridos, los 55 años de edad.

Desde este campamento remitimos los otros dos ciudadanos chinos también confirmados positivos a la Covid-19 en días pasados, y se les realizó a la totalidad de los que ya hace días están en cuarentena, un exudado de la nasofaringe, para buscar alertas de la peligrosa enfermedad que en el país de nacimiento de quienes cuida Roberto, ha infectado a más de 81 mil  y acabado con la vida de más de 3 mil de sus coterráneos.

Hasta este lejano lugar en Quiebra Hacha, a 11 kilómetros del municipio de Mariel, llegan también los aplausos de toda Cuba, como gratitud y consagración en momentos cruciales para el país.

Él es el único médico encargado del campamento de los chinos, y pone en práctica protocolos de seguridad, pues ya vivió otras epidemias en misiones anteriores en otros lugares del mundo como Guatemala, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

En breve, ya estará en casa, después de estos días ajetreados de aislamiento, y lo hará con el sabor del deber cumplido. Escribirá otras páginas, como parte del ejército de la Salud Pública en la Mayor de las Antillas.

Cada noche, cuando vuelven las palmadas  a la hora del cañonazo de La Habana, el homenaje más sensible a Roberto y sus colegas, quienes disparan, desde varias posiciones, salvas por la vida.

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