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Día del Trabajador de las Comunicaciones, la Informática y la Electrónica: A un clic de la gente (+ Infografías)

Vertiginosas son las transformaciones que operan en el mundo de las comunicaciones y la informática en Cuba. Detrás de cada servicio, producto o aplicación, para mejorar la vida de nuestra ciudadanía, está la labor de decenas de miles de trabajadores, de un sector estratégico para la economía, el desarrollo social y la defensa del país.

Trabajador de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S. A. (ETECSA), realizan mantenimiento en las líneas de comunicación. Foto: Eddy Martin Díaz

Aunque la comunicación es un proceso transversal a toda la sociedad e implica mucho más que a su Ministerio y al Sindicato Nacional de Trabajadores de las Comunicaciones, la Informática y la Electrónica (SNTCIE), que este año desarrolla su II Conferencia Nacional, muchas de las facilidades que hoy disfrutamos en cuanto a conectividad, telefonía móvil, Internet, más otras iniciativas para fomentar el gobierno electrónico y la interacción ciudadana, deben al esfuerzo de esas entidades los resultados que aquí intentamos sintetizar como una pequeña muestra de lo hecho hasta el año 2019.

 

Autopist@ en sus manos

Roberto Fowler Corrales, operario de ETECSA. Foto: Isabel Aguilera

Su labor de empatar cable con cable es sencilla solo en apariencias, porque entre las manos de Roberto Fowler Corrales suele correr mucha de la información digital que circula a lo largo y ancho de nuestro país.

Este operario de la Unidad especializada soterrada de Etecsa en La Habana comenzó allí como ayudante hace ocho años, y hoy tiene el reconocimiento de su colectivo, que recientemente lo seleccionó como delegado directo a la II Conferencia Nacional del Sindicato de los Trabajadores de las Comunicaciones, la Informática y la Electrónica (SNTCIE), a celebrarse en octubre próximo.

En ese centro estratégico que garantiza la vitalidad de las redes subterráneas y subacuáticas de fibra óptica, Roberto reconoce que hay todas las posibilidades para que un joven entre como obrero y se capacite hasta ser técnico o especialista, como a él le sucedió. “Aquí no hay trabas para la superación”.

Las autopistas de las comunicaciones son los cables, de muy diverso tipo y complejidad, por lo cual no es exagerado decir que trabajadores como Roberto están detrás de cada llamada, bit, dato, señal digital que trasmitimos y recibimos en nuestra vida cotidiana.

Junto con otros 140 trabajadores, su tarea casi siempre transcurre bajo tierra, en espacios confinados y difíciles condiciones, por donde van los cables principales para el sistema de las comunicaciones.

Es un trabajo de alto riesgo, explicó Roberto, donde a veces tienen que enfrentarse “a lo que no te puedes imaginar”. Escape o acumulación de gases tóxicos, animales muertos, salideros, peligros que hacen indispensable el dominio y práctica de estrictas medidas de seguridad.

Secretario del Partido en ese colectivo Vanguardia Nacional durante nueve años consecutivos, Roberto considera que el Sindicato ha venido realizando una labor de acercamiento a la base, aunque no se está satisfecho del todo, porque todavía hay que llegar más al trabajador, para ver los problemas existentes y resolverlos.

Planteó que es básica la atención a las condiciones laborales, y a la seguridad y salud del trabajo, que en el caso del Soterrado recibe un tratamiento diferenciado, por la propia naturaleza de la actividad.

Ponderó igualmente la importancia del convenio colectivo de trabajo para cubrir tales demandas.

Como operario, Roberto comprende la trascendencia del sector para la economía cubana. En Comunicaciones hay mucha juventud, incluyendo a sus dirigentes, apuntó, al destacar el concepto de continuidad en la Revolución.

No puede olvidar el esfuerzo que desplegaron el pasado año luego del paso del tornado por varios municipios de la capital, pues son ellos la avanzada que primero llega a cualquier zona de desastre. “Llegábamos al tramo —así le decimos— a las seis y tanto de la mañana, regresábamos ya muy tarde en la noche a la casa, para volver al otro día. Y nadie dijo ‘estoy cansado’ o ‘no puedo con esto’. Fue muy duro”.

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