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Lo sensorial, lo mítico y lo auténtico en la poesía de Zurelys López Amaya

«El lector ha de advertirlo: ha de saber que en este cuaderno la poesía es el concluido testimonio de una fricción repentina, y que la palabra se enhebra para el centelleo de una contemplación dinámica, de una introversión llena de color. Dueña de la síntesis, al examinar la circunstancia por el haz y el envés, la poeta crea vigorosas ventanas del mundo interior. La prosa sucinta y simbólica suspende en el aire con éxito el rostro de un espíritu».

Foto: Dahomy Darroman Sánchez

Con esas palabras, plasmadas también en la contraportada de A la llegada del invierno, inauguró el poeta y ensayista Roberto Manzano la presentación de esa antología personal en el salón Federico García Lorca del Centro Cultural Dulce María Loynaz, donde se reúnen mensualmente los creadores cimeros de la cultura cubana a intercambiar y socializar el conocimiento.

De la autoría de la poeta y periodista Zurelys López Amaya, editado por Letras Cubanas, y dedicado a Eusebio Leal Spengler y al fallecido Alberto Montoto Sánchez, diseñador del libro, el texto se caracteriza por un profundo lirismo y por la continua búsqueda de la expresión del mismo a través de la presencia del yo que aflora a lo largo de todo el volumen y le confiere una marcada subjetividad.

Su eje central es lo sensorial, que se manifiesta en la siempre presente alusión al sentido de la vista y del oído, además de momentos táctiles en menor medida.

En sus poemas en verso libre y en prosa puede apreciarse un discreto uso del enfoque surrealista ante la realidad, debido a las metáforas e imágenes sorprendentes que emplea la también narradora; así como un sutil empleo de la anécdota, cuyos matices narrativos o elementos evocadores de la memoria se acompañan con frecuencia de un ligero tono conversacional; acorde con el destacado investigador literario cubano y Doctor en Ciencias Filológicas Virgilio López Lemus.

Sin ser monotonal, el libro posee una significativa presencia del poema de un solo verso, casi haikus, que se componen de hemistiquios muy parejos los cuales le otorgan ritmo al texto y que, aun siendo tan breves, “provocan temblor humano” y “despiertan algún enigma” en los que “la poesía fosforece, como una combustión veloz de lo humano”, al decir de Manzano.

Dicha ritmicidad está dada por ciertas pausas que denotan un juego de carácter formal y propician una lectura continua y amena, dada la perfecta articulación entre forma y contenido que lo enriquecen en gran medida.

 

De izquierda a derecha: Virgilio López Lemus, Zurelys López y Roberto Manzano. Foto: Dahomy Darroman Sánchez

Zurelys mira la realidad a través de un marco lírico especial conformado por sus vivencias, y su fin estético es la autenticidad de transmitir estas con eficacia. Al hacerlo, logra que el lector se centre en ellas, en el contenido, y que obvie estructuras y componentes formales. Lo mismo acontece en Pactos con la sombra (2009), Rebaños (2010), Minúsculos espejos (2011), La señora solitaria (2014), Lanzar la piedra (2015), y Levitaciones (2016).

En “Flores en primavera”, “Cambio de vida” (dedicado a su esposo Daniel Díaz Mantilla), “El Tao” y “Feng Shui” puede apreciarse la diversidad de temas interesantes que integran A la llegada del invierno, los cuales se expresan con connotaciones muy personales. Entre ellos, se destaca, según López Lemus, el elemento del viaje, pues en el texto se mencionan diversas ciudades del mundo, vistas desde la Isla.

Asimismo, es “un libro citadino, tejido desde el paisaje de la ciudad, que no comunica de manera factual lo que la autora vio, sino las sensaciones, lo hermoso de los lugares descubiertos”; donde existe “un juego de agua, dada la constante mención de ríos, lluvia, nieve, puertos, mares…”

En opinión del también ensayista, crítico y traductor, A la llegada… posee “una línea discursiva que no se quiebra en ningún momento. Es un libro fácil de leer por la hilación de la palabra que hay en él, por el sentido versal dentro de la propia prosa, por la ritmicidad que la autora ha logrado mantener y por ser un libro que sobrepasa lo emotivo que llama a una lectura redonda del mismo”.

Concuerda Manzano, al aseverar que “la poesía es un crecimiento del mundo interior, que ofrece la posibilidad de intercambiar ese crecimiento con otros. Es esa comunicación rápida que establece un intercambio entre dos mundos interiores. Un libro de poesía en el cual hay una entrega humana ya es un libro especial, y Zurelys ha desarrollado con el paso de los años una mirada ajustada totalmente a captar lo más valioso de sus vivencias a través de un algoritmo de tipo expresivo tan afinado que le permite enfrentarse a sus dramas personales incluso en el cristal translucido de una pecera.

“Y ante la autenticidad humana, ¿quién puede venir con un gancho estructuralista, con una pinza semiótica, o con todas las armas de la cirugía de los estudios culturales? No nos queda más, ante eso, que disfrutar el texto y a López como poeta y como una de las voces más singulares de ese coro enorme y complejo que es la poesía cubana”.

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