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Cien puntos para las libretas

Greterly tiene cinco años y comenzará en septiembre el primer grado, con la ilusión segura de aprender a leer, y también de escribir sus primeros trazos en libretas escolares como las que ayudó a fabricar en jornadas intensas su abuela Carmen Thomas Espinoza.

 

Carmen Thomas le ha contado a su nieta de cinco años que ella trabaja donde hacen las libretas en las que dibujará sus primeros trazos. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

“Ella es una niña muy inteligente, le digo: ‘esto lo hizo abuelita’, le explico el trabajo que cuestan, y por qué hay que cuidarlas”, contó esta experimentada trabajadora del taller Osvaldo Sánchez, uno de los colectivos del Sindicato de Industrias que a lo largo de todo el país produjeron en tiempo récord más de 15 millones y medio de libretas para asegurar el inicio del próximo curso escolar.

“Fue un verdadero zafarrancho, porque por las dificultades financieras para adquirir las materias primas, empezamos a fabricar las libretas a partir de la segunda quincena de mayo, para esta fecha en otros años ya teníamos gran parte de la tarea hecha”, refirió Jorge Proenza Hernández, director de Producción del Grupo Empresarial de la Industria Ligera (Gempil), entidad responsable de fabricar la mayoría de los insumos que demanda el sistema educativo.

Son incontables las anécdotas que narran directivos y dirigentes sindicales del sector sobre la entrega de sus trabajadores en estos meses de verano para poder conseguir esta hazaña productiva.

Desde colectivos completos que laboraban hasta tarde en la noche en plenos carnavales de Santiago de Cuba y fiestas populares en Guantánamo, hasta madres que trabajaban en las líneas productivas con sus hijos bien cerca y sin poder saber de vacaciones o días feriados.

Carlos Alberto Moreno Linares, director de la Empresa de Periódicos (Soygraf), en La Habana, apuntó varios de los eslabones que fueron claves en este resultado que implicó asimismo a las industrias poligráficas de Cienfuegos, Sancti Spíritus, Las Tunas y Holguín, esta última la más destacada en la emulación especial que animó esta fraternal competencia.

El mantenimiento previo de la bastante desgastada maquinaria de la industria gráfica, la organización de turnos rotativos, la sincronización de toda la logística de importación, extracción de las materias primas en el puerto y transportación hacia las fábricas, así como luego del producto terminado, por vez primera y con buenos resultados, el traslado por ferrocarril de forma masiva, fueron algunas de las premisas que permitieron prácticamente a todas las unidades empresariales de base (UEB) involucradas en la producción de las libretas escolares romper sus récords productivos diarios y mensuales en este corto período.

Así, quedará tal vez para la historia la marca productiva de 245 mil libretas fabricadas en un día, que reportó Laura Pupo Almaguer, directora de Producción de Soygraf, o la transportación de más de 3 millones de esos cuadernos solo en el mes de julio.

La empresa Ediciones Caribe, otro ejemplo, logró producir solo en el mes de julio más de 3 millones de libretas, prácticamente la mitad de su plan para la llamada primera etapa del curso escolar, apuntó Bernardo Borges Cleger, director general de esa entidad.

 

Una tonelada de papel para producir libretas escolares cuesta entre 900 y mil dólares, según su calidad. Se necesitan alrededor de 140 toneladas para fabricar 1 millón de libretas. El costo de producción de cada libreta oscila entre 40 y 50 centavos, según directivos del Gempil. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

El directivo destacó los aportes nunca antes alcanzados por las UEB gráficas Haydée Santamaría y Juan Marinello, de las provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo respectivamente, al superar el millón 250 mil libretas, así como las cifras conseguidas sin descuidar otros compromisos productivos por las demás imprentas en la ciudad de Santiago, La Habana y Camagüey.

El trabajo voluntario igualmente fue muy importante, resaltó Iris Noris Vaillant, secretaria general de la sección sindical de Ediciones Caribe, al narrar cómo más de 270 trabajadores de las oficinas y otras áreas de apoyo en todos sus talleres se sumaron a las líneas de producción, para laborar más de 2 mil horas extras.

Libros y muebles escolares

Hace alrededor de una semana que en la UEB Haydée Santamaría, de Palma Soriano, recibieron el papel para producir A leer, título básico para la educación primaria que tiene además la complejidad adicional de su impresión en cuatro colores, y del cual este año se prevén reponer 40 mil 500 ejemplares. Ya su colectivo labora en tres turnos de trabajo para que el libro llegue lo más pronto posible a las aulas de infantes como Greterly, la nieta de Carmen.

“Lo que más sobresale en la fabricación de los textos escolares es la efectividad en el aprovechamiento al máximo de la materia prima. Nunca pensamos que con tan poco papel, pudiéramos hacer tantos libros. Ya casi no tenemos desperdicios para entregar al reciclaje”, resumió Yoel Rodríguez Ramos, director de Producción y Ventas de Ediciones Caribe, empresa que fabrica los 112 títulos que requieren las diferentes enseñanzas.

Ante las restricciones existentes, la prioridad estuvo en el completamiento de las libretas y solo la reposición parcial de los libros, pues según precisó Proenza Hernández, del Gempil, también el Ministerio de Educación (MINED) tiene previstos cambios próximos en varios textos escolares.

No obstante, más de 4 millones 800 mil ejemplares ya fueron terminados y entregados al MINED para la primera etapa del curso, informó Rodríguez Ramos, aunque todavía hay una docena de títulos en producción para ese propósito.

Con el mobiliario escolar, de acuerdo con el director de Producción del Gempil, la estrategia estuvo clara desde inicios del 2019, al apostar por el traslado, arreglo y recuperación de todo lo que se pudiera, para aliviar la imposibilidad objetiva de fabricar tantos muebles como en otros años.

Con esa premisa, la industria consiguió reparar alrededor de 36 mil 800 muebles escolares, y fabricar otros 37 mil 300 en el país, con especial destaque de las UEB de Holguín, Santiago de Cuba, Ciego de Ávila, Villa Clara, Signos –en Mayabeque– y Luis Ruiz Pallares, en La Habana.

Lo más impresionante, sin embargo, de este empeño productivo, fue el compromiso y la naturalidad con que trabajadores de todos los colectivos implicados asumieron su responsabilidad.

 

Mayito estuvo al frente de la máquina que fabricó las libretas en el poligráfico habanero. Foto: José Raúl Rodríguez Robleda

 

“Nos explicaron que hacía falta un esfuerzo, y lo único que hicimos fue trabajar más, quedarnos después de las cinco de la tarde, venir los sábados y tratar de cumplir y sobrecumplir la norma, a pesar de que este equipo es un tareco”, expresó con total franqueza y sencillez, completamente ajeno a la grandeza de su aporte, Mayito Calderón Valle, operario de la máquina de producir libretas en el poligráfico capitalino y quien más se destacó allí en esta faena.

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