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Pence, la batuta, y el llamado Grupo de Lima

Por Orlando Oramas León, especial para Trabajadores

Colombia se reafirmó como la punta de lanza de la agresión orquestada por Estados Unidos contra Venezuela, y en su capital, Bogotá, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, volvió a amenazar con que “todas las opciones están sobre la mesa” contra el país sudamericano.

Pence siguió así a su mentor, el presidente Donald Trump, y lo hizo en la reunión del Grupo de Lima, una orquesta de gobiernos satélites sumados al cerco contra la patria de Bolívar y el proceso revolucionario que allí se defiende con firmeza.

Foto: EFE

Fue el epílogo al fracaso durante el fin de semana de la llamada “intervención humanitaria”, un pretexto que buscaba crear un incidente que propiciara la agresión armada, según ha denunciado el presidente venezolano Nicolás Maduro.

La llamada “ayuda” a la fuerza no pudo entrar en territorio venezolano, y lo paradójico resultó que grupos extremistas opositores quemaron parte del cargamento enviado por  EE.UU. ante el fracaso del show al que se prestaron, sobre todo, los presidentes de Colombia, Iván Duque, y el chileno Sebastián Piñera.

Pocas horas antes de que Pence volviera a amenazar con el uso de la fuerza contra Venezuela, un grupo paramilitar atacó, otra vez, desde el lado colombiano, un puesto militar de las fuerzas armadas bolivarianas, que repelieron la agresión.

Ello ante la mirada cómplice del Ejército y las fuerzas de seguridad colombianas, que permitieron que unos 60 sujetos armados dispararan contra el Comando Mixto de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) La Mulata, ubicado en el municipio Pedro María Ureña, el fronterizo estado del Táchira.

Resulta la misma complacencia con que las autoridades neogranadinas permiten el lanzamiento de cocteles molotov y otras agresiones contra efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana, que resguardan los puestos y puentes fronterizos con Colombia y Brasil.

Foto: Reuters

Pence volvió a instar a los uniformados venezolanos a virar sus armas contra el gobierno constitucional y, prometió, como Trump, en avanzada de su campaña electoral, que el socialismo será erradicado de las Américas.

El socialismo está muriendo, espetó, y amenazó a los países que se oponen a la escalada, la cual pretende derrocar a Maduro y, con él, revertir el proceso bolivariano iniciado por el expresidente Hugo Chávez, con innegables conquistas sociales para el pueblo de esa nación.

Pero al alineamiento que el representante de la Casa Blanca pretendía imponer en la cita bogotana tuvo fisuras, incluido el vicepresidente brasileño, el general Hamilton Mourao, un halcón partidario junto a Washington de reforzar las sanciones contra Caracas, que sin embargo se opone a la opción bélica contra la nación vecina.

Al intervenir en la reunión del Grupo de Lima subrayó que Brasil se opone a “…cualquier medida extrema que nos confunda con aquellas naciones que fueron juzgadas por la historia como agresores, invasores y violadores de las soberanías”.

No habría que ser de su propio bando ideológico para adivinar a quién se refería el militar brasileño devenido vicemandatario del gigante sudamericano. Bien debe saber que son los uniformados y el pueblo las víctimas de los conflictos bélicos.

Habría que añadir que militares de su país y Venezuela dialogaron y se pusieron de acuerdo para evitar incidentes mayores en la frontera común, mientras trascendió que en las fuerzas armadas de Brasil no comparten los aprestos guerreristas que podrían convertir la región en un escenario bélico.

No hay que olvidar que los mandatarios de América Latina están comprometidos con el acuerdo y declaración alcanzados en La Habana en diciembre de 2014, durante la Cumbre de Estados Latinoamericanos  y Caribeños (Celac) que proclamó a ese territorio como zona de paz.

Al respecto  el portal de noticias UOL tituló: “Militares brasileños reprueban el tono bélico de (Juan) Guaidó”, quien abiertamente puja por ser instalado en Miraflores mediante una invasión extranjera en su país.

De acuerdo con el sitio, dos altos oficiales brasileños, que prefirieron el anonimato y se desempeñan como ministros del Gobierno de Jair Bolsonaro, rechazaron una escalada de violencia en la frontera con Venezuela que estimule una intervención armada como la deseada por el autoproclamado presidente Juan Guaidó.

Por su lado el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reiteró su llamado al diálogo y la negociación para buscar una salida a la crisis política en Venezuela. “Nos estamos ciñendo a lo que establece la Constitución: no intervención y autodeterminación de los pueblos”, remarcó en conferencia de prensa.

Y aunque Costa Rica se ajusta a las decisiones del Grupo de Lima,  en San José se emitió un comunicado del más alto nivel que  “reconfirma su determinante rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique el ejercicio de la violencia contra el pueblo venezolano, o el uso de la fuerza o la intervención militar en Venezuela, tal y como ha venido sosteniendo en los diferentes foros multilaterales”.

En sintonía con los llamados de Cuba, su canciller, Bruno Rodríguez, reconoció la oposición categórica de España y la Unión Europea a una eventual acción militar de Estados Unidos contra Venezuela y llamó a la comunidad internacional a alzar su voz por la paz.

“Aún hay tiempo de detener a EE.UU.”, escribió en su cuenta de Twitter, cuando la Casa Blanca tuitea que los días del presidente Nicolás Maduro “están contados”, en  un llamado a ensangrentar a Venezuela, con los acordes complacientes del autotitulado Grupo de Lima.

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